Para el doctor José Mendoza, el hecho de que la OMS haya retirado la transexualidad de su lista de enfermedades es un avance, pero no es suficiente: “Lo que se hizo fue despatologizar, y el pretexto de que estuviera así era que se requería de procesos terapéuticos, farmacológicos y quirúrgicos (...) y era fácil conservarlo así por procesos de salud y de seguro médico. Ahora se califica como una incongruencia de género, que es como una especie de posibilidad sexual”.

De acuerdo con la nueva Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11), la transexualidad ya no se considera un trastorno mental, sino una condición sexual, un primer paso para reducir el estigma. Es la primera vez que se actualiza la lista desde la década de los 90. La nueva clasificación también ayudará a facilitar los cuidados de la salud.

“Por supuesto que es mejor que antes, que era una enfermedad. Y debe desaparecer lo patológico. Los países deben aceptar que el género es voluntario y eso implica contextos culturales. Hay que trabajarlo durante mucho tiempo y la salida de la clasificación tardó más de 10 años, no podemos esperar menos. Ahora es una característica y no un diagnóstico.

En un diagnóstico hablamos de enfermedad y al decir una característica es describir una conducta, como por ejemplo, la evitación social”, comenta el doctor Mendoza, psiquiatra, quien asegura que el objetivo es que las personas trans sean consideradas únicamente como un género más. Otra de las modificaciones que llama la atención fue la inclusión de los videojuegos en la sección de adicciones: “A través de estudios se ha demostrado que la cuestión de la adicción a los videojuegos tiende a generar modificaciones estructurales y neurobiológicas, es decir, se comporta como una droga”, agregó el investigador.

Para el doctor José Mendoza, coordinador de Investigación del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental de la Facultad de Medicina de la UNAM, hay varias enfermedades que deberían desaparecer, entre ellas el síndrome de estrés postraumático, que ya en el DSM V fue excluido de los trastornos de ansiedad porque tiene una fisiología distinta y es de orden distinto a cualquier trastorno de ansiedad.

El documento, llamado CIE-11, será presentado a la Asamblea mundial de la salud, en mayo del 2019 en Ginebra, para ser adoptado por los estados miembros y entrar en vigor el 1 de enero del 2022.