Hace ya casi 30 años "Zoot Suit", la película, y Luis Valdez, su director, causaron sensación en el mundo entero. Narraba el juicio injusto de unos jóvenes pachucos acusados de homicidio en Los Ángeles de la década de los 40 durante los famosos Zoot suit riots, en los que las pandillas chicanas tuvieron múltiples roces con la policía angelina.

Con el éxito de la cinta, se vivía un renacimiento chicano según algunos reseñistas estadounidenses. Zoot Suit y Valdez venían, además, de haber conquistado Broadway. La primera obra chicana en ganarse un lugar en el blanco teatro estadounidense.

Después Valdez hizo "La Bamba", película que a los críticos amargados ya no les gustó y de nuevo volvió a ser un director marginal con una obra de culto a cuestas. Adiós renacimiento chicano.

Este viernes se estrena en México a nivel mundial la versión en español de "Zoot Suit" con el mismo Valdez dirigiendo a la Compañía Nacional de Teatro. Con ella se reabre el recién remodelado Teatro Juan Ruiz de Alarcón del CCU.

Como en los tiempos de "Zoot Suit", tanto de la obra como de los hechos que narra, las relaciones culturales entre Estados Unidos y México pasan por momentos caldeados.

Aunque la puesta no aporta gran cosa en materia de debate político (y, para ser sinceros, se siente como un musical de bajo presupuesto y pasado de moda más que como la gran gala teatral que pretende ser) sí sirve para que en México recordemos que los chicanos, cholos, batos, mexico-estadounidenses o como se quieran llamar a sí mismos (pues son identidades militantes) es una comunidad compleja con su propio lenguaje, su propia música y sus propios conflictos.

Estamos tan alejados de ellos que nuestro pachuco más cercano sigue siendo Tin-Tan, y nuestra referencia más clara de cómo marchan las cosas para los paisanos allende el Río Bravo es la cifra mensual de remesas que recibimos. Por eso hay que verla. Siquiera que sirva como invitación a acercarnos a esa comunidad.

Los actores de la Compañía Nacional le dan carnalidad (de ‘carnalito’ más que de carne) a sus personajes. Quien se lleva la escena es Enrique Arreola como El Pachuco simbólico que en la cinta interpretara Edward James Olmos. Everardo Arzate, quien viene de un gran trabajo como Santa Anna en Horas de gracia, cumple a secas como Hank Reyna, el pandillero chicano que es acusado falsamente de homicidio.

Lo mejor son las canciones originales de Lalo Guerrero, conocido como "El padre" de la música chicana y el papá de la Ardillitas, y la excelente traducción del texto, que guarda el sabroso léxico pachuco.

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