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A 24 horas, ¿dónde está la gente?

A pesar del clima que está castigando a Guadalajara, la organización sigue apuntando hacia la inauguración de los Juegos. Al mismo tiempo voluntarios, taxistas y nativos de Jalisco ponen su granito de arena para dar la mejor cara de la sede panamericana.

Guadalajara. Los reflectores apuntan al cielo. Sus luces, que iluminan como marquesinas de cine la bóveda celeste que cobija Guadalajara, intentan calentar un poco el ambiente, que aún se siente frío.

La vista a la llegada de la capital tapatía es impresionante. Largos corredores que atraviesan la ciudad, puentes de estructuras metálicas enormes que simulan el Golden Gate pero sin río. Los autos veloces zurcan las avenidas que llevan al centro, a la catedral de Guadalajara, a Zapopan, a los estadios de futbol.

La ciudad entera está coloreada con pintura panamericana. Calles, avenidas, puentes, todo aquello que pueda mirarse entre más grande será mejor. Inmensas instalaciones que figuran viajar al primer mundo. Mucho de intrigas, problemas, de todo un poco fue lo que dejó al pueblo jalisciense la organización de esta justa de la cual hoy se dicen orgullosos.

El frío no amaina. Quizá porque el huracán Jova ha traído consigo la constante lluvia que, según dicen, no ha parado en dos días. Y frío, porque los tapatíos aún no entienden dónde está la gente. ¿Dónde aquellos miles de turistas que prometió aglomerar la justa?

Desde la salida del aeropuerto internacional una decena de voluntarios se encargan de recibir a cada uno de los visitantes que parecen llegar a cuentagotas. Muestran una sonrisa acartonada, de esas que dejan las mejillas adoloridas por el esfuerzo. Bienvenidos a Guadalajara.

Un paso más adelante, los medios de comunicación que se han adelantado a los que apenas llegan a tierras tapatías, aprestan los micrófonos y lanzan flashazos a cuanto desconocido cruce la salida. Guardias de horas enteras para traer la nota fresca, al día.

Afuera los taxistas esperan impacientes. Si cae algún pasaje, emocionados, se aferran a las maletas para subirlas a sus coches, todos de idénticos modelos.

¿Dónde está el millón de turistas? Esperábamos que llegaran de a montones, pero no. Ustedes son el primer viaje que doy hoy , dice el resignado chofer de un taxi, con un solemne respeto que les enseñan en un curso por el cual pagan 1,200 pesos cada dos años y sin el que la Secretaría de Comunicaciones y Transportes no les renueva su licencia para conducir.

Cuenta que Guadalajara aún no tiene turismo internacional. Sólo han llegado atletas, medios de comunicación. Algunos traen sus propias camionetas, otros tantos llegan al aeropuerto y se van en camiones o vans que alquilan. El trabajo para nosotros no es mucho. De hecho no ha sido nada , comenta.

Afuera, en las calles mojadas, la gente aún sigue su rutina. Se apretujan en el transporte público, el cual cuenta con 81 rutas que recorren cada rincón de la ciudad que minuto a minuto se transforma, se engrandece.

Los más emocionados son los atletas, que reconocen que el Comité Organizador los ha hecho sentir como en casa. Llueve, sigue lloviendo y mientras más tarde más frío, pero no importa, porque todo apunta a que Guadalajara, aún cuando se mantiene a la espera de visitantes, será una ciudad cálida, acogedora, donde por todas partes se siente un ambiente especial… un calor que dicen, sólo es por los Juegos Panamericanos.

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