Los pasillos y jardines de Palacio Nacional nunca fueron tan particulares. En las áreas comunes de este espacio público conviven por igual míninos y adictos a la nicotina.

Dos retos que la directora general de Promoción y Acervo Patrimonial de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y encargada de la Conservaduría de Palacio Nacional, Adriana Castillo Román, compartió como colofón de una entrevista exclusiva.

Ámbar, Jazz, Godín, Sol, Panza, Zeus, Veloz, Canela, Capulín, Pecas, son algunos de los nombres de los 18 gatos que habitan en el palacio presidencial. Casi nadie habría reparado en su existencia si no es porque el pasado 28 de mayo se volvieron virales en las redes cuando desde la cuenta CarmenLaDeLosGatos se lanzó una alerta en Twitter de que los felinos serían expulsados de su paraíso. “Fake news”, responde de inmediato Adriana Castillo cuando El Economista al término de la charla le pregunta: oiga y ¿qué pasó con los gatos?  “La misión de mi equipo es cuidar el patrimonio”, asegura, por lo que a su llegada al Palacio Nacional se dio a la tarea de investigar cuál era la función de esos gatos en el edificio civil más importante de México y qué cuidados habrían de tener.

"El primer síntoma que yo detecté fue el fuerte olor a pipí de gato”, dice, “nos reunimos de inmediato con la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la UNAM para que nos asistieran en este asunto”, relató.

“Llegamos a la conclusión con los expertos de que los gatos son benéficos porque nos ayudan a combatir las plagas de ratones y palomas, además de que el número de gatos que viven aquí no se consideran una fauna nociva”.

Adriana relata que en las primeras visitas que los veterinarios hicieron detectaron que algunos de los gatos presentaban cuadros de enfermedades por edad o falta de atención médica, por lo que acordaron examinarlos y darles tratamiento. Para tener una población de gatos sana había que atraparlos, porque son ferales, viven en un jardín muy amplio, por lo que los veterinarios recomendaron retirar su comida días antes, para poderlos trasladar a la veterinaria. Sin embargo, la decisión se filtró con datos imprecisos y alertaron a quienes los alimentaban, tres trabajadores en activo y algunos excolaboradores que llevaban latas y comida para consentirlos, a quienes llegó el rumor de que se prohibía alimentarlos.

Ese fue el origen del escándalo. Castillo Román reflexiona:  “Esto que parecía bueno, se convirtió en algo espantoso, la información fue tergiversada y acabamos en trending topic”, comenta.

Adriana Castillo asegura que nunca se pensó o se tomó la decisión de deshacerse de ellos, sino todo lo contrario; pasada la tempestad se decidió que la atención médica de los gatos sería in situ con un equipo completo en una clínica móvil. “Un mes después vino la clínica móvil, solo se pudieron atrapar 14 gatos, 5 fue imposibles. Pero los 18 gatos ahora, uno falleció, además de nombre tienen un ficha médica, están vacunados, desparasitados, llevan la dieta recomendada por un veterinario de planta que es el encargado de darles de comer y el alimento de los mininos sale del presupuesto federal.

Estos inquilinos, de quienes ya se conocen sus padecimientos, temperamento, color de ojos y hasta su peso, y que siempre han recibido comida y cobijo en la ahora residencia presidencial de manera espontánea, seguirán siendo los huéspedes de lujo, pero ahora su cuidado y manutención está a cargo de profesionales y los gastos corren por cuenta del Gobierno de México.

La historia de los fumadores de Palacio Nacional

La cultura de la ilegalidad y permisividad en los sexenios pasados llegó a permitir que se fumara dentro de Palacio Nacional, afirma la encargada de la Conservaduría.

“Había 70 ceniceros por los patios cuando llegamos. Se supone que está prohibido fumar en edificios públicos, se supone que hay una ley que protege a los no fumadores”, comentó.

“Hubo pláticas con los empleados, la idea es que nos declaren espacio libre de humo, aún no lo hemos logrado”, dijo Adriana Castillo.

En el mes de mayo se retiraron los ceniceros pero antes se dio orientación a los 600 trabajadores del edificio al resguardo de la Secretaría de Hacienda.

“Lo que buscamos es que se haga consciencia entre los colaboradores y visitantes del suelo que pisamos, es el edificio civil más importante de México y cómo la contaminación tiene un efecto en la cantera, también lo tiene el humo del cigarro, incluso si se apaga mal puede provocar un incendio”, previene la funcionaria.

“Pero la gente sigue fumando a escondidas, la Conadic (Comisión Nacional Contra las Adicciones) vino hace poco a inspeccionar el área y encontró colillas, entonces no nos pueden declarar espacio libre de humo mientras sigan apareciendo”, explicó.

Sobre la cantidad de trabajadores que recurren a fumar dentro del edificio catalogado como histórico, Adriana Castillo argumentó que se trata de la mínima parte del personal, alrededor de 10 por ciento.

Según la Conadic, un espacio libre de humo no puede ser un área de tránsito al que pueden acceder personas que no son fumadoras, además de que todos los conjuntos que conforman Palacio Nacional  son edificios públicos lo que es otro motivo de prohibición con sanciones económicas y hasta de arresto por 36 horas.