¿Tienes un proyecto de traducción editorial inédita de cualquier género o desde cualquier lengua, pero no sabes cómo concretarlo, cómo presentarlo a las editoriales y mucho menos cuánto pedir por tu trabajo?

El Círculo de Traductores, autodefinido como una red gremial horizontal de traductores en sus muy diversas formas, ha lanzado una convocatoria pensada para nuevos traductores que tienen un proyecto armado pero necesitan retroalimentación para madurarlo y todavía no están familiarizados con el acercamiento al gremio editorial en temas tan específicos y diversos como lo que la ley permite en materia de contratos con las editoriales.

En entrevista, integrantes del Círculo de Traductores explican que la finalidad es incorporar lo trabajos seleccionados (ocho en total en una primera ronda) al proyecto de Incubadora de Proyectos de Traducción Editorial, a partir de la cual, después de un taller de 12 sesiones sabatinas, del 30 de marzo al 22 de junio, los que hayan alcanzado la madurez podrán incorporarse en el Catálogo Editorial 2020 del Círculo de Traductores.

El Catálogo, explica la traductora del inglés y francés Lucrecia Orenzans, estará integrado por proyectos que tengan una ficha con las sinopsis de la obra, los datos técnicos, las semblanzas del autor y del traductor, así como un extracto suficientemente extenso de la traducción.

El Catálogo, explica el traductor del inglés, Humberto Pérez Mortera, “tiene como fin que se pueda presentar en las ferias del libro. Es importante buscar que (el Catálogo 2020) coincida el próximo año con las rondas de negocios de la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería (del próximo año), lo mismo que en la FIL de Guadalajara, para poder ir con un catálogo, tanto impreso como en PDF, y, como agentes de nosotros mismos, sentarnos a negociar directamente, sin depender de una tercera persona; vender (a la editoriales) nuestros proyectos”.

Serán en total dos rondas de taller con ocho productos en cada una. Estas y el Catálogo Editorial 2020 tienen el apoyo del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA). La fecha límite para la entrega de los trabajos será el próximo 15 de mayo.

El origen del Círculo

Creado en 2011, el Círculo de Traductores, explica Lucrecia Orenzans, “no tiene un mecanismo de afiliación y tampoco es una instancia certificadora. Solo es una especie de red para compartir cosas, y dentro de ese esfuerzo para compartir y de reunir a quienes nos dedicamos a la traducción en sus muy diversas formas, ha tenido muy diversas iniciativas”.

Detalla que durante cinco años esta red ofreció charlas mensuales sobre muy distintos temas vinculados con la traducción.

“Invitábamos a gente que pudiera hablar desde la traducción peritada, la literatura japonesa que no se ha traducido, la influencia de las lenguas indígenas en el español de México, hasta sobre la musicalidad en la traducción, el subtitulaje, la interpretación en lengua de señas; es decir, desde temas muy filosóficos hasta cuestiones técnicas prácticas, como la Ley Federal del Derecho de Autor”. Después, relata, se incorporaron los talleres de traducción que hoy en día persisten. “Finalmente se trata de un círculo de vinculación de muy amplio espectro”, comenta.

Por su parte, la traductora del francés y del inglés Nadxeli Yrízar Carrillo agrega que para esta comunidad “fue un hallazgo ver que tanta gente tenía la necesidad de vincularse, porque aunque hay otras organizaciones, estas tienen necesidades muy concretas e institucionales”. Afirma que con la conformación del Círculo muchos interesados comenzaron a proponer temas que hasta antes no tenían espacios para su desarrollo.

En resumen, explican los integrantes, es por eso que el Círculo es tan diverso, con distintos mecanismos: el blog, en su momento las charlas, los talleres, el laboratorio, que es como una especie de taller permanente, y, ahora, la Incubadora de Proyectos de Traducción Editorial, la cual, explican, integrará en una sola gran máquina las varias iniciativas que han venido impulsando de manera suelta a lo largo de los años. Con ella proyectan generar un catálogo fuerte que dé lugar a publicaciones editoriales de traducciones movidas por el Círculo de Traductores.

Los traductores y las editoriales

Otro de los factores que afianzaron al Círculo fue la fuerte necesidad de apoyo por parte del gremio para defender en temas gremiales: sus propios derechos laborales, la visibilidad de los nombres de los traductores en los productos culturales que implicaran a un traductor y las tarifas por los trabajos de traducción, por mencionar algunos ejemplos.

“No teníamos una historia gremial de los traductores en México. Ahorita ya existe la Asociación Mexicana de Traductores Literarios (AMETLI), pero es muy reciente: va a cumplir tres años en septiembre”, contextualiza Lucrecia Orenzans.

Dice que “muchos ni siquiera sabíamos cómo (los traductores) estamos contemplados en la Ley Federal del Derecho de Autor. A partir de nuestras propias dudas fue que invitamos a los abogados a dar charlas y empezamos a meter los temas de la ley en los talleres, porque una de las grandes inquietudes siempre ha sido cómo promover proyectos editoriales propuestos por los propios traductores; porque hay muchos mitos: de que es imposible, que es imposible acercarse a los editores, que siempre nos van a explotar. El chiste era darle la vuela a eso: entendernos a los traductores y a los editores como un equipo muy productivo para sacar buenos libros porque a los dos nos interesa lo mismo”.

Es por eso, explica, que los talleres y charlas impulsados por el Círculo se han destinado para buscar un acercamiento con el medio editorial con más conocimiento de causa, que el acercamiento con las editoriales no sea “con toda la pena del mundo ni pidiendo un favor”.

Humberto Pérez Mortera agrega que si bien no hubo contratos justos por servicios de traducción, no se debe a los abusos de parte de las editoriales, sino que ha sido responsabilidad de ambas partes a causa del desconocimiento .

“Por ejemplo, nosotros peleamos mucho por nuestro nombre en la portada. Hay que explicarles que si nosotros no pasáramos las obras a nuestra lengua, estas no entrarían a su mercado. No queremos estar metidos en la cuarta de forros. También las regalías. Hay una ley de porcentaje: si alcanza ciertas ventas, a mí ya me toca un uno o dos por ciento, como le toca a un autor.

“Tenemos que romper la idea de que los editores son abusivos y nosotros somos los pobres traductores. Somos profesionales a los que nos interesa lo mismo”, concluye Lucrecia y agrega una paráfrasis del Principio de Hanlon: “No atribuyas a la maldad lo que se explica por desconocimiento”.

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