Hurra por Hollywood, por los locos con vena de celebridad, por sus desastres, por la belleza de sus caídas y la gloria de su inmortalidad.

Acaba de pasar el par de meses grandes para el cine —de Hollywood— que se coronaron con la entrega del Oscar y con justicia uno se pregunta: ¿qué más hay? Porque vemos las películas, algunas se vuelven recuerdos entrañables de nuestra vida, pero no sabemos nada. ¿De qué? De la difícil vida de los actores, directores y guionistas, o de lo que los críticos realmente piensan de una película, una vez que no tienen que hacer una reseña con la prisa del periodista.

Aquí tres libros que arrojan luz sobre el mundo del cine. No biz like showbiz.

Una crítica cavila

Tal parece que lo único que hacen los críticos mexicanos de cine es ir a funciones gratuitas a destrozar cintas, ir a entrevistas en mal inglés a Los Ángeles y recibir playeras de regalo.

Pero no todos los críticos mexicanos son así. Fernanda Solórzano, la crítica de cine la revista Letras Libres, es una de las razones por las que leer esa publicación tiene todavía sentido.

Una crítica cavila, piensa, avanza. En Misterios de la sala oscura: Ensayos sobre el cine y su tiempo (Taurus), Solórzano reúne ensayos en los que reflexiona sobre cómo el cine ha retratado e influido en los hechos de la historia contemporánea. Por ejemplo, en un ensayo fragmentado analiza la gran Nido de ratas, de Elia Kazan, para hablar de los cambios económicos y políticos de la mitad del siglo XX en Estados Unidos, y por tanto (reconozcámoslo), del mundo.

Solórzano es una escritora dotada y no le da por el esnobismo de los críticos “serios”. Su afición por todo tipo de cine le quita toda afectación a su prosa y es lo bastante generosa como para hacer un apartado donde recomienda lecturas: sobre todo cuentos y novelas adaptadas a las películas referidas en los ensayos.

Hablando de adaptaciones

No es obligación del cinéfilo leer las obras en las que se basan sus cintas favoritas. Tengo la teoría, y la sostengo, de que si la película es buena, puedo confiar en que la adaptación fue buena y puedo desentenderme del material original.

Pero, caray, queda la cosquilla. Al menos a alguien le quedará. De saber quién y cómo, de dónde y a qué hora se le ocurrió la historia que se transformó en nuestra película más querida.

De eso va Historias de cine: Relatos que inspiraron grandes películas (Siruela), editado por J.A. Molina Foix, es una colección de cuentos que, ya dicho, dieron lugar a grandes películas.

Por ejemplo, Rashomon de Kurosawa está basada en dos cuentazos de Ryunosuke Akutagawa: “En la espesura del bosque” y “Rashomon”, que son precisamente los que abren la colección.

¿Qué otros cuentos incluye? Por mencionar a algunos: “Miedo”, de Stefan Zweig, que dio lugar a La paura, de Roberto Rosellini; “Los pájaros”, de Daphne du Maurier, que resultó la pieza maestra de Alfred Hitchcock y “El hombre que mató a Liberty Valance”, de Dorothy M. Johnson, adaptada para el western del mismo título protagonizado por John Wayne y James Stewart, dirigidos ambos por John Ford: la santa trinidad vaquera.

Y una novela

Los actores viven en la malhadada cuerda floja. Así como pueden llegar al estrellato por algunos años (¡meses!), pueden ser olvidados por productores y público para siempre. Son seres frágiles, que necesitan aplausos, pero también comer como todo mundo. Por eso a veces aceptan trabajos de inferior categoría y suspiran por los viejos buenos tiempos.

Esa vida precaria la retrata Marta Sanz en su estupenda Farándula (Anagrama). Esta es la historia de Valeria Falcón, Daniel Valls, Natalia de Miguel y Ana Urrutia, actores en un Madrid que los ama y los mastica como chicles.

Cada uno está en diferente momento de su carrera. Valls es amado por el mundo entero (piense en un Javier Bardem) mientras Ana Urrutia ve pasar sus últimos años olvidada, languideciendo.

Una novela tan divertida como dolorosa, Farándula es de lectura obligada. Pocas veces se habla desde adentro del showbiz con esta mirada tan divertida como desvergonzada.

concepcion.moreno@eleconomista.mx