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Bistronomie

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La estrategia de Cuna de Tierra, producir menos uva para hacer mejores vinos

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El 5 de septiembre, Cuna de Tierra celebrará su vendimia en Dolores Hidalgo. Con 42 hectáreas y una producción cercana a 200 toneladas de uva al año, la vinícola ha elegido reducir rendimientos para privilegiar calidad sobre volumen.

Miriam Lira

Habrá recorridos por el viñedo, degustaciones, experiencias gastronómicas, música (Moenia) y la tradicional pisa de uvas. Pero detrás de la fiesta hay una decisión agrícola que ayuda a entender buena parte del proyecto: producir menos uva por hectárea que el promedio nacional.

La vinícola trabaja hoy alrededor de 42 hectáreas y obtiene cerca de 200 toneladas de uva por año, un rendimiento próximo a cinco toneladas por hectárea. Ramón Vélez, socio y director comercial de Cuna de Tierra, coloca el promedio nacional alrededor de 10 toneladas.

“Estamos primando mucho más la calidad que la cantidad”, explica. La frase resume una estrategia construida durante más de tres décadas en Dolores Hidalgo, Guanajuato.

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Ramón VelezCortesía

De dos hectáreas a 42

Cuna de Tierra plantó sus primeras vides en 1994Cabernet Franc, Tempranillo y Merlot estuvieron entre aquellas primeras variedades con las que buscaban desarrollar vinos distintos a los dulces, generosos y fortificados que históricamente se habían elaborado en la región.

El proyecto comenzó con apenas dos hectáreasHoy Cuna de Tierra cuenta con 42, mientras que Guanajuato suma alrededor de 600 hectáreas de vid vinífera, 88 viñedos y 25 bodegas con producción de vino y atención al público, de acuerdo con las cifras compartidas por Vélez.

El crecimiento resulta significativo para una región que hace tres décadas apenas comenzaba a construir su identidad vitivinícola contemporánea. Para Vélez, Cuna de Tierra fue parte de ese punto de partida.

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Vendimia Cuna de TierraCortesía

Pero la empresa tampoco quiere convertir el crecimiento en una carrera por superficie. “No queremos el viñedo más grande del país”, dice. La prioridad, insiste, es consolidar la calidad de sus vinos. 

¿Por qué producir menos uva?

En viticultura, un rendimiento menor puede formar parte de una estrategia para concentrar la calidad de la fruta. En el caso de Cuna de Tierra, la decisión está ligada tanto al rendimiento de las plantas como a las condiciones particulares del territorio.

Los viñedos de Guanajuato se encuentran entre aproximadamente 2,000 y 2, 400 metros sobre el nivel del mar. La altitud permite combinar muchas horas de radiación solar durante el día con descensos importantes de temperatura durante la noche.

Vélez explica que durante la maduración pueden registrarse jornadas de alrededor de 27 o 28 grados y noches cercanas a los 10 o 12. Ese diferencial térmico ayuda a conservar la acidez natural de las uvas, una característica que después se traduce en vinos con mayor frescura.

La altura también implica una mayor exposición a radiación ultravioleta. Según Vélez, algunas variedades responden desarrollando pieles más gruesas, donde se concentran compuestos relacionados con color y aromas. Por eso la relación entre rendimiento, altitud y variedad se vuelve fundamental.

Malbec, Syrah y nuevas variedades

Después de décadas trabajando el viñedo, Cuna de Tierra ha encontrado buenos resultados con Malbec, Syrah, Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc y Nebbiolo.

También ha experimentado con variedades menos habituales en México, como Marselan, además de blancas como Verdejo, Viognier y Albariño.

Pero Vélez insiste en que la adaptación al territorio no es el único criterio. “Lo primero es estar muy de la mano con el consumidor, ver qué le gusta, qué está buscando”, señala.

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Uvas en Cuna de TierraCortesía

Y ese consumidor también está cambiando.

De acuerdo con su lectura del mercado, blancos y rosados ganan espacio y existe una búsqueda de vinos más frescos, fluidos y con buena acidez, donde la madera esté presente sin dominar. Esa tendencia encaja particularmente bien con el perfil que la vinícola busca construir desde la altura.

El vino mexicano frente a la escala

La apuesta por calidad también responde a una realidad estructural. México cuenta con alrededor de 10,000 hectáreas dedicadas a uva para vino, una superficie pequeña frente a los grandes productores europeos. España, por ejemplo, se acerca al millón de hectáreas.

Para Vélez, ésa es una de las grandes desventajas competitivas del vino mexicano. Los productores europeos operan dentro de una economía agrícola mucho más grande, con apoyos a producción y promoción que México no posee en la misma escala. Una vez que esos vinos llegan al país, aclara, enfrentan el mismo tratamiento fiscal que los nacionales; la gran diferencia está antes, en la estructura productiva que los respalda.

Frente a eso, Cuna de Tierra no intenta competir por volumen. La apuesta está en diferenciación, origen y calidad.

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Viñedo y torre de Cuna de TierraCortesía

La vendimia como cierre de un año

Para Ramón Vélez, la vendimia tiene un significado que antecede a la fiesta.

Cada cosecha concentra un año de decisiones y de condiciones imposibles de controlar por completo: lluvia, horas de sol, temperaturas y comportamiento de cada variedad.

“Es una celebración porque las estrellas se alinearon y al final de cuentas, a pesar de todas esas vicisitudes, llegas a un momento exitoso en el que todo ese esfuerzo se transforma en vino”, explica.

La cosecha de 2026, anticipa, llegará con buena calidad. Las lluvias invernales favorecieron a los viñedos, aunque algunas puntas de calor durante la primavera adelantaron determinadas variedades blancas. En cantidad, espera una producción “razonablemente buena”.

La celebración del 5 de septiembre también forma parte de un fenómeno mayor. Guanajuato realiza actualmente alrededor de 18 fiestas de vendimia, mientras que en 2025 la actividad vitivinícola y enoturística del estado recibió cerca de 250,000 visitantes y generó una derrama estimada en 700 millones de pesos.

Para Cuna de Tierra, sin embargo, el futuro no está necesariamente en sumar muchas más hectáreas. Vélez habla de consolidar los vinos, acercarse directamente al consumidor y fortalecer mercados como el Bajío y Estados Unidos.

Después de tres décadas, la estrategia parece mantenerse fiel al mismo principio con el que hoy trabajan el viñedo: no producir todo lo que la tierra podría dar, sino decidir cuánto vale la pena pedirle para conseguir el vino que quieren hacer.

Miriam Lira

Periodista gastronómica. Ha colaborado en medios como Reforma, Uno Tv, Revista Fortuna, Contralínea, El Universal, Food and Travel y El Heraldo de México, en donde fundó en 2017 Gastrolab, ganador de Mejor Medio de Comunicación gastronómica en 2023 por Vatel Club México. Ganadora de la beca Women Deliver 2019.

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