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Finanzas Personales

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Cómo tomar mejores decisiones con tu dinero

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Joan Lanzagorta | Patrimonio

Joan Lanzagorta

Todos los días tomamos decisiones de dinero. Algunas las tomamos de manera casi automática, sin pensarlas. Por ejemplo: el café que compramos en la oficina o ponerle gasolina al coche. Pero también, en ocasiones, nos enfrentamos con decisiones que pueden tener consecuencias importantes en nuestra vida: cómo invertir lo que ahorramos, qué seguro contratar, si pedimos un crédito, qué hacemos con el aguinaldo. En estos casos, un error puede costarnos el esfuerzo de muchos meses, o de muchos años.

Mis decisiones financieras siempre se han regido por un principio muy simple: si no estoy seguro de lo que quiero hacer, no lo hago. Trabajo mucho para ganar mi dinero y no estoy dispuesto a arriesgarlo en algo que no entiendo o de lo que tengo dudas.

Ese principio es el punto de partida de cinco reglas que a mí me han funcionado y que pueden funcionarte a ti también: 1. Entiende perfectamente en qué metes tu dinero

Mi prueba es sencilla: si no puedo explicarle a mi esposa o a mis hijos cómo funciona una inversión, de dónde sale el rendimiento y cuánto puedo perder, no pongo ahí ni un peso. Aunque me digan que es la mejor opción del mercado. Lo mismo vale para los seguros con ahorro y para las inversiones que te ofrecen en la sucursal del banco. Si no sabes cuánto pagas de comisiones y qué pasa si te sales antes de tiempo, todavía no estás listo para decidir.

La industria financiera crea, en ocasiones, productos innovadores y complejos, que juegan en tu contra. Por ejemplo, hay un estudio sobre los productos estructurados que los bancos vendían a pequeños inversionistas en Europa. Los más complicados eran los que anunciaban tasas más atractivas, los que más ganancias les dejaban a los bancos y los que daban peores rendimientos a los clientes. La complejidad sirve para esconder el riesgo y el costo real. 2. Si tienes dudas, espera

Muchas malas decisiones se toman con prisa: la promoción que vence hoy, el asesor que insiste en que firmes ya, la inversión de la que todos hablan. Pero las buenas oportunidades rara vez desaparecen en un día.

Cuando no estoy seguro, dejo el dinero en un instrumento de muy bajo riesgo y fácil de recuperar: una cuenta bancaria de alto rendimiento o un fondo de deuda de corto plazo con liquidez diaria. El rendimiento es pequeño, pero hoy le gana a la inflación, y el dinero está disponible en el momento en que lo necesito.

Esperar me cuesta muy poco. Equivocarme por apurarme me puede costar mucho. 3. Infórmate en varias fuentes y fíjate quién te aconseja

Antes de una decisión importante, leo, pregunto y comparo: libros, blogs serios de finanzas personales, personas que realmente saben del tema. Busco argumentos a favor y en contra, porque soy consciente del sesgo de confirmación.

Evito videos random que me salen en internet, porque hay que saber en quién confiar y en quién no: no todo el que aconseja sabe, o es independiente. Hay muchísimo contenido promocional o pagado y muchísimos asesores con conflicto de interés.

En un estudio hecho en Estados Unidos, unos investigadores se hicieron pasar por clientes y visitaron a varios asesores. Muchos de ellos reforzaban los errores del supuesto cliente cuando les convenía y lo empujaban hacia fondos de gestión activa, con comisiones mucho más altas que las de un fondo indexado, porque así ganaban más. Por eso siempre vale la pena preguntar cómo gana dinero quien te está recomendando algo. 4. Pregúntate si te acerca o te aleja de tus metas

El dinero es limitado, así que toda decisión tiene un costo de oportunidad: lo que dejas de hacer con ese dinero. ¿Vale la pena comprar la pantalla a 18 meses sin intereses si durante ese tiempo dejas de ahorrar para la educación de tus hijos? ¿Vale la pena posponer el ahorro para tu retiro por hacer ese viaje?

Cada quien valora las cosas de forma distinta, así que la respuesta cambia de una persona a otra. Lo importante es hacerse la pregunta, porque al comprar solemos olvidar todo lo demás que podríamos pagar con esa misma cantidad. Varios estudios encuentran que basta con recordar esas alternativas para que muchas personas tomen decisiones diferentes. 5. Hazte responsable de tus decisiones

Puedes pedir todos los consejos que quieras, pero al final la decisión es tuya. Culpar al funcionario del banco que te recomendó una mala inversión, o a la mala suerte, no te regresa el dinero que perdiste.

Asumir la responsabilidad de tus decisiones financieras implica reconocer tus errores y aprender de ellos. Eso es lo que realmente te hace crecer.

Son reglas sencillas, que te ayudarán a tomar mejores decisiones con tu dinero.

Ese principio es el punto de partida de cinco reglas que a mí me han funcionado y que pueden funcionarte a ti también: 1. Entiende perfectamente en qué metes tu dinero

Mi prueba es sencilla: si no puedo explicarle a mi esposa o a mis hijos cómo funciona una inversión, de dónde sale el rendimiento y cuánto puedo perder, no pongo ahí ni un peso. Aunque me digan que es la mejor opción del mercado. Lo mismo vale para los seguros con ahorro y para las inversiones que te ofrecen en la sucursal del banco. Si no sabes cuánto pagas de comisiones y qué pasa si te sales antes de tiempo, todavía no estás listo para decidir.

La industria financiera crea, en ocasiones, productos innovadores y complejos, que juegan en tu contra. Por ejemplo, hay un estudio sobre los productos estructurados que los bancos vendían a pequeños inversionistas en Europa. Los más complicados eran los que anunciaban tasas más atractivas, los que más ganancias les dejaban a los bancos y los que daban peores rendimientos a los clientes. La complejidad sirve para esconder el riesgo y el costo real. 2. Si tienes dudas, espera

Muchas malas decisiones se toman con prisa: la promoción que vence hoy, el asesor que insiste en que firmes ya, la inversión de la que todos hablan. Pero las buenas oportunidades rara vez desaparecen en un día.

Cuando no estoy seguro, dejo el dinero en un instrumento de muy bajo riesgo y fácil de recuperar: una cuenta bancaria de alto rendimiento o un fondo de deuda de corto plazo con liquidez diaria. El rendimiento es pequeño, pero hoy le gana a la inflación, y el dinero está disponible en el momento en que lo necesito.

Esperar me cuesta muy poco. Equivocarme por apurarme me puede costar mucho. 3. Infórmate en varias fuentes y fíjate quién te aconseja

Antes de una decisión importante, leo, pregunto y comparo: libros, blogs serios de finanzas personales, personas que realmente saben del tema. Busco argumentos a favor y en contra, porque soy consciente del sesgo de confirmación.

Evito videos random que me salen en internet, porque hay que saber en quién confiar y en quién no: no todo el que aconseja sabe, o es independiente. Hay muchísimo contenido promocional o pagado y muchísimos asesores con conflicto de interés.

En un estudio hecho en Estados Unidos, unos investigadores se hicieron pasar por clientes y visitaron a varios asesores. Muchos de ellos reforzaban los errores del supuesto cliente cuando les convenía y lo empujaban hacia fondos de gestión activa, con comisiones mucho más altas que las de un fondo indexado, porque así ganaban más. Por eso siempre vale la pena preguntar cómo gana dinero quien te está recomendando algo. 4. Pregúntate si te acerca o te aleja de tus metas

El dinero es limitado, así que toda decisión tiene un costo de oportunidad: lo que dejas de hacer con ese dinero. ¿Vale la pena comprar la pantalla a 18 meses sin intereses si durante ese tiempo dejas de ahorrar para la educación de tus hijos? ¿Vale la pena posponer el ahorro para tu retiro por hacer ese viaje?

Cada quien valora las cosas de forma distinta, así que la respuesta cambia de una persona a otra. Lo importante es hacerse la pregunta, porque al comprar solemos olvidar todo lo demás que podríamos pagar con esa misma cantidad. Varios estudios encuentran que basta con recordar esas alternativas para que muchas personas tomen decisiones diferentes. 5. Hazte responsable de tus decisiones

Puedes pedir todos los consejos que quieras, pero al final la decisión es tuya. Culpar al funcionario del banco que te recomendó una mala inversión, o a la mala suerte, no te regresa el dinero que perdiste.

Asumir la responsabilidad de tus decisiones financieras implica reconocer tus errores y aprender de ellos. Eso es lo que realmente te hace crecer.

Son reglas sencillas, que te ayudarán a tomar mejores decisiones con tu dinero.

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Joan Lanzagorta

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia. Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com

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