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Reforma de jornada laboral: Consenso y negociación de la buena
La reforma de jornada laboral es producto de consenso y una negociación intensa, cada parte cedió algo y las inquietudes son una señal de que el acuerdo fue exitoso.

La reforma de jornada laboral es producto de consenso y una negociación intensa, cada parte cedió algo y las inquietudes son una señal de que el acuerdo fue exitoso.
Como parte del proceso legislativo del cual hemos dado cuenta en esta columna mensual, este miércoles 25 de febrero la Cámara de Diputados aprobó en lo general la reforma al artículo 123 constitucional, que reduce la jornada de trabajo a 40 horas semanales. Con 469 votos a favor, la iniciativa plantea la implementación gradual hasta 2030.
Tal y como se ha analizado durante las últimas semanas, la propuesta de establecer 2 días de descanso semanal no prosperó, con independencia de los intentos de diversos partidos para impulsar dicha agenda. De manera similar, las propuestas para obtener beneficios fiscales para las empresas a propósito de esta reforma tampoco llegaron a buen puerto. En estos últimos puntos, considero que vienen al caso varias reflexiones.
Es cierto que, al inicio de estas discusiones hace aproximadamente 2 años y medio, la reforma que aquí se comenta pretendía ser, más que una reducción de jornada, una ampliación de los días de descanso. Es un hecho indiscutible que, uno de los aspectos que persigue esta reforma es garantizar el descanso y esparcimiento de las personas trabajadoras, terminando gradualmente con la cultura de vivir para trabajar. En dicho sentido, puedo coincidir con las voces que encuentran esta reforma insuficiente, hasta cierta medida.
Ahora bien, lo cierto es que si existe una reforma que fue consensada y negociada durante los últimos años con un alto grado de intensidad, ha sido precisamente esta. Siempre he pensado que, cuando en una negociación ambas partes sienten que tuvieron que ceder significativamente, entonces la negociación fue buena y tuvo altura de miras. En gran medida, me parece que este es el caso.
Por muchos meses se pensó que esta reforma sería inviable y, personalmente, llegué a pensar que antes sucederían muchos otros cambios laborales. Lo cierto es que hoy la reforma en cuestión se encuentra en sus últimos puntos del proceso legislativo y la reducción de jornada será una realidad en México. ¿Hubiera sido mejor tener 2 días de descanso y un modelo mejor pensado? Posiblemente sí. Pero, de la misma forma, me consta de primera mano los enormes esfuerzos de todos los sectores para alcanzar consensos en un tema en donde parecía no haber tantos denominadores comunes.
En una economía como la mexicana, con la multiplicidad de industrias y de sectores económicos que enfrentan enormes retos todos los días, me parece que la reforma es muy aceptable en términos generales. Reitero que entiendo y comparto en gran medida la inquietud por los dos días de descanso, pero no puedo coincidir con quienes ahora claman que la reducción debería ser inmediata a 40 horas; como si todos los sectores tuvieran las mismas cadenas productivas. Ojo con la falta de rigor técnico en este último tema.
Una reforma de tan alto calado implicaba llegar a consensos y que todos los sectores cedieran en gran medida. Me parece que fue el caso. ¿Podemos decir que la reforma es perfecta? Desde luego que no. ¿Es aceptable y tiene implicaciones positivas para personas trabajadoras y empleadoras? Pienso que sí. Noto inquietudes del sector empresarial e inquietudes del sector obrero. Me disculparán, pero esa es una señal de que existió negociación de la buena.
La reducción de la jornada laboral implica replantear la cultura del trabajo en México. Para que la transición sea exitosa, será necesario un diálogo constante entre autoridades, empleadores y personas trabajadoras. Habrá que asegurarse que la regulación secundaria sea clara y ofrezca lineamientos técnicos que otorguen certidumbre jurídica. Las empresas deberán invertir en planeación estratégica y análisis de productividad. Las personas trabajadoras, por su parte, deberán adaptarse a esquemas más estructurados y orientados a resultados.
En suma, la reducción de la jornada laboral no es únicamente una reforma normativa; es un rediseño del equilibrio entre tiempo, productividad y bienestar. Su éxito dependerá menos del texto constitucional y más de la calidad de su implementación práctica.

