“Imagina al primer contador de historias, y a su primer oyente, sentados a la luz de una hoguera en la noche primitiva”, esta es la frase que nos recibe en la cabecera del sitio web del escritor nicaragüense Sergio Ramírez, galardonado con el Premio Cervantes el pasado lunes 23 de abril, y que de alguna manera marca la visión con la que el autor se acerca a la literatura.

La frase forma parte de un artículo del escritor, llamado “Consejos solicitados” (2012), en donde habla de la literatura, sus secretos y mecanismos: “Me gusta hablar en primer término de la escritura como una necesidad apremiante. La necesidad de contar a otros lo que uno encuentra que vale la pena contarles, sabiendo que se lo están perdiendo (...) Desde mi adolescencia escribir ha sido eso, una necesidad que la imaginación transforma en palabras; actuar de médium entre los espíritus invisibles de lo aún no escrito y quienes van a leerlo.

“Uno lo que escribe en los libros son mentiras, pero deben ser mentiras bien contadas, en las que se pueda creer a ciegas. ‘Esto me pasó a mí también’, dice el lector, y uno recibe entonces su corona de triunfo porque se ha hecho acreedor a la credibilidad ajena”.

Sergio Ramírez nació el 5 de agosto de 1942, en Masatepe, Nicaragua. No sólo ha hecho carrera como escritor, sino también como periodista, político, abogado y vicepresidente de aquel país durante el primer mandato de Daniel Ortega (1985-1990). Estudió derecho en la facultad de la Universidad Nacional Autónoma de León (1959). Durante esos años fundó la revista experimental Ventana, la cual encabezó el movimiento literario Frente Ventana, junto con Fernando Gordillo, el cual centraba sus posiciones en el reclamo por una literatura de raíces nacionales, la cual estuviera comprometida con las luchas sociales y con el cambio profundo de las estructuras predominantes.

Con la creación de la revista Ventana, Ramírez publicó en ese mismo espacio el cuento El estudiante (1960). Tres años después, publicaría su primer libro, una recopilación de cuentos llamada simplemente así. Para 1970 se publicó su primera novela, Tiempo de fulgor. Su boom internacional llegó en 1988, cuando su novela Margarita ganó el Premio Alfaguara. En el 2014, recibió el Premio Internacional Carlos Fuentes a la Creación Literaria en Idioma Español.

Para entender el movimiento literario Frente Ventana, es necesario notar que la generación a la que Ramírez pertenecía fue combativa, pieza clave en la lucha por la autonomía universitaria, y posteriormente ayudó a la creación del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN, 1963), grupo que consiguió el derrocamiento del dictador Anastasio Somoza Debayle en 1979, año a partir del cual se formó un gobierno revolucionario hasta 1990.

Sergio Ramírez es parte del proceso político revolucionario, junto con otros escritores e intelectuales. Sin embargo, comenzó a tener diferencias con la visión del FSLN, y en 1995 se unió al Movimiento de Renovación Sandinista, partido del cual fue candidato a la Presidencia en 1996.

Luego del proceso electoral, se alejó del activismo político, pero se ha mantenido como crítico del régimen. Así pues, no es de sorprender que haya dedicado el Premio Cervantes a “la memoria de los nicaragüenses que en los últimos días han sido asesinados en las calles por reclamar justicia y democracia, y a los miles de jóvenes que siguen luchando, sin más armas que sus ideales, por que Nicaragua vuelva a ser República”. Esto a raíz de que, tras una nueva ley de seguridad social, entre otras cosas pretende reducir las pensiones en 5%, se han realizado diversas manifestaciones en las calles de Nicaragua, las cuales han sido reprimidas por el régimen del presidente Ortega, quien volvió a la Presidencia desde el 2007.

Para Ramírez, las novelas no tratan de política ni sobre la historia, ni sobre el paisaje (Consejos solicitados), sino sobre los “seres humanos y sus conflictos, sobre los amores infelices, sobre las pasiones desbordadas, sobre las ambiciones que no tienen cura. La codicia, el deseo”.

Así pues, como lo afirma en el discurso con el que recibió el Premio Cervantes, “un escritor fiel a un credo oficial, a un sistema, a un pensamiento único, no puede participar de esa aventura diversa, contradictoria, cambiante, que es la novela. Una novela es una conspiración permanente contra las verdades absolutas”.

“La realidad, que tanto nos abruma. Caudillos enlutados antes, caudillos como magos de feria hoy, disfrazados de libertadores, que ofrecen remedio para todos los males. Y los caudillos del narcotráfico vestidos como reyes de baraja. Y el exilio permanente de miles de centroamericanos hacia la frontera de Estados Unidos impuesto por la marginación y la miseria, y el tren de la muerte que atraviesa México con su eterno silbido de bestia herida, y la violencia como la más funesta de nuestras deidades, adorada en los altares de la Santa Muerte. Las fosas clandestinas que se siguen abriendo, los basureros convertidos en cementerios”.

En su discurso de agradecimiento, el nicaragüense rindió homenaje a Sergio Pitol, quien falleció hace apenas unos días, y a Carlos Fuentes, a quien considera su maestro.

Antes de recibir el premio que entrega el Instituto Cervantes, los galardonados deben dejar un legado, un objeto que tenga que ver con la vida del autor o de su oficio. Sergio Ramírez pensó en un legado que lo trascendiera. Se trata de dos cartas originales, una de Rubén Darío y otra de Augusto César Sandino: “Quienes firman estas cartas, ambas mecanografiadas, representan juntos la esencia de mi país, a través de la palabra y de la dignidad. Son ellos quienes nos dieron nuestro sentido de nación”.

El primer centroamericano en recibir el premio pidió que la caja donde se guardan estas cartas no sea sacada sino hasta el 5 de agosto del 2022, año en que cumplirá 80 años. Si deseas conocer más de la obra de Ramírez, entra a www.sergioramirez.com.

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