Dadas las condiciones de la sociedad en la que vivimos, de códigos y estigmas, la decisión más inteligente es adaptarse y aprovechar esas herramientas para proyectar lo que queremos y alcanzar metas. Esa es la perspectiva de Pamela Jean Zetina, una consultora en comunicación estratégica e imagen pública que ha publicado el libro La magia de la persuasión (Aguilar, 2019).

El volumen de Jean Zetina quiere ser un manual para que las personas o empresas tomen decisiones asertivas que les permitan lograr sus objetivos y mejorar las relaciones sociales con otras personas. Jean Zetina insiste en la necesidad de adaptarse como una manera de alcanzar objetivos, lo que en términos de género podría representar una visión distinta del empoderamiento femenino que ha empapado el discurso público en años recientes.

En entrevista con El Economista, Jean Zetina, maestra en Desarrollo Humano Multidimensional por la mexicana Universidad Ítaca, dijo que el modelo que propone en su texto se compone de cinco pasos: cautivar, comprender, conectar, comunicar y convencer, que se van logrando mediante cambios individuales que, desde la perspectiva de la autora, repercuten y trascienden en la forma en la que los otros nos ven y en cómo nos relacionamos con ellos.

Estas modificaciones propuestas por Jean Zetina se focalizan en mejorar aspectos como la imagen vocal, el lenguaje corporal, la reputación, la imagen física y el uso de herramientas psicológicas que acerquen a las personas a dirigir su atención a donde se quiere que la pongan.

—¿Modificar comportamientos, hábitos y formas para que la gente nos vea distinto no sería equivalente a renunciar a lo que somos o los que nos hace sentir cómodos?

—No se trata de actuar algo que no somos. Todo radica en transformarnos, de estar en crecimiento y encontrar la mejor versión de nosotros mismos. Lo que el libro plantea no es convertirnos en alguien distinto, sino que nos demos cuenta de quienes somos, qué queremos y hacía donde vamos y aprender a utilizar las herramientas que tenemos para conseguirlo. No estamos casados con nuestro estilo de ropa, ni con el lenguaje corporal, ni con la forma de hablar y todas esas herramientas se deben de modificar de acuerdo con la ocasión y lo que se busca. Se trata de una negociación con uno mismo, de saber cuánto se está dispuesto a ceder en cuanto a nuestra imagen para lograr que la gente nos vea como queremos.

[El enfoque de la imagen pública es contrario con algunos modelos planteados por instituciones de orden nacional e internacional como el Coneval y la OCDE, que sugieren que la apariencia física de las personas no debe limitar sus derechos sociales. La propuesta de estas instituciones es eliminar las prácticas discriminatorias y la cultura de prejuicios porque reproducen y perpetúan las desigualdades en la sociedad].

—¿Crees que hacer modificaciones en el comportamiento individual para proyectar cierta imagen reproduce y/u obedece a estereotipos y estigmas sociales?

—Efectivamente vivimos en un mundo de códigos y prejuicios y hay que cumplir con ellos. En el mundo de la imagen pública no hay planteamientos buenos o malos, sólo funcionales, y aunque los estigmas pueden ser o no dañinos para la sociedad, cada uno con sus propias habilidades puede aprovecharse de ellos para proyectar una imagen y lograr relaciones exitosas. El hecho de que podamos entender estos códigos sociales y qué comunicamos con ellos, nos permitirá tomar decisiones más inteligentes y que si no quieres hacer caso a lo que propone el libro sea por voluntad y no por ignorancia.

[La idea de que las mujeres deben ser, actuar, vestirse o comportarse de cierta manera para recibir respeto o reconocimiento intelectual está en el catálogo de formas de violencia de género. De acuerdo con el Inmujeres, sexualizar y desvalorizar a las mujeres no sólo violenta sus derechos, sino que puede tener repercusiones importantes en su salud emocional y física y en su economía].

—¿Consideras que es posible utilizar las herramientas que propones para un empoderamiento femenino?

—Las herramientas y el uso de ellas nos permitirán leer cómo nos ve la gente y así nos podemos ir abriendo camino en un mundo que, como sabemos, está dominado por los hombres. Considero que un error que han cometido las mujeres del movimiento feminista es tratar de transformarse en hombres y abandonan su esencia. Es a través de comprender los códigos sociales y su funcionamiento como podremos hacer las modificaciones correctas en nuestros actos y nuestra apariencia para proyectar lo que deseamos, para ser líderes y ser vistas como tal.

Yo no me considero feminista y, de hecho, creo que hombres y mujeres no somos iguales pero ambos sexos somos necesarios en la sociedad, y considero que al gestionar nuestras herramientas de comunicación con cada persona podemos ser más líderes, porque no se puede llegar a todo el mundo con el mismo mensaje, debemos adaptarnos a las particularidades de cada persona con la que nos relacionamos.

[La construcción de sociedades igualitarias es una de las prioridades en la agenda internacional. La meta 5 de la Agenda 2030 de las Naciones Unidas se enfoca en combatir todas las expresiones de violencia de género y como parte del proyecto busca generar políticas públicas que fomenten el empoderamiento de las mujeres y la presencia femenina en puestos de liderazgo].

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