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Sobre la literatura ?de blanqueador
Oh periferia, ¿dónde estás?
Hace uno meses en la revista New Yorker, el escritor dominicano-estadounidense (ese guión es importante) Junot Díaz escribía del estado de los programas de escritura creativa en las universidades gringas. Hablaba de su propia experiencia como escritor de color (o de cualquier variedad fronteriza; el guión) en un universo blanquito blanquito como una servilleta.
¿Qué tan blanco? Tan blanco como para que hablar de asuntos de raza fuera subversivo, detestable incluso. Cada vez que Junot, o alguno de sus compañeros cafés o negros o amarillos (la paleta de color humana, tan limitada) sacaban a colación el asunto de que no es lo mismo ser estadunidense güero que serlo con el pelo chino o con nombre hispano eran recibidos con desdén, cuando mucho con condescendencia: Hagamos literatura, no corrección política , les decían. Y cuando a alguno de sus compañeros blancos, o digamos, pro-establishment incluía en sus textos a un latino o un negro, siempre era en el contexto de crimen, de terrorismo o de pobreza.
Los personajes no-alineados, los de color , eran un recurso literario, no personajes con una vida, una historia, vaya, ni con un nombre.
Dice Junot que fue difícil sobrevivir en ese ambiente en el que no se leía a Tony Morrison ni a Jamaica Kincaid, escritoras de otro matiz, y sí, por ejemplo a Alice Munro y otros escritores que dibujan con una paleta más blanqueada. Pero prevaleció. Terminó su maestría en escritura creativa y hoy es uno de los autores más celebrados del mundo, una voz de la migración, de, digamos, la condición de tener un guión en la nacionalidad.
Cuando acabé de leer el ensayo pensé en como todo en Estados Unidos es raza. Todo tiene esa dimensión. Si un jugador negro de la NFL le pega a su mujer, el asunto no es si es un criminal o si la violencia intrafamiliar es un asunto grave, sino si es un criminal negro que refleja el estado de las cosas en la comunidad afroamericana. Recórcholis. Lo mismo pasa con los latinos y los árabes; menos con los asiáticos (aunque también cargan con sus estereotipos pesados). La raza en Estados Unidos separa y da estructura. La raza es un brasiere.
Lo interesante de lo que dice Junot, independientemente de si darle una voz distintiva en la literatura a la diversidad racial es corrección política o no (yo no lo creo; la literatura busca capturar la experiencia humana y parte de esta es las diferencias entre todos nosotros, las diferencias que finalmente nos hacen rozarnos, tocarnos, entendernos. Los diferentes tienen que hablar en primera persona de sí mismos), lo interesante es darse cuenta de las corrientes dominantes sobre una literatura y desde dónde ejercen su jerarquía.
En el caso de las letras estadounidenses ese dominio se ejecuta desde la academia. Se lava, se pule y se enjuaga a los aspirantes de escritores en las maestrías de escritura de la grandes universidades y el resultado es una generación blanqueada, vainilla. Buenos escritores que nunca llegan a ser apasionantes porque les falta conocer ciertas orillas de la realidad... ¿O estoy repitiendo un prejuicio? Después de todo la experiencia blanqueada también es una esquina de la realidad. Son interesantes los escritores blancos que logran hablar desde esa esquina, o sea, que consiguen salirse de la idea de que su mundo es la metrópoli, el centro, y narran lo que de la blancura es excepción, rareza. Esquina.
Pienso en novelas como Freedom de Jonathan Franzen o Infinite Jest de David Foster Wallace, dos obras sobre lo inadaptado que es en realidad el mundo de raza blanca.
No sé, creo que a Junot Díaz no le gustan ni Franzen ni Foster Wallace, pero yo los comparo. Son narradores poderosos los tres, misfits a su modo, excéntricos (ex-céntricos, de que están fuera del núcleo, capaces de ver la periferia) aunque sean de los más respetados de su generación.
Y a todo esto, ¿cómo están las cosas en las letras mexicanas? Me parece a mí que tenemos a pocos excéntricos reales. ¿Mario Bellatin? Qué pereza rococó. ¿Daniel Krauze? Por Dios. ¿Antonio Ortuño? Puede ser. ¿Guadalupe Nettel? Se va poniendo interesante.
¿Desde dónde están narrando nuestros escritores contemporáneos? ¿Están defendiendo alguna visión privilegiada? ¿Cuál es el centro y cuál la periferia? El centro es el mundo según Anagrama. ¿La periferia? Oh, ¿dónde está?