El lugar es Valle de Aragón, tercera sección. Municipio de Ecatepec. Estamos a medio kilómetro de la estación del metro Río de los Remedios. El río, se supone, lleva un año entubado. Nada, el agua conoce su nivel. Del lecho sale un lodazal que se mete al barrio.

La lluvia no para. Son las 5 de la tarde del miércoles y ya es aguacero. Tan bonito que estaba el día , me dice el taxista de Uber que me trae a casa. No estoy de acuerdo: amo la lluvia, me parece un vistazo a lo impredecible.

Pero no para. Son las 8 de la noche, pasadas. Mi padre, profesor de la FES Aragón ya debería estar en casa. Los claxonazos que se oyen desde la avenida Central, también llamada avenida Carlos Hank González principal arteria de la zona son ominosos, siempre que llega su sonido hasta casa (vivimos a un par de kilómetros de esa calle) significa que mi padre estará atrapado en el tráfico un buen rato.

Salimos, aún con la lluvia, a ver cómo están las cosas. Desastre. Tráfico caótico en la Central, tráfico caótico en avenida Valle de Santiago. Apenas al salir de casa nos damos cuenta de los encharcamientos. Pero somos afortunados, nuestra casa no se inunda.

No así los vecinos de las calles más cercanas al Río de los Remedios. En Valle de Sikiang y de Santa María la gente (nos cuenta mi padre, cuyo periplo desde la universidad hasta casa, un recorrido de apenas 5 kilómetros, duró casi dos horas) está sacando agua de lluvia y aguas negras de sus casas. Dicen que temen que el drenaje se desborde por el baño y los lavabos.

El Metro está detenido y estará así desde la noche del miércoles hasta el jueves. Las vías están llenas de agua, nos informa un agente de protección civil.

Ya es jueves. Amanece lloviznando. Los vecinos salen a reunirse para tomar medidas y discutir la situación. Algunos tienen costales con arena. ¿Servirán? Protección civil nos dice que de preferencia no salgamos de casa.

Y hoy se esperan más lluvias. Tráiganme el arca de Noé que tengo cuatro perros y dos gatos y no pienso dejarlos abandonados si la casa se inunda. Para ya, pedacito de caos, de lo impredecible.

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