Por primera vez en los últimos 10 años, África no disfrutará de los goles de Samuel Eto'o, el poder de Didier Drogba ni de la clase de Michael Essien. La Copa Africana de Naciones busca al nuevo crack, el futbolista que continúe el legado de las figuras del pasado y confirme que África es la tierra de las joyas en su estado más natural, casi salvaje.

Guinea Ecuatorial recibe a las promesas del continente africano, futbolistas poseedores de talento, potencia y un agregado irresistible para la industria del futbol: bajo costo de inversión.

El ejemplo más reciente es Wilfried Bony, el futbolista africano por el que más ha pagado un club de futbol. Apenas hace un par de días, Manchester City anunció la contratación del marfileño por 32.3 millones de euros, cuando hace ocho años su llegada al futbol europeo apenas le costó 250,000 euros al Sparta Praga.

El delantero con cuatro transferencias generó 50 millones de euros; de República Checa pasó a Holanda (Vitesse) y luego a Inglaterra (Swansea), para finalmente llegar a Manchester. En cinco años, la plusvalía de Bony pasó de 2.5 millones a 17 millones de euros, casi siete veces más el valor de su carta.

Como Wilfried, también destacan Sadio Mané (Senegal), Serge Aurier y Lacina Traoré (Costa de Marfil) y Christian Atsu (Ghana). Todos, salvo Bony, con menos de 24 años y proyección a los grandes clubes del viejo continente.

En todos los casos anteriores, el camino resulta largo y difícil; además, representan la mínima probabilidad de llegar al futbol de máxima competencia, ya que, según cifras del abogado en derecho deportivo Ronny Van der Meij, existen 20,000 africanos en ciudades europeas a los que les prometieron jugar profesionalmente, pero tras lesiones, competencia o rendimiento, fueron abandonados por agentes y representantes.

En el 2008, Wilfried no era percibido como la nueva joya del futbol africano. Con 19 años, había fracasado en la prueba que le realizó Liverpool y Sparta Praga no quiso arriesgar, por lo que primero pagó 50,000 euros por un préstamo al Issia Wazi. Su edad era el primer obstáculo, ya que algunos africanos llegan a Europa con 15 años para probarse con algún club.

El método para consolidar a un futbolista africano está marcado por la experiencia. En los casos antes citados, para llegar a clubes de importancia, deben primero pasar por ligas y equipos emergentes o por las academias juveniles.

La ruta de Lacina Traoré no es muy diferente de la de su compatriota Bony. El delantero llegó en el 2008 con el club rumano Cluj por 50,000 euros, desde entonces experimentó diversos estilos de juego al irse a Rusia (Krasnodar y Anzhi), Inglaterra (Everton) y Francia (Mónaco). Su última transferencia alcanzó 10 millones de euros.

En la CAN 2015 serán 97 los jugadores que participan en ligas del viejo continente, la cuarta parte de los futbolistas inscritos en el certamen. El método es el mismo: exportar el talento que asegure el reemplazo de figuras.