Llegarás y lo primero que verás será la efigie de Mao Zedong y te preguntarás por qué Andy Warhol no lo maquilló más como una drag queen de las de The Factory.

A un lado verás a Elvis Presley reproducido tres veces vestido de vaquero y recordarás la portada de tu edición de Mystery Train de Greil Marcus. Pensarás en tomar fotos porque esto amerita una selfie, pero pronto un empleado del museo vendrá a decirte que no, que no se permite tomar fotos. Algo paradójico, ¿no? A Andy Warhol, el hombre de la fama de 15 minutos, al creador de las divas instantáneas, le habría encantado ver las redes sociales tapizadas de su obra, de gente queriendo ser viral con la cara de Jackie Kennedy de fondo.

Te dirás: Bueno, el celo de los herederos de Warhol ha llegado a extremos corrientes . Después pensarás que es cosa del Museo Jumex. ?Pensarás mal de ambos, pero recorrerás, recorrerás, recorrerás, porque la expo parece no tener fin.

Nada más Warhol?que el futuro

Te sentirás niuyorka. Te sentirás en el Whitney, en el MoMa. La fortuna te recordará que no siempre está echada y que bien podrías viajar a aquellas tierras, pero dar la vuelta a la esquina para ver la escultura con cajas de catsup Heinz (¿no deberías decir ketchup ?) y sabrás que ?Andy creció en una casa de clase media para la que ese tipo de productos era un lujo.

Lo sabrás porque se parece a tu familia, se parece a la familia de casi todos los que conoces. Verás a una chava con playera de The ?Velvet Underground y sentirás rabia de que no se te hay ocurrido algo tan obvio como llevar tu t-shirt de plátano a Estrella oscura.

De nuevo te harás una pregunta: ¿Estrella oscura? El título tiene su explicar curatorial pero no spoilers ?here. Warhol, que inventó el pop art, que casi inventó la cultura pop como algo en lo que valía la pena reflexionar, es y será siempre una estrella brillante.

Recordarás aquella escena famosa en la que un entrevistador le pregunta a Warhol por el significado de su arte y él, mirando a la cámara como un esquizofrénico, como si la traspasará dice: nada, no significa nada. Eso, le dirás a tus lectores, es el futuro visto desde medio siglo atrás.

El pasado en tecnicolor

Te formarás para intentar ver toda la exposición. Muertos y heridos para entrar, pero te dirás que es porque es domingo. Y porque todos los medios que cubrieron el recorrido de prensa al que no te invitaron la semana pasada han dado reseñas por todo lo alto. Fair enough. Tuvieron razón porque Estrella oscura es la exposición más seductora que has visto este año.

Dirás: bien, Jumex, bien. Dirás: quiero esas imágenes en mi cuaderno, en mi iPad, en mis playeras. Quiero que se reproduzcan otro billón de veces como quería Warhol porque el arte en la era de la reproducción técnica es el arte de la repetición obsesiva. Verás el pasado en tecnicolor, el siglo XX convertido en un capítulo de Los Picapiedra y pensarás, reflexivo, que esa obsesión con los colores brillantes de Warhol se debería a su cabello albino y su amor por los travestis.

Te preguntarás, porque el gran arte te hace más preguntas que respuestas, qué pensará la gente que hace filas por media Slimlandia en el Nuevo Polanco, qué encontrará en Warhol. La peregrinación warholiana será frívola o no será.

Sí, le dirás a quien te lea: ha llegado la era de las exposiciones blockbuster a la Ciudad de México. Anish Kapoor, Stanley Kubrick, Andy Warhol.

¿La gente las comentará en Starbucks de la Plaza Carso, a espaldas del Museo Jumex? Uy, a Warhol le encantaría: un frapuccino venti, silvuplé.

Recordarás: nada más satisfactorio que meterte el dedo en la oreja y sacar una gran bola de cerilla. Warhol lo dijo en su diario y sabes, todos saben, que es cierto. La segunda cosa más satisfactoria, descubrir algo nuevo, y eso les sucederá recorriendo Estrella?oscura. Andy Warhol siempre será el futuro.

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