“En México vivimos muy de espaldas al mar, pareciera que no importa”, platica Pedro Zapata, vicepresidente de Oceana México (organización de conservación y defensa del océano). Y es que no se trata de cualquier cosa, los mares de México equivalen a 65% del total del territorio; es decir, tenemos más agua que tierra.

Para poder tener océanos abundantes, que provean a los seres humanos de alimento y que además tengan vida y biodiversidad que no se vea amenazada, “necesitamos pescar de una manera más inteligente”, asegura Zapata, pues en los últimos años se ha hecho de una manera desastrosa.

Pescadores, economía invisible

Los pescadores son uno de los principales eslabones a los que se debe poner atención.

Hoy su labor, sobre todo para los de pequeña escala, se hace en condiciones precarias y con alto grado de peligrosidad, es muy raro que tengan seguridad social, prestaciones o protección.

“Una de las consecuencias de la sobrepesca es que tienen que ir cada vez más lejos y pescar cada vez más tiempo, además de someterse cada vez a más riesgos, para más o menos pescar lo mismo que una generación antes. No hay nadie que sienta más el problema de la sobrepesca y explotación tanto como ellos”, explica Zapata.

Este oficio de cazador es de los últimos que quedan, “deberíamos tomarlos muy en cuenta, pero desafortunadamente son los primeros que sienten las consecuencias de las malas decisiones y mala administración de la pesca”.

En esta fuente económica se involucra a más de 300 mil familias que viven directamente de esto y al menos un par de millones que se benefician indirectamente, “es una economía grande, sin embargo parece invisible, en parte porque es muy informal y porque está alejado de las ciudades grandes”, lo que hace que los permisos, capacitaciones y tramitología se complique para ellos, pero la intención en su actuar no es de dolo. Muchos de ellos, tratan de hacer las cosas bien pero están victimizados por una serie de reglas injustas, complejas y corruptas en muchos casos.

“En Oceana vemos a los pescadores como aliados y no como enemigos”, expuso el especialista en gestión y estrategias a favor del mar, pero destacó que dentro del grupo de gente que pesca hay de todo, también existen los pescadores ilegales y es importante hacer esta distinción, pues en esta categoría, estos pescadores saben lo que hacen, por ejemplo, conocen de tiempos de veda, pero salen fuera de temporada y sin el mayor cuidado de la biodiversidad.

Débil marco regulatorio

La sobrecapitalización, uso de artes de pesca destructivas, incumplimiento y falta de regulaciones específicas para implementar la ley, han sido las principales causas que Oceana ha detectado como temas para eliminar la sobre pesca en México.

Como ejemplo, en mayo de este año, dos buques salieron a pescar atún aleta azul; la Comisión Interamericana del Atún Tropical avisa a México que llegó a su cuota (tope máximo de captura) para este año y que tienen que dejar de pescar. La autoridad le avisa a estos barcos que tienen que dejar de pescar, pero no lo hacen, pescan 483 toneladas de exceso y son entregadas a Pesquera Chichimecas y Servax Bleu.

“Esto demuestra ineptitud de las autoridades para perseguir los casos patentes”, asegura Zapata. A pesar de que existe un extenso marco regulatorio para las tres principales pesquerías (camarón, sardina y atún), las fallas en la aplicación, supervisión y eficacia de las normas sigue siendo una preocupación de acuerdo a Oceana.

Además, explican que los subsidios del gobierno exacerban el problema de la sobrecapitalización tanto en la flota artesanal como en la industrial. La pesca ilegal e informal también está extendida y es muestra de una falla mayor en la gestión pesquera en muchas de las regiones de México. Además, la pesca artesanal en particular recibe muy poca atención por parte del gobierno, así como una supervisión monitoreo y vigilancia casi nulas.

De acuerdo con Zapata, existe actualmente un marco de trabajo que permite la colaboración entre una red formada por centros de investigación científica, industria pesquera, agencias del gobierno y varias ONG locales e internacionales con una gran experiencia para revertir la tendencia de la sobrepesca.

Asegura que lo que hoy tenemos es un sistema en el cual las autoridades (el Instituto Nacional de Pesca y la Comisión Nacional de Acuacultura y Pesca) se contradicen en muchos de los casos. También dijo que se requiere cambiar mucho las reglas en materia de política pública con una visión progresista “donde se entienda que la conservación de los recursos no es una exigencia frívola de unos cuantos, sino una estrategia de supervivencia del país y de seguridad alimentaria”, concluyó.

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