Bien lo dijo el poeta: es una locura amar a menos que se ame con locura. Porque el amor se pierde en 1000 definiciones, se embrolla con la pasión, se confunde con el capricho y se parece al heroísmo. Es amigo del suspiro, hermano de la alegría, padre de la tragedia y personaje esencial de toda lectura.

Para explicar el amor nada puede decirse con justeza y de poco vale buscarle fundamento. Aparece sigiloso como un gato, un virus, un espía y al principio no pasa nada. El cuerpo es el mismo de siempre, los días se suceden, cómodos, iguales. Pero de pronto un nombre, una imagen o una esperanza de quién sabe qué se aloja en el espíritu. No se sale. No se dice, ?todavía no estorba. Aún no es demasiado tarde. Apenas cuando empieza la agridulce etapa de reconocer que nos mintieron: el amor no es la paz. Troya ardiendo, las flechas de Cupido puntiagudas, que lastiman pero paralizan de dicha. Por ello para el amor es inútil toda ideología. Perdido en 1000 definiciones, se confunde con la pasión, el capricho y el heroísmo. Es amigo de la lágrima y la alegría fugaz. Si se piensa, es sin duda una ?tontería y se convierte en 1000 ?razones cuando el corazón es loco. Se aloja en cualquier lado y quiere habitarlo todo. Son compañeros de cuarto, casero e inquilino y también aspira a ser un santo. Vivir en otro mundo. Comer de las ideas. En un puro acto de fe que nada necesita. (Mucho menos del tiempo o la verdad de los hechos).

Piénselo, el amor está en las historias que nos han contado toda nuestra vida: desde la más tierna infancia asistimos emocionados y atentos a la suerte de Blancanieves, con la esperanza de que, superando todo obstáculo, príncipe y princesa se encuentren para ya nunca verter una lágrima más. (Será por eso que preferimos que la última página de toda historia termine en: Y vivieron felices para siempre y no queremos saber si el príncipe de Cenicienta ronca o la Bella Durmiente lo perdió todo porque no sabía ni freír un huevo.)

Siglos y otras escrituras citadinas, pueblerinas, mexicanas e internacionales han pasado, pero corazón, razón, palabra y sentimiento, siguieron y siguen en lo mismo: Dante paseó por el infierno para llegar hasta Beatriz, el joven Werther convirtió los cielos nublados en el espejo de su corazón hecho pedazos, Ana Karenina se tiró a las vías del tren antes de dejar de amar lo equivocado y Amaranta Buendía puso su mano en la estufa nada más para no olvidar que, en alguna fecha, alguien le había quemado el alma para siempre.

Si queremos explicarlo y definirlo con otro género o escrito también estaremos en problemas. Lo único seguro y no sabemos parecen las escrituras religiosas donde se indica que el amor sí tiene santo y seña: su mes febrero, su día el 14 y su patrono Valentín. Pero en el santoral se cuenta que la historia fue triste: Valentín, un sacerdote que hacia el siglo III ejercía su oficio en Roma y lo que más le importaba era convencer a los incrédulos sobre la existencia de un Dios verdadero. El emperador Claudio II había decidido prohibir la celebración de matrimonios, porque en su opinión los solteros sin familia eran mejores soldados que los casados, ya que tenían menos ataduras y distracciones y Valentín desoyó sus órdenes y siguió celebrando bodas en secreto. La suerte estaba echada y ni Dios pudo sacarlo de su cautiverio y mucho menos impedir el juicio. Fue martirizado y ejecutado el 14 de febrero del año 270.

La poesía como el amor, misteriosa e inalcanzable, es una reunión de palabras que aunque se componga de ritmos, rimas, números y versos parece una cuestión divina. Algunas veces, dicen los poetas, dictada por la mano de Dios, otras una composición del puro más sentimiento. Todo ello será cierto o no lo será, pero desde que el mundo es mundo el erotismo, las palabras que describen el anhelado encuentro y el amor son los dichos más frecuentes y el objeto más profundo de toda la poesía. Desde el Cantar de los Cantares (¡Oh, si él me besara con besos de su boca!), pasando por Aristófanes, Catulo, Lesbos, Shakespeare, Chaucer, Baudalaire, Verlaine y William Blake , hasta todos los poetas del pasado reciente y del mismo día de hoy las plumas más dotadas han escrito los más variados lances, los esfuerzos de la sensación por triunfar en la guerra de fundirse en el otro; los reclamos del cuerpo, este ente tan físico y efímero, por perseverar en la existencia, la necesidad de hallar un destino que convirtiera todo tono vital en un placer y explica en verso los sinsentidos y sentidos de la vida.

Poetas mexicanos o de lengua española también han hablado del amor y el erotismo: los amorosos que callan de Sabines; Villaurrutia en sus décimas, amorosas y lúgubres; un desolado Manuel Acuña anunciado su no correspondido amor, la poesía de Alí Chumacero, habitada por la liturgia, el sexo y un hermetismo que raya con la dureza y el brillo de un secreto escribió versos como este: Porque el tacto ilumina tu desnudo / que a su trémulo encuentro se ha mudado/ en sal, paloma, vuelo, rosa y llama,/y oye cómo por tu piel florece/ y madura la sombra de la muerte . Y la sangre devota de Ramón López Velarde lo pinta atrapado en la pasión terrible de un dueto de imposibles: el amor divino y el amor carnal. Y provoca que les pida tiempo a aquel encono de hormigas en sus venas voraces en su poema Hormigas : (antes de que deserten mis hormigas, amada déjalas caminar camino de tu boca). La Cleopatra de Díaz Mirón, tendida de espaldas entre púrpura revuelta, toda desnuda ella y aspirando humo de esencias o los poemas llenos de erotismo de Tomás Segovia. Pero también la poesía del sexo y el amor en una fiesta dolorosa, amarga y divertida como en los versos sin tapujos de Salvador Novo, y las Siete ?lecciones sobre sexo de Eduardo Lizalde, donde imparte cátedra diciendo: Nada de que el sexo/ sólo con amor es sexo./ El sexo es siempre amor,/ nunca el amor es sexo./ El amor no es amor,/el sexo es el amor./ No hay sexo sin amor/ pero hay amor sin sexo, y no lo es./ Todo amor sin sexo es corruptible.

¿El amor? Pasajero de tanta travesía y viajando de polizón ha sido autor también de aforismos y frases definitivas. Amor es un niño cruel y a menudo experimenté sus rebeldías , escribe el poeta Ovidio en El arte de amar; William Burroughs, antes de matar a su mujer Jane de un disparo en la cabeza, consigna en su diario que el amor es mayormente un fraude, una mescolanza de sexo y sentimentalismo vulgar . En El principito dice: amar no es mirarse el uno al otro; sino mirar juntos en la misma dirección .

Y antes de que nos atrape el 14 de febrero con sus rosas, corbatas y ositos de peluche, concluyamos reconociendo que las consejas de la abuela dicen la verdad absoluta: para el amor no hay remedio.