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Arte e Ideas

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Shostakóvich y la historia de una nariz con patas

El cuento de Gogol, en que una nariz deambula por San Petersburgo en formato de ópera cómica, un acierto en tres actos del Met de NY.

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Imagínese que un día despierta usted, se ve al espejo y resulta que ya no tiene nariz, que en su lugar hay una planicie de piel lustrosa. Suponga que luego se asoma a la ventana y ve que su protuberancia ha tomado vida, que es autónoma aunque medio anarquista; un apéndice que anda corriendo por ahí vestido incluso con uniforme de alto funcionario, un ente que va a misa y que desdeña hablar con usted porque no acostumbra tratar con gente de menor rango…

Éste es el comienzo de la historia que imaginó Nikolái Gogol (1809-1852), el gran escritor nacido en Ucrania, en su alucinante cuento La nariz (1835) y que gracias al genio de Dmitri Shostakóvich (1906-1975) podemos disfrutar en formato de ópera cómica, en tres actos, en una puesta en escena genial que el Met de NY tuvo el acierto de escoger para sus transmisiones HD Live al Auditorio Nacional de la ciudad de México.

Un verdadero agasajo, un auténtico postre para gourmet; pieza delirante, llena de creatividad y escenas muy divertidas, que echa mano de las proyecciones, de los dibujos animados, y que recupera de los archivos viejas fotografías de la era soviética: máquinas de escribir, personajes históricos, calles, en donde una nariz es la protagonista.

ESA NARIZ PROTAGONIZÓ OTRAS HISTORIAS

La nariz (1928) es una ópera con duración de dos horas y fracción, con libreto Evgeni Zamiatin, Georgi Ionin, Arkadi Preiss y Dmitri Shostakóvich, fue estrenada en el Teatro Mariinski de la antigua Leningrado, en 1930.

En su estreno, La nariz no tuvo éxito. Era el año de 1930, cuando en la vieja Unión Soviética se dejaba ver en el horizonte político la Gran Purga. Los años 30 fue una década sangrienta de terror rojo, al final de la cual se contabilizaron 7.8 millones de detenidos y 3 millones de muertos, en gran parte fusilados.

En medio de tanta incertidumbre política, La nariz de Shostakóvich estuvo en el ojo del huracán: fue objeto de duras críticas por parte del régimen estalinista, uno de cuyos instrumentos, la Asociación Rusa de Músicos Proletarios, la acusó de formalista . Eran tiempos cuando decía el teórico del marxismo Georg Lukács cualquier lidercillo sindical se sentía dueño de la verdad absoluta y podía decidir sobre cultura y otros temas (incluso científicos) por el solo hecho de ser líder de trabajadores.

Pero más allá de esto, solamente Gogol podía haber imaginado esta historia, entre otras cosas porque el escritor ucraniano vaya que tenía problemas con su nariz, a la que llegó a achacar sus fracasos. Nikolái Gogol antes de escribir cuentos y novelas quiso hacer muchas otras cosas en las que no tuvo éxito. En este tenor, al maestro Sergio Pitol le debemos un retrato puntual de Nikolái:

Muy joven se trasladó a Petersburgo con el vago proyecto de hacer una carrera teatral. Su figura enjuta, su rostro blancuzco que una enorme nariz volvía caricaturesco, le vedó los triunfos soñados . Sueños que, recuerda Pitol, eran auténticas pesadillas para el atormentado Gogol.

FRESCURA JUVENIL

En esta regocijante ópera, la música absurda, de una frescura juvenil, es un festín para el melómano, logra unir la acción dramática, soportar muy bien los diálogos y acentuar situaciones tan absurdas.

Corresponde a una época temprana del autor y se nota en ella su vigor juvenil.

Hay un pasaje de entre muchos a cual más brillantes que llama la atención. Se trata de un gran espacio para instrumentos de percusión que se escucha dotado de un ímpetu fabuloso.

La música también incorpora diferentes estilos, temas folclóricos, canciones populares, y hasta música atonal, sin perder por esto el eje de la composición, que en ocasiones puede considerarse una masa de sonidos anárquicos. En el canto, el autor exige acrobacias vocales, enérgicos colores instrumentales, y en la actuación demanda un auténtico tour de force para los protagonistas.

En esta puesta, la dirección orquestal estuvo a cargo de Pavel Smelkov y la producción y dirección de escena fue de William Kentridge. El elenco estuvo encabezado por Paulo Szot (en el papel del personaje sin nariz, Kovalyov) cantante barítono polaco-brasileño, de una voz potente y agradable que mantiene en general su línea de canto, y que además es un excelente actor. Andrey Popov (inspector de policía), un buen tenor con carácter y con buen manejo de su instrumento, y Alexander Lewis (La Nariz), barítono inglés, muy sólido en su papel y en su canto.

Para la adaptación del cuento gogoliano, Shostakóvich y sus asistentes tuvieron que sortear el problema de cómo una nariz puede caminar autónoma por San Petersburgo, y en segundo lugar cómo puede aparecer un actor cantante en el escenario sin su nariz. Cuestiones que no son tan de poca importancia.

ricardo.pacheco@eleconomista.mx

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