Ha pasado gran parte del día, pero el sol y Antonio Hernández siguen persistentes en esa calle. Tal parece, presagia el hombre de 60 años, que hoy tampoco ganará su comisión por llevar turistas a los embarcaderos de Xochimilco. En vano lo espera Víctor Hugo Solís sentado en su trajinera vacía.

La muerte de un joven, hace unos días en uno de los canales, se suma al cierre parcial del Tren Ligero y a los guías piratas. “El trabajo ha bajado como 80% y las ganancias, pues más. Lo del muchacho también nos va a afectar”, dice Andrés Laurrabaquio Palma, dirigente de la Unión de Conductores de Turistas del Centro de Xochimilco a los Embarcaderos.

Los guías, o conductores, reciben capacitación de la alcaldía. Los remeros no, según Víctor Hugo Solís, quien se dedica a ese oficio desde hace seis años. A pesar de que él y sus compañeros son quienes tienen mayor contacto con los turistas y que tienen que lidiar con quienes han bebido de más.

En esta cadena comercial hay tres eslabones. Los guías o conductores, quienes “cazan” a los turistas y los llevan al embarcadero, los propietarios de las trajineras y los remeros. La mayoría de ellos son hombres, originarios de Xochimilco y miembros de familias que por años se han dedicado a esas actividades.

El papá de Víctor Hugo Solís, por ejemplo, es guía. “Mi hermano y yo somos remeros. Aquí esto es como tradición o como condena, depende cómo lo veas”, cuenta. Por su risa, probablemente lo ve como ambas.

Mentir en el currículum

De manera periódica, la alcaldía capacita a los conductores de turistas. “El problema es que (la capacitación) no es obligatoria”, opina Andrés Laurrabaquio. Son cursos de historia de Xochimilco, atención a turistas y primeros auxilios. “Incluso, clases de inglés”.

El pasado 1 de septiembre, José Manuel Romero, un joven de 20 años, murió ahogado en uno de los canales. Luego de ello, el alcalde anunció nuevas medidas de seguridad. Además de la restricción de la venta de alcohol, pedirán a los turistas usar chalecos salvavidas.

“A nosotros no nos dan esos cursos de los conductores”, afirma Víctor Solís. Él empezó a trabajar como remero cuando tenía 19 años. Para contratarlo, el dueño de la trajinera le preguntó si sabía nadar, fue el único requisito, dice. “Y sí sé, pero no muy bien”.

El joven ha tenido que aprender a tratar “con la gente que se pone impertinente. Hasta eso no me ha tocado mucho. Hay que decirles que no brinquen, que no se paren en la orilla, sobre todo cuando están tomando. Pero no hacen caso, entonces hay que estar pendientes”.

Un paseo sencillo de una hora cuesta 500 pesos, de esa cantidad él se lleva 150. El guía otros 100 y el resto es para el dueño de la embarcación, asegura. “Nada de seguro, qué doctor, qué vacaciones. Trabajo todos los días para sobrevivir”.

Navegar contra piratas

Xochimilco es Patrimonio Cultural de la Humanidad. Fue declarado así en 1987 por la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. Tiene nueve embarcaderos. Nativitas, Cuemanco, Zacapa y Las Flores Nativitas son los más grandes. Los otros son: Caltongo, Fernando Celada, Salitre, Belem, San Cristóbal, Nuevo Nativitas y Belem de las Flores.

Los paseos turísticos por sus canales comenzaron en la década de los años 30 del siglo pasado, de acuerdo con información del gobierno de la capital. Antonio Hernández empezó a trabajar ahí cuando tenía 10 años. Acompañaba a su papá, quien era remero en el embarcadero de Belem.

“En esto llevo 50 años, casi toda mi vida”, comenta. En ese tiempo ha sufrido otras épocas de estiaje de turistas”. La última, comenta, empezó en agosto, un mes después de que el gobierno capitalino suspendió el servicio en 10 estaciones del Tren Ligero. Por obras de mantenimiento, continuarán cerradas hasta el próximo año.

Todo el mes pasado, cuenta Antonio Hernández, “no cayó nada. Pongamos que ganaba 400 por día. A finales de julio, si bien me iba, me llevaba 100, 80 pesos. Pero ahora ni eso, llevo más de cuatro semanas sin ganar nada”.

Encima, reclama, “los guías piratas se están llevando todo”. Se refiere a quienes operaban desde hace apenas unos años sin permiso de la alcaldía. Pero el año pasado ya fueron inscritos por las autoridades.

Los dejaron trabajar en las zonas de La Noria, Vaqueritos y Muyuguarda, según cuenta. La competencia es lo que más les está afectando, lamenta. “Pero, digamos, ya sabemos navegar contra piratas o contra lo que sea”, se anima.