“La historia de los negros en América es la historia de América. No es una historia bonita”. Como esta, No soy tu negro (I Am Not Your Negro) se compone de una serie de aseveraciones confrontativas para el espectador que, en muchas ocasiones, se niega a mirar detenidamente los problemas que lo rodean. Quizá como un eco de la tradición del cine como simple espectáculo de entretenimiento. Sin embargo, este documental de Raoul Peck no permite distracciones. Por difícil que sea, orilla a la audiencia a preguntarse por su involucramiento en la problemática del racismo en Estados Unidos.

La película del 2016 se basa en un libro inconcluso del escritor y activista norteamericano James Baldwin. En él, recorre la historia de tres colegas suyos que fueron asesinados antes de cumplir 40 años: Malcom X, Martin Luther King y Medgar Evers. La referencia a la confrontación que produce esta película tiene que ver con el señalamiento que hace la misma sobre la sistematización del racismo. Más que ver la discriminación como un problema ajeno, invita a cuestionar el origen del odio y el rencor, y la forma en que todos perpetuamos ideas de otredad para defender nuestros propios intereses.

De acuerdo con la postura de "No soy tu negro", la violencia racial se debe a la necesidad de la sociedad de crear un enemigo que pueda encarnar el terror que siente la gente de reconocer que el sueño americano no funciona, no porque exista alguna falla en la fórmula que pueda ser corregida, sino porque este ideal está concebido bajo premisas que son insostenibles y que hoy en día enfrentan una de sus más claras y complejas decadencias.

Noam Chomsky lleva tiempo señalando la fragilidad del llamado sueño americano. Para el lingüista y filósofo, uno de los mayores problemas de este ideal es que fue diseñado solo para beneficiar a un grupo selecto y minoritario (muy minoritario) de la sociedad. Además, en el afán de sostener esta vida prometida, se han generado circunstancias de desigualdad que tienen numerosas consecuencias y que en nada se acercan al concepto de democracia. Esta desigualdad puede reconocerse en las instituciones como son las escuelas, los sindicatos, los bancos y las inmobiliarias, por nombrar algunos ejemplos, que en Estados Unidos han diseñado sus modelos con base en la segregación racial y en la protección de los intereses de quienes concentran la riqueza y el poder. 

"No soy tu negro" es un audaz testimonio de este hecho. Las palabras de James Baldwin iluminan todos los rincones de este sistema en los que las personas afroamericanas tienen que enfrentarse, no solo con condiciones de discriminación que limitan sus posibilidades políticas y económicas, sino también con la aberrante realidad que se les presenta a diario al crecer en un país que no tiene un lugar para ellos. Y podríamos afirmar que ahora las circunstancias han cambiado y que los afroamericanos han obtenido mayores derechos a los que poseían en los años setentas, cuando Baldwin escribió parte de sus ensayos. Sin embargo, en la película citan a la escritora y activista Lorraine Hansberry cuando confronta a las autoridades estadounidenses y les extiende su preocupación de vivir en una sociedad donde es normal que un policía blanco entierre su rodilla en la nuca de un hombre negro. Lo hace mientras señala una fotografía que es dolorosamente similar a la imagen que todos recordamos de George Floyd. Y entonces nuestro deseo de poder deslindarnos de estas terribles muestras de discriminación termina por anularse. No estamos tan lejos de estos errores históricos que caracterizan la historia de Occidente y que, no obstante el paso del tiempo, parecen repetirse, eliminando toda autoridad moral de quienes queremos hablar de humanismo.

Al final de la película, la voz de Samuel L. Jackson, quien narra este documental, cita a James Baldwin casi susurrando: “Tú tienes una ventaja. Nunca tuviste que verme. Yo te tuve que ver a ti. Sé más de ti que lo que tú sabes de mí. No todo lo que se enfrenta puede cambiarse, pero nada puede cambiarse hasta que se enfrenta”. Mientras tanto, en la pantalla aparecen imágenes de hombres negros ahorcados en los campos. Casi sin pensarlo, evito mirarlos, pero no, me obligo a observar. Ahora es nuestro turno de enfrentar, aunque nos incomode, el papel que jugamos en esta realidad.