Lectura4:00 min
¿Cómo son los alimentos en prisión? Así se alimenta Nicolás Maduro en el MDC de Brooklyn

Así funciona la alimentación en una prisión federal: menús nacionales, porciones controladas y comida diseñada para cumplir normas.
La captura de Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, el 3 de enero de 2026, y su posterior reclusión en el Metropolitan Detention Center (MDC) de Brooklyn, en Nueva York, abrió una ventana poco explorada fuera del ámbito penitenciario: qué y cómo se come dentro de una prisión federal de Estados Unidos. Más allá del peso político del caso, la atención se desplaza a un terreno cotidiano, austero y reglamentado: la alimentación.
En el sistema penitenciario federal, la comida no es una concesión ni un beneficio. Está definida como un servicio operativo esencial, regulado por el Food Service Manual del Buró Federal de Prisiones, el documento que estandariza la planeación de menús, porciones, horarios, dietas especiales y costos en todas las cárceles federales del país. Bajo ese marco normativo, no hay excepciones: todos los internos comen lo mismo, sin importar su perfil público o relevancia política.
Te puede interesar
Tres comidas al día, bajo un menú nacional unificado
En centros como el MDC Brooklyn se sirven 3 comidas diarias entre semana y un esquema de desayuno, brunch y cena los fines de semana. Los horarios son rígidos y el menú está previamente definido a nivel nacional, lo que impide que cada prisión adapte platillos según preferencias locales.
El desayuno es el más simple: cereal, avena, pan dulce o fruta. El café aparece de forma limitada. Para la comida y la cena, la estructura se repite con precisión casi industrial: una proteína económica, un acompañamiento alto en carbohidratos —arroz, pasta o puré de papa—, un vegetal cocido y, en ocasiones, un postre sencillo. La prioridad es cubrir requerimientos nutricionales básicos, no ofrecer variedad ni experiencia gastronómica.

Comida en prisión
Porciones controladas y nutrición funcional
Las porciones están estrictamente medidas. Las comidas deben ser nutricionalmente adecuadas y cumplir con análisis realizados por nutriólogos certificados, pero siempre dentro de un marco de control presupuestal. El rango calórico diario suele ubicarse entre 2,000 y 2,500 calorías.
No existen segundas raciones ni ajustes personalizados. En la práctica, muchos internos complementan su dieta a través de la comisaría interna, donde pueden comprar alimentos procesados si tienen recursos. La dieta prioriza carbohidratos y proteínas de bajo costo; la presencia de vegetales frescos y grasas de calidad es limitada, una consecuencia directa del diseño del sistema.
Dietas especiales: lo que permite la norma
El sistema contempla dietas especiales: opciones vegetarianas, menús religiosos certificados (kosher y halal) y dietas médicas. Sin embargo, estas dietas deben resolverse, en la medida de lo posible, mediante auto-selección dentro del menú general, no con preparaciones especiales.
En la operación diaria, esto se traduce en sustituciones simples: proteínas vegetales procesadas, alimentos empaquetados o productos enlatados. El cumplimiento es normativo; la calidad y variedad, secundaria.

Comedor en prisión
Alimentar a un preso: el costo como eje
La alimentación carcelaria está atravesada por una lógica central: el costo. Cada prisión debe planear compras, producción y porciones con base en sistemas internos que calculan el gasto por interno por comida, buscando mantenerlo en el nivel más bajo posible.
En términos generales, alimentar a una persona privada de la libertad en el sistema federal cuesta apenas unos cuantos dólares al día. Este dato explica la estandarización del menú, el uso intensivo de insumos baratos y la ausencia de ingredientes frescos o de mayor valor gastronómico.
La comida no es castigo, pero tampoco es alivio
La normativa es clara en un punto clave: la alimentación no puede utilizarse como medida disciplinaria. Incluso en confinamiento, traslados o emergencias, los internos deben recibir comidas equivalentes, ya sea en bandejas o raciones empaquetadas.
Desde una mirada gastronómica , la alimentación penitenciaria representa una comida del llamado buen comer: una cocina sin identidad, sin sazón y sin elección, donde el alimento deja de ser placer y se convierte en combustible.
En ese contexto, la mesa del MDC Brooklyn no distingue nombres ni cargos. Tras su captura, Nicolás Maduro se integra a un sistema donde la comida está pensada para subsistir, no para disfrutarse, y donde cada bocado responde más a una hoja de cálculo que a una tradición culinaria.



