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Arte e Ideas

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Todo fuera como eso: Pequeñeces abominables

"Pequeños delitos abominables" de Esther Tusquets es según su autora "un catálogo irreverente de buenas maneras que trata de molestas cuestiones cotidiana".

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Era imposible no notarlo. Estaba en una mis librerías favoritas, sobre la mesa de Novedades, con un título simpático (Pequeños delitos abominables) un buen dibujo en la portada -de un niño mirando un elefante agarrado de la mano de su papá, que está leyendo un periódico del mismo color aduraznado de El Economista-. Me convenció el apellido de la autora: Esther Tusquets, porque frívola y casi lúbricamente me recordó la famosa editorial, los muchos libro s de lomo negro, a veces amarillo, que he leído, tengo en mi librero, casi colecciono y que sigo leyendo casi todos los días (y también en esas noches de frío, de duro cierzo invernal, como dice la canción).

El libro pretende ser, según su autora, un catálogo irreverente de buenas maneras que trata de molestas cuestiones cotidianas -las personas que nunca dan las gracias, los meseros que no atienden, la vanidad, la falta de sentido del ridículo, la tacañería, la incultura, el arribismo- afortunadamente tratado con muy buen humor, cero gazmoñerías y harto desenfado. Por otro lado es cierto que mucho de lo que se puede leer en este volumen es casi local y corresponde a un determinado estilo de vida, un país ajeno (España) y una localidad (Barcelona) que de tan universal es única y casi exclusiva. Sin embargo, a pesar de la edad de la autora (nacida en 1936), su vida académica (Filosofía y Letras con especialidad en Historia) y su trayectoria laboral (dirigió durante 40 años la Editorial Lumen y tiene escritos buenos cuentos y magníficas novelas) el libro puede conectar con muchos. Porque todos hemos sido víctimas –y cometido- incontables y abominables pequeños delitos.

Hay algunos notables, por divertidos o, porque siempre se parecen a algo que también detestamos. Vayan algunos ejemplos:

Las terroríficas personas del ¡yo más! Aquellas que cuando les cuentas que se acaba de morir tu mejor amigo te quitan la palabra de la boca y no cierran la suya hasta que ya te platicaron todos los duelos que han tenido que sobrellevar desde su más tierna infancia y te han hecho la lista (alfabética)de todos sus muertos. Son los mismos que cuando cuentas que has ido a un lugar exótico y lejano, te dicen que ellos estuvieron en el mismo sitio mucho antes de que lo descubriera nadie.

Nunca faltan: ellos han tenido la enfermedad más grave, el accidente más aparatoso y la anécdota más divertida. Todo ello por no hablar de la sabiduría que derrama su estupidez. Porque ellos siempre saben más que tú.

La que siempre tiene frío. Se trata de esas mujeres- porque en general pertenecen a ese género, cuyo tema prioritario de conversación y principal problema es la temperatura. Siempre comienzan a hablar de ello– con cara compungida y señales de autocompasión- enumerando las prendas de ropa (una sobre otra) que están obligadas a cargar su cuerpo.. Después hablan, ya no de tener frío sino del frío que hace en el mundo. Como compañeras de trabajo pueden llegar a ser abominables: no hay manera de que alguien abra una ventana o ponga el aire acondicionado sin meterse en problemas. No siempre gritos o insultos sino la condena de escuchar la retahíla de dolores crónicos- insalvables- que les ha provocado frío en su garganta, su brazo, su espalda, su voz, su alma o sus pulmones. El delito va más allá de la intolerancia. Es su incapacidad de convivir con otros.(De temperatura corporal templada, por ejemplo).

Los amigos que alardean de no ser incondicionales. Es decir, aquellos que nunca van a estar de tu parte–como si fueran padres que creen que con sangre (y descalificaciones) la letra entra--para que te eduques.

Son los que cuando les platicas, por ejemplo, la horripilante trastada que te jugó alguien, no lo detestan y ni siquiera pretenden ser amables con tu roto corazón. Solamente preguntan ¿y no será que tú…? … Y así, escudándose en aquello de soy tu amigo y por eso debo decirte la verdad sobre tu horrible persona acaban con lo que quedaba de tu autoestima. (Y de paso te dejan pensando si no estarás loco por esperar de tus amigos cariño incondicional y una lealtad a toda prueba).

El catálogo se extiende y resulta muy divertido. Aunque a veces nos ponga un espejo delante y veamos lo feo que es mentirle a los niños, no tener compasión del desvalido y practicar el egoísmo más vil: no el que impide dar sino el que impide recibir. Cosas de las que no podemos decir que todo fuera como eso.

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