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Tenemos una deuda pendiente: Mario Bellatin
Promueve la nouvelle Disecado y sus Cien mil libros. Entre sus proyectos está el plan de montar una obra de teatro ciego en Guadalajara.

Mario Bellatín es un escritor excepcional. No sólo porque es un escritor al que se le reconoce su fuerza a la hora de experimentar en el terreno literario. También porque, a su modo, intenta romper con las barreras del mercado editorial que constriñen la creatividad; porque a veces preferiría tener un doble y librarse de los compromisos a los que hoy está obligado; porque, si bien sabe que no puede vivir sin la escritura, no es esta la que más lo entusiasma actualmente, y porque asegura que los escritores están en deuda con la sociedad.
Yo creo que tenemos una deuda no saldada, sobre todo por lo que acaba de pasarle a nuestro compañero Javier Sicilia: hace falta de nuestra parte proponer algo más definido, que tiene que ver con la escritura. Porque no por ser escritores estamos fuera de la realidad , asegura Bellatín.
Tomando la idea del doble presente a lo largo de sus dos divertidas y novedosas nouvelles que promueve actualmente bajo el título Disecado (Sexto Piso, 2011), dice:
Quisiera rentar a otro escritor para yo poder hacer una obra donde la escritura es lo que importa, y que ese otro pueda hacer frente a esta realidad en la que estamos desorientados y en la cual no sabemos qué hacer. Sería interesante desdoblarnos para tener un rol social público frente a lo que está sucediendo.
Yo creo que en los libros, de alguna manera con la violencia que ahí puede haber implícita, también se está reflejando una realidad muy concreta. Pero no a la manera en la cual supuestamente deberían reflejarse esos problemas, como nos acostumbró la literatura latinoamericana del siglo XX: tener un punto de vista sociológico y afrontar los hechos de manera directa. Creo que esas fórmulas ya están gastadas: retratar la corrupción, o hablar de los asesinatos del norte. Eso ya lo suple de una manera mucho mejor que lo literario, el periodismo, el video , añade el escritor.
Esta es la segunda vez que me pasa ver el horror cotidiano a mi alrededor; hoy en día lo veo en México, pero primero me pasó en Perú, donde viví muchos años y ahí veía cómo la gente iba muriendo en las formas más crueles. En aquel momento, hubo un grupo de escritores que asumió ese rol de una manera directa haciendo libros. Ellos reflejaban la violencia en sus propios textos. Pero eso me parecía antiético: Yo no creo que la literatura sea el medio idóneo para reflejar ese horror, de la manera como supuestamente tiene que ser reflejado , critica Bellatín.
Las milcaras de Bellatín
Mario Bellatin es un hombre sonriente, simpático pero, a veces, su mirada parece la de un tipo trastornado que se puede levantar inesperadamente de su asiento y callarte la boca. Luego se muestra amable. Y después, ansioso. La escritura es para él un método infalible para desarrollar todas sus potencialidades, aunque estas apunten en direcciones opuestas.
Escribe todo el tiempo. De no haber sido porque se le acabó la tinta a su pluma hubiera seguido escribiendo durante esta entrevista. Como él dice: mi escritura es un continuum . Pero si se trata de ser un poco más profundos, Bellatín aclara:
Siempre tiene que haber un perro a mi lado, tiene que haber escritura y algo dinero. No tenerlos son mis tres temores. Es una relación que siempre me ha acompañado , dijo.
La escritura está ahí, de ella no se puede deslindar. Pero hoy en día, hay un proyecto que lo entusiasma aún más: un teatro de ciegos: en este tipo de experimentación todos (espectadores y actores) están ciegos. No hay la más mínima iluminación y se crea un universo a partir del oído y la palabra.
Tengo el plan de montar una obra de teatro ciego en Guadalajara, ojalá y pueda hacerse este años, con un grupo de alumnos (unos ciegos, otros ciegos y sordos) con quienes hice una novela el año pasado, la cual se llama Darfil (es una palabra inventada, y que alude a una cosa que no se sabe dónde está), ellos fueron mis alumnos en un taller de dos semanas que di en la Universidad de Guadalajara. Y esta idea es la que más me entusiasma , agrega el escritor.
Rebelde promotor de si mismo
Hay otro proyecto que lo entusiasma. Desde hace unos meses comenzó la reelaboración en formato artesanal de unos libritos, en una serie que nombró Los cien mil libros de Bellatin. Se trata de libros en un pequeño formato, los cuales lleva siempre consigo y los vende el mismo. La condición es que no son gratuitos aunque el costo depende de la circunstancia: quién es el cliente, cuál es el contexto, etc.
Principalmente los vende en lugares alejados a los que acude y en donde no se encuentran ejemplares de sus libros o a personas que tienen pocos recursos. Los puede llegar a vender en $15 o mucho más caros y también los ha llegado a intercambiar. El formato es simpático, y para que perdure la autenticidad, Bellatín les ha pega la etiqueta sobre la cual ha impreso los títulos, y en el reverso los folia y pone su huella digital para que no haya duda.
Quiero llegar a 100 títulos y hacer una obra en paralelo a la obra comercial para llenar vacíos que las editoriales ya no alcanzan, como lograr que estos libros puedan ingresar por esas rendijas que ya no puede asumir el sistema editorial de hoy , dice al respecto de su estrategia personal de distribución.
aflores@eleconomista.com.mx