Un guión fresco y divertido; un Paul Giamatti que debió haber sido nominado al Oscar (ganó el Globo de Oro), acompañado de otro grande, Dustin Hoffman y una historia bella que nos envuelve en un ir y venir de tiempos para contarnos la vida de un millonario fracasado.

La versión de mi vida es una gran película, de hondas reflexiones, con una estructura y realización muy lograda y con ese condimento que tienen las películas que se nos quedan en el alma.

Es la historia de Barney Panofsky (Giamatti), un individuo que repasa su propia vida ante su ocaso, luego de que se publica una biografía turbia de él.

Ante esa confrontación directa y descarnada, entre las pausas de la vida, a la hora del postre, a la hora de preparar alimentos, al caminar en el parque tomando una taza de café, Barney repasa su vida, con aciertos y errores y con una profunda nostalgia porque, sin darse cuenta, cometiendo un acto que hoy en día podríamos entender como banal, cotidiano, el adulterio, pierde aquello que era lo más importante de su vida: su esposa.

Perder a la mujer que ama es lo que verdaderamente pone a Barney a la orilla del fracaso. Pero en esta larga mirada de un viejo recordando, dejando desprenderse los recuerdos por su propio peso, se añaden otras perdidas que no son fracaso sino el camino del carácter, las heridas que uno carga hasta el final.

Así, en este devenir, Barney recuerda la perdida de su mejor amigo, 30 años atrás. También repasa la pérdida de su padre (Dustin Hoffman), quien fallece en el privado de un teibol, siendo éste uno de los momentos más irónicos y graciosos de la película, el cual, además, extrae en un instante la mejor versión de Giamatti. También las perdidas de la memoria de Barney y la pérdida más radical: su muerte.

De esta historia se pueden desprender varias versiones: primero la versión de Barney; luego, la versión del escritor canadiense Mordecai Richler, quien falleciera en 2001 dejando éste como su último libro (un libro devastador, con buena prosa y comicidad publicado por Sexto Piso como La versión de Barney); la versión de Richard J. Lewis, director de la película; y por último, la versión de Giamatti, quien le presta a Barney toda su alma para representar el mejor papel de su carrera, y decir eso es mucho porque es un histrión de primera.

Y la versión del espectador, quien dicide finalmente si la película es una digna versión de una vida ante su propia desaparición.

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