Vivimos tiempos efervescentes , reza un bonito lugar común que usan los enterados para referirse a los momentos de algidez política. Clichés aparte, efervescencia es un buen término para referirse a las campañas electorales. Sobre todo porque son como un borbotón contante de objetos, lemas, noticias, en fin: siempre arrojan a la atención de los votantes miles de ganchos que quieren ser atrapados.

De Porfirio Díaz a Vicente Fox es una condensación de esta efervescencia, de esta fiebre política que le ha durado a México más de un siglo. No hay momento más idóneo para la muestra así titulada que ahora, pleno año electoral. Hoy, que vivimos tiempos de alternancia y de elecciones que se desean limpias y justas, podemos recorrer De Porfirio Díaz a Vicente Fox como quien se ve en el espejo todos los días. Sé exactamente de qué se trata esto , puede pensar el visitante.

La exposición, del Museo del Objeto del Objeto (el Modo, para abreviar), está formada por más de 2,000 objetos de comunicación política, desde camisetas hasta murales, pasando por broches, aretes, vales de despensa, bebidas embotelladas y hasta juguetes (y eso que los niños no votan).

Objetos que son la efervescencia política en estado puro.

Son objetos de 21 campañas electorales, que son las que se llevaron a cabo en el siglo XX.

El recorrido sirve como un curso rápido de historia contemporánea de México. El partido que domina es, por supuesto, el PRI (o sus encarnaciones anteriores, el PNR y el PRM). Pero resulta de lo más interesante observar los objetos de campaña de aquellos que se atrevieron a desafiar el sistema.

Por ejemplo, la exposición dedica un buen espacio a hablar de la campaña de Juan Andreu Almazán, militar de carrera que en 1940 se atrevió a lanzar una candidatura para enfrentar en las urnas al candidato oficialista, Manuel Ávila Camacho. Como bien explica el texto de sala, ésa fue la elección más conflictiva de la primera mitad del siglo XX, con heridos y muertos.

Así, los objetos no aparecen descontextualizados de su historia. Cuando llegamos a la segunda mitad del siglo, hay un cambio. La eficiencia de las estrategias de comunicación hace de los políticos personajes mediáticos, pintorescos.

Las campañas se llenan de lemas: Arriba y adelante (Luis Echeverría), Que México hable (Carlos Salinas), Por ti yo votaré , No hay más bandera que la patria (estas dos últimas de José López Portillo). Los candidatos aparecen sonrientes en los carteles; inolvidable el gesto, la mueca que quiere ser sonriente de la fotografía de campaña de Ernesto Zedillo.

Sin duda, De Porfirio Díaz a Vicente Fox es una exposición que atraerá a especialistas del tema. Es imperdible para comunicadores, politólogos y especialistas en marketing político. Pero la curaduría y el diseño museográfico son tan amenos e informativos que la hacen atractiva para cualquier visitante.

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