La discapacidad no es un fenómeno personal sino social. La vida de una persona con discapacidad se vive como una carrera de obstáculos: la discriminación, los espacios inaccesibles, la falta de inclusión laboral, entre otras problemáticas, son barreras que pueden ser acumulativas para ellos e impedir que se desarrollen en los ámbitos que por voluntad propia eligen.

La discapacidad es una experiencia humana universal. Por ello, todos somos vulnerables.

En México, de todas las circunstancias que originan discapacidad solo 11% corresponde a una causa congénita o de nacimiento.

Las reflexiones anteriores forman parte de la vasta lluvia de información, contextualización artística, histórica y social que el Museo Memoria y Tolerancia ha instalado en siete de sus salas como parte de la exposición Así soy. Personas con discapacidad, que permanecerá disponible para el público hasta el próximo 5 de mayo.

La muestra inicia con dos comparativos de proporción humana que artística e históricamente han sido incuestionables por más de 500 años: “el nacimiento de Venus”, de Botticelli, y el “Hombre de Vitruvio”, de Da Vinci, dos de las más relevantes iconografías del Renacimiento que sumaron a la construcción del estereotipo de la llamada “perfección humana”.

Lo mismo sucede con el libro Le Modulor, publicado por Le Corbusier en 1948, donde se propone un sistema estándar con las dimensiones “armónicas” del ser humano y su supuesta interrelación con la proporción áurea. Todas las anteriores son nociones de la estética humana con las que el recinto pretende romper en esta muestra.

Quebrar el modelo

Adán García Fajardo, director académico del Memoria y Tolerancia, conversó en exclusiva con El Economista sobre los propósitos de la exhibición. Adelantó que la idea del montaje de Así soy. Personas con discapacidad es, primero, un ejercicio de visibilización a este sector de la población que es particularmente discriminado y que corresponde a 6.4% de los mexicanos, es decir, unos 7 millones 650,000 habitantes en todo el país con al menos una discapacidad, y en segundo lugar, precisar los distintos tipos de discapacidad y sus diferencias, para luego eliminar mitos y sensibilizar al visitante.

Para ello, hizo referencia de la figura del “Hombre de Vitruvio” de da Vinci. Argumentó que “la sociedad se ha construido alrededor de esa imagen: un hombre heterosexual, sin una sola discapacidad, como si el mundo debiera ser así. Pero (lo que se pretende) es quebrar ese modelo y decir que el concepto de discapacidad existe porque existen barreras y que, al quebrar barreras, evitamos que las diferencias sean una discapacidad”.

Refirió que el reto de romper dicha concepción resulta complejo por el alto nivel de normalización de la discriminación. “Nosotros decimos que las diferencias nos enriquecen y que cuando aceptamos estas diferencias todos ganamos, porque son maneras diferentes de abordar el mundo. La homogeneidad, la uniformidad no son parte del ser humano”, agregó.

Exhibir la discriminación

Para otra parte de la muestra, se recuperó documentación que da constancia de cómo se ha discriminado a personas con discapacidad en distintas regiones del mundo y a lo largo de la historia, desde la Antigua Grecia, hasta el régimen Nazi en la primera mitad del siglo XX.

También hay extractos de textos que han sido fundamentales en la educación contemporánea universal, como El origen de las especies, que Charles Darwin escribió en 1859: “La selección natural, como ha sido recalcado, conduce a la divergencia de carácter y a la extinción de los menos aptos y de las formas intermedias de vida”.

Más adelante se dispone un pánel que explica lo errores más comunes que comete la sociedad al referirse a las personas con discapacidad, con calificativos peyorativos como “minusválido”, cuando el término correcto debería de ser “persona con discapacidad motriz”; “invidente”, para hacer referencia de una “persona con discapacidad visual”, o “loquito”, al hacer referencia a una “persona con discapacidad psicosocial”.

También se exhiben videos con testimonios y peticiones directas de las personas con discapacidad a la sociedad y a los gobiernos, donde, entre otros temas, solicitan erradicar el asistencialismo y la condescendencia.

Al respecto, García Fajardo detalló que tres fueron los ejes primordiales del discurso expositivo: “uno es la investigación, otro es el testimonio y uno más, el arte. Cuando hacemos que estos tres se amalgamen, la transmisión del mensaje es más sencillo”.

Sobre los museos y su accesibilidad para las personas con discapacidad, razonó que sus contenidos están bloqueados para este sector de la población “porque no los diseñamos para que sean incluyentes. Por ejemplo: las audioguías. Una persona con discapacidad auditiva no va a poder acercarse a esos contenidos”. Destacó, en cambio, que para esta exposición se pensó en ofrecer información para prácticamente todos: con audioguías, con textos, en braille, lenguaje de señas, macrotipos e información de lectura sencilla para personas con discapacidad cognitiva.

“Si aceptamos que el mundo es como es y que no hay manera de cambiarlo, ya perdimos. El museo propone un horizonte de sentido, un hacia dónde caminar, decir que otro mundo es posible. Quizá los beneficios de la lucha que hoy libramos en este museo, de lo que proponemos, no se verán pronto, pero sabemos que los vamos a ver”, concluyó.

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