“Soy hijo de la violencia, de la sangre, de las rejas”, le dice Popeye, exsicario de Pablo Escobar, al periodista David Ferrier durante un narcotour en Colombia, como parte de la docuserie El otro turismo (Dark Tourism) de Netflix.

El programa gira en torno al llamado dark tourism, en donde los destinos son lugares cargados de una historia de tragedia, muerte y violencia y que desde hace unas décadas ha ido cobrando fuerza.

A lo largo de 10 capítulos, el neozelandés David Ferrier nos lleva de paseo por diversos lugares del mundo para mostrarnos ese lado oscuro y menos apacible del turismo que, si bien no resulta mortal, sí está cargado de adrenalina y estrés y está lejos del confort que suele caracterizar unas vacaciones.

La serie abre en Medellín, Colombia, donde Ferrier realiza un narcotour por las calles y lugares en las que transitaba Pablo Escobar; uno de estos tours es guiado por el sicario más cercano del capo colombiano, Popeye, quien en su tiempo mató a más de 200 personas, entre ellas a su novia, por intentar entregar a Escobar a las autoridades. Popeye es un personaje famoso que vive de sus tours y de la recreación de su actividad como sicario durante dichos tours y videos en la red.

Ferrier se sorprende cuando descubre a la gente bajo del morbo y la fascinación por el legado de Escobar. Se sorprende también de la frialdad con la que Popeye platica sobre sus asesinatos, aunque incluso puede ver un poco de remordimiento.

En ese mismo episodio, Ferrier viaja a la Ciudad de México para visitar a una sacerdotisa de la Santa Muerte en el barrio de Tepito (doña Queta) y una congregación que realiza exorcismos.

Para el segundo episodio, el periodista va a Japón a visitar la provincia donde ocurrió la tragedia nuclear de Fukushima, donde parece que la radiactividad invade el ambiente. Ferrier también visita un hermoso bosque japonés, famoso por su belleza y por ser el espacio predilecto de quienes desean suicidarse y a una ciudad fantasma cercana a Nagasaki.

Los siguientes episodios ocurren en Estados Unidos, Asia Central, Europa, Sureste de Asia, África y, finalmente, de regreso a Estados Unidos. Tours de vampiros en Nueva Orleans, pláticas con fanáticos de asesinos seriales, recreaciones de la Segunda Guerra Mundial, ceremonias vudú y una sumergida a un lago creado a partir de una explosión nuclear forman parte de sus destinos.

A pesar del mismo Ferrier, quien oscila entre la ingenuidad, la imprudencia y un ego enorme, la serie consigue mostrarnos sin prejuicios ese lado oscuro del ser humano y de su búsqueda por encontrar sentido a su existencia a través de la tragedia y la muerte; lado oscuro que existe tanto en aquellos que organizan los tours como los turistas.

Al final de cada tour, es inevitable sentir una especie de alivio y es que finalmente, después de tanta tragedia y muerte, seguimos vivos, es como si hubiéramos despertado de un horrible sueño.

@faustoponce