Este lunes la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) realizó un homenaje al doctor Mario Molina-Pasquel y Henríquez, único mexicano condecorado con el Premio Nobel de Química, quien falleció el pasado 7 de octubre.

“Este es un homenaje para recordar al hombre y universitario que fue Mario Molina, guardarlo y preservarlo en nuestra mente, conservar su ejemplo de esfuerzo, dedicación y constancia; interés y compromiso por la naturaleza y la humanidad. Ejemplo de vivir sin protagonismos pero con firmeza y poseer la sencillez que solo da la sabiduría, ese es el Mario Molina que se queda para siempre en las páginas de la Universidad”, dijo Enrique Graue Wiechers, rector de la UNAM.

El origen de Mario Molina fue su destino, aseguró Graue en la ceremonia virtual, “esta casa lo formó y en dondequiera que estuviera siempre se ufanó de ella tanto como nosotros nos sentimos orgullosos de él”, agregó que sin duda abrió los ojos para que la humanidad pusiera tención en el daño que le estamos provocando al planeta, “su legado nos compromete a perseverar e insistir en ello con los sustentos de la evidencia científica”.

Telma Castro Romero, directora del Centro de Ciencias de la Atmosfera, considera a Molina como un maestro y amigo, resaltó la contribución del investigador al avance del conocimiento de las ciencias atmosféricas y su liderazgo para la mejora de la calidad del aire en la zona metropolitana. “En los años 70 hizo una importantísima aportación sobre la química de la atmósfera al demostrar que el adelgazamiento de la capa de ozono en la estratosfera se debía a la emisión de gases Clorofluorocarbonados (CFC), los resultados fueron publicados en la revista Nature en 1974 y en 1995 le valieron el premio Nobel de Química”.

Estos resultados fueron la base científica para el establecimiento del protocolo de Montreal en 1987, “conversando con Mario sobre esto me contó que tuvieron que convencer tanto a la comunidad científica de la época como a los políticos de distintos países sobre el alcance planetario de este problema ambiental, él puntualmente me decía: ´no fue una tarea fácil, hubo mucha resistencia, pero finalmente se logró la firma, esto fue una muestra de que es posible que diversas sociedades logren acuerdos para un fin común´, Mario estaba convencido de la grandeza de la humanidad”.

Por su parte, la bióloga Julia Carabias, profesora titular y honoris causa de la UNAM, aseguró que es un merecido homenaje a un gran científico, pero también a un humanista y defensor de la naturaleza. Como persona cercana a Molina, resaltó algunos aspectos de su vida, “fue una persona muy sencilla y generosa, siempre tenía tiempo para encontrar el diálogo con los niños, estudiantes, con otros colegas, legisladores, ambientalistas, jefes de Estado, siempre compartía su conocimiento y el premio Nobel hizo de su voz una caja de resonancia que pudo aprovechar verdaderamente  para la defensa del medio ambiente y la construcción del desarrollo sustentable”.

“Perdemos una mente lúcida, a un científico comprometido, una voz sonora, en un momento en el que la emergencia climática, exigen de la acción acelerada y la cooperación estrecha para las soluciones”, dijo la integrante de El Colegio Nacional y Medalla Belisario Domínguez.

El doctor José Sarukhán Kermez, primer doctor en ecología en México y titular de la Conabio dijo: “Es un orgullo enorme pensar que alguien como él, haya surgido de la sociedad mexicana, donde hay enormes potenciales”.

“Lo que estamos haciendo no es solamente recordar a un científico de gran calidad, también a alguien que nos dio un gran orgullo como egresado de la UNAM, que no dejó su trabajo en publicaciones importantes que tuvieron un efecto social como pocas veces, en ese sentido es más que justo rendirle homenaje, es algo que tenemos que recordar permanentemente”.

Compartió que el Premio Nobel se otorgó justo cuando el Sarukhan era rector “le llamé para congratularnos y decirle que nos sentíamos muy orgullosos, además le pregunté si podíamos proponerlo como doctor honoris causa, al año siguiente se llevó a cabo la ceremonia”.

Concluyó que la seriedad con la que Mario hizo su trabajo se ligó con científicos de primer nivel, por ello tuvo que renunciar a la nacionalidad mexicana para tener acceso a la información, después fue el primer mexicano que pudo tener la doble nacionalidad, el hecho de su trabajo tuvo un efecto de beneficio en gran parte del planeta, “esto es algo que no podemos olvidar cuando se habla de nuestras instituciones y sus estudiantes”.

nelly.toche@eleconomista.mx