Frente a casos como la Silla Dolls by Raw Edges de Louis Vuitton o los diseños de Carolina Herrera, presuntos plagios a los artesanos mexicanos, la realidad es que poco se puede hacer de manera legal.

“Nuestra legislación no prevé ni prohibición ni sanción ni remuneración; nuestro Código Penal no alcanza a configurar un delito cuando estos casos se dan fuera del país y es necesario un nuevo marco jurídico en la materia”, señalan Caros Lara G, José Manuel Hermosillo y Juan Pablo Rojas de Artículo 27 SC, sociedad civil que realiza litigio estratégico en materia de cultura y derechos culturales.

Para el especialista Carlos Lara G, en México “no tenemos un mecanismo mediante el cual se pueda cobrar esa suerte de regalías de las que todos hablan y hasta exigen para las comunidades originarias por la dificultad para precisar la titularidad de los derechos sobre los diseños en disputa; la delimitación territorial de las comunidades, etnias y regiones, o bien, por lo difícil que resultaría poder contar con un mecanismo mediante el cual podamos consensuar con cada comunidad un programa o política encaminada a desarrollar un comercio justo dentro del arte popular mexicano”.

“Se necesita un marco jurídico, pero no como lo están haciendo los senadores, sin considerar a las comunidades originarias, sin consultas y con el método de ocurrencias sucesivas. Debemos ser conscientes de que la burbuja que estamos viviendo del arte popular mexicano es eso, una burbuja, que reventará en su momento”, agregaron en Artículo 27 SC.

Por esto, los especialistas proponen que, de la mano de una reforma integral al capítulo de Culturas Populares, de la Ley Federal del Derecho de Autor, se conforme un fondo artesanal que reciba y administre los recursos por el aprovechamiento de los diseños se generen. Lo anterior con la participación del área de Culturas Populares, Fonart y el Instituto Nacional de Pueblos Indígenas.

“Es algo similar al Fondo Arqueológico creado hace poco más de 10 años, que tenía como propósito ir adquiriendo las propiedades cercanas a los sitios prehispánicos, para incorporarlas a la administración del Estado”, señalaron.

Sobre las quejas de la Secretaría de Cultura mediante cartas, Artículo 27 propone a su titular, Alejandra Frausto, llevar los casos Carolina Herrera y Louis Vuitton a la Corte Iberoamericana de Arbitraje y Mediación en Industrias Culturales, con sede en Colombia, para que designe a un par de mediadores que se dé a la tarea de arbitrar y llegar a una solución.

“El tono y ánimo que manifiesta la secretaria de cultura en la carta enviada al representante de Louis Vuitton, al reconocer que México no está cerrado al diálogo con el mundo y quiere ampliar el intercambio y colaboración con las firmas que más han contribuido a la valoración de la artesanía como objeto de alto valor artístico y comercial, es también el espíritu de esta Corte. Se trata de llegar a un punto de acuerdo entre la empresa, el gobierno y las comunidades, a partir de la mediación y el arbitraje”, opinaron.

Actualmente, la senadora Susana Harp cabildea una iniciativa que denomina “ley general de salvaguardia de los elementos de la cultura e identidad de los pueblos y comunidades indígenas, afromexicanas y equiparables”, cuya idea es que se expidan licencias a los interesados en hacer uso comercial o industrial de las manifestaciones culturales bajo el consentimiento del pueblo o la comunidad.

“La iniciativa de Harp estaba mal planteada y sé que están trabajando otro proyecto en la cámara (...) pero, insisto, no se puede hacer lo que quieren, por un tema de reconocimiento autoral, delimitación territorial etcétera (...) No son creaciones que recaigan en el derecho marcario propiamente”, dice Carlos Lara G.

Los beneficios de la controversia

Por su parte, Alejandra Mora Velasco, directora del Centro de Textiles del Mundo Maya, museo privado auspiciado por Fomento Cultural Banamex y Fomento Social Banamex, que opera en el Centro Cultural de los Altos de chiapas, en san Cristóbal de las Casas, dice a El Economista que el supuesto plagio de los diseños indígenas es un tema muy complejo porque las fronteras de la propiedad de los contenidos no tienen límites claros.

“Debemos tener mucho cuidado al usar estos diseños, sí le debemos respeto a los pueblos, pero yo no creo que estas casas de moda tengan una mala intención al hacer uso de los diseños de las comunidades. Yo creo más bien que es falta conocimiento del origen de las cosas, de dónde vienen y qué representan”.

Alejandra Mora es licenciada en Historia del Arte, museógrafa, y tiene una maestría en Práctica Creativa para Ambientes Narrativos por el Central Saint Martins de la Universidad de Artes y Diseño de Londres.

Asegura que sí hay marcas que cometen abusos al lanzar prendas muy exactas a partir de los diseños de las comunidades indígenas. “Ahí sí, yo creo que no se vale, porque no hubo de parte de ellas un proceso creativo ni colaborativo”.

“Sin embargo, más que prohibirles el uso de esos diseños, les invitaría a que trabajen en colaboración con las comunidades de artesanos mexicanos; les saldrían unas piezas inmejorables. Más que pelear yo los invitaría a colaborar para que todos salgan beneficiados”, afirma.

Por otra parte, indica que el presunto plagio de estos diseños ha traído a las comunidades cosas positivas. Puso como ejemplo a una artesana de Santa María Tlahuitoltepec, de la Sierra Mixe de Oaxaca, que dijo en un foro que el escándalo del plagio les había puesto en el mapa y ahora todo el mundo conocía la blusa que se produce en su comunidad.

Difícil, registrar sin excluir

En cuanto a la originalidad de diseños y técnicas, Mora Velasco expone: “También hay que tomar en cuenta que no hay nada que sea completamente original y puro. Por ejemplo, la técnica del bordado que se usa en los textiles de esta región no es originaria de México, llegó de España”.

“Por ejemplo, el rombo que se usa en la indumentaria de las mujeres de la cultura maya lo puedes encontrar en un pueblo de Chiapas y en uno de Guatemala, porque es un diseño que pertenece a la cultura maya y que está presente en varios pueblos y países; entonces, a nombre de quién lo vamos a registrar, si se hace un registro individual se excluye a muchos pueblos y artesanos que también comparten estos diseños y estas tradiciones.

“Debemos ponernos a estudiar más el origen de las cosas y dedicarnos a promover y difundir más el arte textil de todo el país que es maravilloso y ahí México tiene mucho que ofrecerle al mundo”, sostiene.

“Para mí lo valioso de esta controversia es que este patrimonio está vivo. Que hay mucha gente interesada en conocerlo y difundirlo, y que gracias a eso muchas artesanas y artesanos han ido adquiriendo presencia y voz, creciendo y madurando en estos temas”.