Bajo el gran salón que miles observan durante la “mañanera”, como se conoce popularmente a la conferencia de prensa diaria que da el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, se preservan vestigios que van de los siglos XVI al XIX. En ese espacio, que ocupó la Ex Tesorería, a pocos metros de profundidad, arqueólogos han registrado bases de columnas, pisos de cantera, canales de desagüe y parte de una fuente.

Ahora que Palacio Nacional vuelve a ser oficina presidencial, luego de 50 años, este edificio en el que radica el poder y la identidad de los mexicanos, sirvió de punto de arranque del Quinto Coloquio de Arqueología Histórica. El encuentro interdisciplinario, organizado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), celebra su primera década con una temática dedicada a los edificios de gobierno y otras construcciones de los siglos XVI al XVIII.

Promovido por el Museo Nacional de Historia y la Coordinación Nacional de Arqueología del INAH, y bajo la coordinación de la arqueóloga Lourdes López Camacho, el coloquio concita a una treintena de investigadores en el Castillo de Chapultepec, quienes expondrán 26 trabajos a lo largo de esta semana.

Palacio Nacional, aparte de los eventos que han quedado plasmados en la cultura material, hecha objeto en los vestigios arqueológicos, ha sido testigo de múltiples episodios ligados al ejercicio de gobernar. Ese “ajustado” recuento, fue el que realizaron el doctor Pedro Francisco Sánchez Nava, coordinador nacional de Arqueología, y la arqueóloga Maribel Piña Calva, partícipe de algunos de los salvamentos arqueológicos realizados dentro de los muros de este monumento histórico.

Octavio Corona fue el arqueólogo que más exploró los espacios del edificio gubernamental, concretamente entre 1993 y 2012, aprovechando las distintas remodelaciones de que ha sido objeto. Con base en esta valiosa información, se elaboró un video que disecciona las capas del tiempo de Palacio Nacional, el cual puede apreciarse en su Museo de Sitio, señaló la arqueóloga Maribel Piña.

Asentado en una proporción considerable de las Casas Nuevas de Moctezuma II (cuyos restos se encuentran también bajo la calle de Moneda y los aledaños Museo Nacional de las Culturas y Antiguo Palacio del Arzobispado), en Palacio Nacional se han descubierto algunas obras excelsas de la estatuaria mexica, entre ellas, el Teocalli de la Guerra Sagrada, que fue ubicado en 1926 en el torreón sur, además de una serpiente emplumada y un crótalo de serpiente.

A lo largo de casi un siglo se han reportado importantes hallazgos. Sánchez Nava mencionó un acueducto de doble nivel que ingresaba a las Casas Reales; asimismo, en el Patio de la Emperatriz, bajo un piso prehispánico, se localizó una caja formada de lajas de piedra en cuyo interior estaban dispuestos más de 500 caracoles del género Oliva y tres cuchillos para sacrificio, asociados a esqueletos de colibríes.

En el Patio de Honor, en lo que en época novohispana se denominó Patio de la Real Audiencia, fueron registrados los cimientos de un cuarto, entierros y abundante material cerámico y lítico, destacando figurillas antropomorfas descarnadas. A mediados de los años 70, en el Jardín de la Emperatriz, se excavó un basamento de planta mixta, así como un cuauhxicalli de basalto (recipiente sacrificial en forma de águila).

A inicios de la última década del siglo XX, hacia el torreón norte de Palacio Nacional, se localizó un entierro con una ofrenda de navajillas de obsidiana, cerámica policroma, caracoles y una escultura en forma de técpatl (cuchillo de pedernal) con rostro, aparte de una sección de la fachada sur del templo dedicado al dios Tezcatlipoca.

Octavio Corona fue el arqueólogo que exploró áreas de Palacio Nacional como: Ex Capilla; primer, segundo y quinto Patios Marianos, la Antigua Tesorería, Escalera de la Emperatriz, Auditorio, torreones norte y sur, Ex Defensa, Edificios Landa, Patio de la Vecindad y la zona del Ex Archivo General de la Nación.

De estos salvamentos arqueológicos, refirió el doctor Sánchez Nava, sobresalen las habitaciones de Moctezuma, unas banquetas policromas, un baño ritual, un elaborado embarcadero, braseros, ofrendas de grandes copas pulqueras de tipo bicónico y una cabeza de Xipe Tótec (Nuestro señor el desollado). También de época prehispánica, entre 2003 y 2004, los arqueólogos Álvaro Barrera y Roberto Martínez ubicaron la ofrenda de un infante de diez años con un cuchillo de pedernal, vinculado a la fachada sur del Templo de Tezcatlipoca, entre el tercer Patio Mariano y la calle Moneda.

Huellas del antiguo Palacio virreinal

Hacia 1522, al norponiente del lugar, inició la construcción de la segunda residencia de Hernán Cortés, que sólo habitó por un escaso tiempo para ser adquirido por la Corona española para ser Palacio de los Virreyes y sede de la mayoría de las instituciones novohispanas.

El coordinador nacional de Arqueología indició que son las excavaciones dirigidas por Octavio Corona, las que aportan más datos del uso de los espacios para el periodo colonial. En la Ex Capilla se halló evidencia de los cuartos de fundición y elementos para la acuñación de la Casa de Moneda, piletas de agua, vanos de acceso tapiados y desagües. En los Patios Marianos (primero y segundo) se excavaron drenajes y registros de ladrillo con tubos de albañal; en el segundo se reportó la planta de una fuente que aparece en una litografía de 1692, publicada por Lucas Alamán.

La presencia constante de basas (parte inferior de la columna) en sitios como el Auditorio o el que correspondió al Archivo General de la Nación, confirman la existencia de patios columnados, “todo que indica persisten desde la construcción del palacio de Hernán Cortés”, abundó Pedro Francisco Sánchez Nava.

El arqueólogo recordó que ya en el México independiente, Palacio Nacional fue sede de los tres poderes de los diversos regímenes, tanto monárquicos como republicanos, destacando la presencia del Recinto Parlamentario, un espacio semicircular decorado con símbolos masónicos como garzas, rosetones de ocho picos y el ojo de GADU o Gran Arquitecto del Universo (rodeado por 33 rayos dorados), que luce en la cúpula del salón.

El recinto acabaría deteriorado en 1872 por un incendio, para ser reconstruido un siglo después gracias a una litografía de Pedro Gaudí, único testimonio gráfico del antiguo Recinto Parlamentario.

Entre los espacios de divertimiento cabe mencionar el Gran Salón, cuya construcción dio inicio en 1829 donde hubo una sala de representaciones teatrales —conocido como Salón de las Comedias—; y más atrás en el tiempo, entre 1611 y 1612 en el mando del virrey fray García Guerra, una plaza de toros que fue construida en su costado oriente, que acabaría destruida por un sismo.

Además de catástrofes naturales, los motines, asonadas, ocupaciones extranjeras (como la de los ejércitos estadounidense y francés en 1847 y 1863), y golpes de Estado (al gobierno de Madero en 1911), contribuyeron a lo largo del tiempo a las transformaciones de Palacio Nacional. Los vestigios arqueológicos dan cuenta de estos cambios, siempre ligados con el ejercicio del poder. “Los espacios que hoy vemos, alguna vez se habrán de arruinar; que algo sea susceptible a ser excavado, sólo es cuestión de tiempo”, concluyó Sánchez Nava.

(Con información del INAH)