Lectura4:00 min
¿Qué tienen que ver los frailes con el capuchino? La sorprendente historia detrás de este café

La bebida tomó el nombre de una orden franciscana y heredó el color de sus hábitos. Una leyenda sitúa a un fraile en Viena como su inventor, aunque la historia del capuchino moderno se escribió siglos después.
El capuchino parece una bebida sencilla: café, leche caliente y espuma. Pero su nombre guarda una historia que cruza conventos, guerras y cafeterías europeas. Los frailes capuchinos no necesariamente inventaron la mezcla que hoy se sirve en una taza; su huella está, sobre todo, en el nombre y el color que le dieron fama.
Una capucha que terminó en la taza
La orden capuchina surgió en Italia durante el siglo XVI, como una reforma franciscana que buscaba una vida de mayor austeridad y apego a la pobreza. Sus integrantes adoptaron una capucha característica en sus hábitos; de esa prenda viene el nombre popular de los frailes capuchinos. La palabra italiana cappuccino se relaciona con cappuccio, “capucha”.
Te puede interesar
La asociación con el café llegó por el tono marrón de sus vestimentas. Al añadir leche al café oscuro, el color se aclaraba y recordaba el hábito de los religiosos. De ahí que cappuccino terminara nombrando una bebida: una referencia visual que convirtió la ropa de los frailes en parte del vocabulario cafetero.
Viena y el fraile de la leyenda
La historia más repetida lleva a Viena en 1683, durante el sitio de la ciudad por el ejército otomano. En ese relato aparece Marco d’Aviano, un fraile capuchino que fue enviado a Viena y tuvo un papel religioso y diplomático durante el conflicto. La leyenda cuenta que probó el café que circulaba en la ciudad, lo encontró demasiado fuerte y lo suavizó con leche. El tono resultante habría recordado su hábito.

Los frailes, culpables del nombre
La escena tiene todos los elementos de una buena historia gastronómica: una ciudad sitiada, un religioso y una taza transformada con un poco de leche. Pero no hay pruebas sólidas de que Marco d’Aviano inventara el capuchino. La propia historia del café vienés está rodeada de relatos difíciles de comprobar, y las versiones sobre quién abrió el primer café de la ciudad también difieren.
Lo que sí se encuentra en la historia de las cafeterías es el Kapuziner, una preparación vienesa cuyo nombre también remite a los capuchinos. Era café oscuro con crema —y, según la versión, azúcar o especias—, de un color parecido al hábito de los frailes. No era todavía el capuchino italiano de espresso y leche espumada que hoy conocemos.
El capuchino moderno llegó después
La bebida actual necesitó más que una semejanza de color: requería espresso y leche texturizada con vapor. Esa combinación se volvió posible con la evolución de las máquinas de café espresso y sus vaporizadores. Por eso, aunque el nombre y algunos antecedentes se relacionan con Viena, el capuchino moderno tomó forma en Italia durante el siglo XX.

Los frailes, culpables del nombre
La diferencia importa porque suele contarse la historia como si el fraile hubiera preparado, de una vez, la receta contemporánea. En realidad, una cosa es el Kapuziner vienés, hecho con café y crema; otra, el capuchino italiano, preparado con espresso y leche espumada. El vínculo entre ambos está en el nombre, el color y la tradición de las cafeterías.
Los frailes, culpables del nombre
Así que los capuchinos sí pueden ser considerados culpables, aunque no necesariamente de inventar el capuchino. La orden aportó una imagen reconocible: la capucha, el hábito marrón y el nombre que pasó de la vestimenta a la bebida. Marco d’Aviano, por su parte, quedó unido a la taza gracias a una leyenda que hace más entretenida su historia, pero que debe leerse como relato popular, no como un hecho confirmado.
Hoy, cada capuchino conserva algo de esa antigua asociación. La espuma corona el espresso y la leche transforma su color; en la taza aparece, de forma más tenue, la imagen de aquellos hábitos. El resultado es una bebida cuyo nombre nació de una prenda religiosa y cuya receta moderna fue posible gracias a la tecnología del café. Los frailes no tienen que haberla preparado para haber dejado su marca en ella.



