“El Hipotiroidismo es uno de los problemas tiroideos más frecuentes. Cuando la glándula presenta problemas en su funcionamiento, se torna lenta y comienza a producir menor cantidad de hormonas tiroideas”, explicó la doctora Maricela Vidrio Velázquez, presidenta de la Sociedad Mexicana de Nutrición y Endocrinología AC.

Este padecimiento es más común en mujeres que en hombres y, de acuerdo con la actualización del 2016 del Diagnóstico y Tratamiento de Hipotiroidismo Primario y Subclínico en el Adulto, México tiene una prevalencia de hipotiroidismo primario de 1% y de 8% para hipotiroidismo subclínico.

“En realidad su tratamiento es muy sencillo de manejar para un especialista”, aseguró la doctora Vidrio. Se utilizan terapias orales de reposición de las hormonas T3 y T4. Sin embargo, el principal problema para este padecimiento es su diagnostico oportuno y el uso de productos milagro que han mermado la atención especializada. “Cuando la gente busca hipotiroidismo en el Internet, desearíamos que el primer referente que encontraran fuera el de la sociedad y no la larga lista de productos milagro que aparecen”.

En el marco del Día Mundial de la Tiroides, que se conmemora el 25 de mayo, médicos endocrinólogos se reunieron en el Foro Internacional de Expertos en Tiroides, en Mérida, Yucatán. Aquí, la doctora Nayeli Martínez Cruz, endocrinóloga especialista en el Área de Reproducción y Embarazo del Instituto Nacional de Perinatología, explicó en entrevista con El Economista que “solo 20% de los pacientes con hipotiroidismo reciben tratamiento; el otro 80% no está diagnosticado o algunos han abandonado el tratamiento. Incluso ese 80% posiblemente esté consumiendo algún tipo de suplementos que se venden como sustitución de la hormona y que no son tratamientos indicados”.

La levotiroxina es el tratamiento estándar de oro internacional. “Ésta es la sustitución idónea, pues se trata de una hormona sintética idéntica a la que producía de manera normal la tiroides de un individuo, es accesible y barato”. Por ello, hizo hincapié en que cualquier otro producto que promete resultados espectaculares no está diciendo la verdad. Dijo que es importante destacar que la dosis es establecida por el especialista, ya que las necesidades son distintas para cada persona, de acuerdo con la severidad, etapa de vida e incluso basada en la temporada del año.

Fue tajante: “Identificar a la población de riesgo se ha vuelto complicado debido al uso de productos milagro (...) Existen en el mercado muchos productos de venta libre, incluso con grandes campañas publicitarias con tipos de producto que se venden como posibles sustitutos de la función tiroidea, o que ayudan a prevenir o corregir su función. La realidad es que de todo eso nada está científicamente sustentado en el uso de estas patologías e incluso puede afectar a la salud”.

Y más allá, alertó que las alteraciones metabólicas en tiroides o cardiovasculares son algunas de las consecuencias que una persona puede tener al consumir productos para bajar de peso sin receta médica.

Aseguró que nuestra cultura sobre los productos milagro aún es muy socorrida: “Los productos que nos ofrecen corregir todo maravillosamente y sin esfuerzo son algo que llama la atención de la gente y los busca, ‘algo que me cure, me prevenga, que sea barato, de libre acceso, que no tenga que ir con un médico para que me lo prescriba y que yo lo pueda ir a comprar’. Creo por eso que la cultura de los medicamentos milagro es muy prevalente”.

Complementó que esto se erradica con educación. “Por ello es importante el acceso a diversos foros, que no sólo sean médicos. Que todos participen y sepan de los beneficios o tratamientos adecuados, que conozcan de los riesgos a su salud si optan por suplementos y tomen consciencia”, afirmó.

Sostuvo que otro aspecto que ha contribuido al uso de estos productos es el de sistemas sanitarios de regulación. “Si mi sistema de salud sanitario permite la venta libre de estos suplementos, la población los va a consumir. En otras latitudes, como Europa, los suplementos están sumamente regulados y se someten a una evaluación estricta de beneficios y perjuicios. Aquí no, aquí si es suplemento es otro capitulo y se regula distinto”, comentó.

¿Qué hacer como paciente?

Para abonar a que un paciente comience a documentarse sobre la enfermedad, la especialista mencionó algunos síntomas que podrían favorecer al diagnóstico: “Aunque los síntomas sean vagos, si los vas sumando pueden dar información”. Si se tiene cansancio o agotamiento más allá de lo habitual; si se han experimentado cambios en el peso que no se explican por una modificación de hábitos alimenticios; si se cae más el cabello, si la piel y uñas lucen distintas sería buena idea revisar la tiroides.

Dijo que como en casi todos los casos de especialistas, el número de endocrinólogos (1,200 en todo el país) y su accesibilidad al interior de la República y en zonas alejadas de las ciudades grandes no es tan fácil, “están mal distribuidos”. Por ello, agregó que hacer consciencia en médicos de primer contacto, generales, internistas y gineco obstetras para que conozcan de este padecimiento y participen también en la atención de estos problemas es fundamental.

“Hoy es difícil que haya plazas en hospitales de segundo nivel para este tipo de especialistas. Una muy buena propuesta sería incluirlos en estos espacios, pues su labor cabe perfectamente y es justificable. Al momento sólo se encuentran en hospitales de tercer nivel”.

Concluyó que los problemas de salud relacionados con la glándula de la tiroides son más comunes de lo que se piensa. Si éste no se diagnostica y trata oportunamente, puede conducir a problemas más graves, como enfermedades cardiovasculares, osteoporosis e infertilidad. Incluso puede confundirse con un cuadro psiquiátrico. Las patologías que afectan a la tiroides acostumbran a ser enfermedades crónicas.

¿Qué hace la glándula tiroides?

La glándula tiroides tiene la función de producir hormona tiroidea (T3 y T4), liberarla al torrente sanguíneo y entregarla a todos los tejidos. Estas hormonas ayudan al organismo a utilizar energía, mantener la temperatura corporal y a que el cerebro, el corazón, los músculos, entre otros órganos, funcionen normalmente.