Daniel Yautic Quiroz tiene apenas 29 años y ya conoce 15 técnicas diversas de telar. Ha viajado por el país, por diversas comunidades indígenas. ¿Cómo hace para no ser el fuereño, el que viene a robar conocimiento? Cuando se dan cuenta que tú también tejes, eso rompe el hielo de inmediato , cuenta.

Daniel se ve más joven que sus 29 años. Y los ha aprovechado bien. Aprendió telar hace un lustro, en el 2011, a pesar de que ha estado en contacto con los rescatadores de la tradición de telar desde el 2004. Los roles de género son difíciles de romper. Yo veía que eran las mujeres las que tejían. Hay barreras comunitarias muy cerradas, difíciles de romper .

Pero finalmente en el 2011 se atrevió, tomo los bártulos del telar, y empezó su propia aportación al mundo del arte textil tradicional.

Los talleres de rescate en los que Daniel participaba son un proyecto de lo más interesante. Se trata de, nunca más literalmente, de rescatar del olvido el telar de cintura de Milpa Alta, donde la tradición de pasar el conocimiento de madre a hija se rompió en algún momento en estos cambios sociales rápidos en los que la gente tiene que irse a ganar la vida en otro lugar, de otra manera.

Un grupo de jóvenes con impulso creó estos talleres para enseñar taller de cintura. Las nuevas generaciones de tejedores provienen de esos talleres.

Daniel veía otro futuro para sí mismo. De una comunidad nahua de Milpa Alta, Daniel se inscribió en la Facultad de Arquitectura de la UNAM. Pasó que una de las materias, el taller uno, iba dirigido al trabajo con comunidades indígenas, otomís, mazahuas. Y entonces se me ocurrió la idea de dar talleres de telar de cintura en la facultad. Los profesores me decían: ‘¿Ya para qué? Eso ya no se usa’. Precisamente porque está desapareciendo me pareció importante el taller .

Al primer taller asistieron seis alumnas. Sí, todas mujeres. Los roles de género, siempre. Pero eso no desanimó a Daniel. De pronto empezó a ver más interés en la vida comunitaria y una creciente ola de jóvenes que querían aprender las tradiciones indígenas.

El levantamiento zapatistas (el de 1994) hizo que todos volteáramos a la vida indígena, principalmente a la de los indígenas del sur .

Dice Daniel, y lo dice con conocimiento, que una comunidad indígenas no puede verse como un grupo de individuos. Son comunidades que tienen su propia forma de ser, su propia lengua, su vestimenta. Aprendimos a escucharlos, a partir de ahí el rescate de su tradición textil . Fue difícil, no lo niega Daniel. La arquitectura siempre busca el progreso y nosotros estábamos yendo hacia la tradición. Estábamos rodeados de escépticos .

De ahí nació el Festival Anual de Textiles, pero de eso hablaremos más adelante.

El textil como resistencia

Mientras Daniel bebe su café, le pregunto si el arte textil es una manera de ser combativo. Se lo piensa un instante y me dice: Es una forma de resistencia. El hecho de confeccionar tu propia ropa, de tener un pie fuera de la industria textil es una forma de rebelarse .

La industria textil, me dice, es una de las más prolíficas pero también una de las más depredadoras. Usan tintes industriales que contaminan, tejidos transgénicos, todo tipo de materiales que no se reciclan.

El arte textil tradicional rescata los tintes tradicionales que no tienen nada que ver con los químicos contaminantes , dice Daniel, y lo dice con orgullo, se le nota.

Daniel es arquitecto. ¿Cuál sería la relación entre la arquitectura y el arte textil? La comparación es complicada. La arquitectura es arte macro, mientras que el textil es íntimo, en contacto con nuestra piel. Pero los dos cumplen la misma función: protegernos .

Un festival para todos

Daniel recuerda aquel primer taller que dio en Arquitectura. Recuerda que no se sentía necesariamente como un rescatador. En Santa Ana Tlacotenco, Milpa Alta, había todavía mujeres que tejían. Pero era una generación que estaba muriendo. Ya no existía la transmisión generacional . Se empezó a dar cuenta de que lo que hacía era más importante que lo que pensaba.

Para que el taller sobreviviera a Daniel se le ocurrió que había que mostrar las obras que se produjeron en éste. Y ahí nació todo.

De una pequeña exposición en el vestíbulo de la Facultad de Arquitectura de pronto nació un encuentro anual de artesanos de todo el país. Yo no tenía modo de manejarlo. Venían artesanos de Chiapas, de Oaxaca y no tenía modo de alojarlos. Pero alguien me dijo: ‘No lo canceles’ y conseguimos los espacios y mucha gente fue muy generosa hospedando a los artistas .

Ya no eran sólo estudiantes de la UNAM, era gente creativa de todo el país. Personas jóvenes, estudiantes y tejedores de toda procedencia. Los jóvenes, siempre el impulso juvenil.

Al principio, el encuentro era semestral, pero los organizadores no se daban abasto. Creció tanto que tuvieron que hacerlo anual.

Las autoridades universitarias voltearon a vernos. Éramos una rareza: un evento que no era académico ni propiamente estudiantil. El Festival Anual de Textiles fue en el Teatro Carlos Lazo, el espacio más importante de la facultad . Después se fueron uniendo otras sedes: la Escuela de Artesanía del INBA, la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH). Fue un evento de exposición pero también académico, con conferencias y talleres. Nos convertimos en el primer festival de arte textil de América , dice Daniel, y lo más interesante es que todo era autogestivo. Obtuvimos el reconocimiento académico de las sedes pero el festival no dependía de la academia .

Un logro importante del festival ha sido que ha acercado la problemática de las comunidades indígenas a la academia. Han tenido invitados tan importantes en el textil como Marta Turok, académica muy respetada del tema, y Ruth Lechuga, la encargada de la colección textil del Museo Franz Mayer.

Para la próxima edición, el festival tiene su primer país invitado: Perú. Perú no tiene esta conciencia juvenil que sí tenemos en ?México , explica. Hay una inclinación, en México, de diseñadores de todo tipo, por el textil .

Daniel me enseña su obra. Se considera un artista experimental porque trabaja con otro tipo de fibras: ahí donde la tradición manda lana, él usa algodón. Se está haciendo una sudadera en telar. Se trata de hacer piezas contemporáneas con técnicas tradicionales.

Dejé todo por el telar de cintura , dice. Vive de sus talleres. ¿Se ha olvidado de la arquitectura? No creo, pero lo cierto es que hay un boom importante del textil en México y la obra se cotiza bien entre coleccionistas .

Daniel, 29 años y es un artista y promotor cultural en plenitud.

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