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Arte e Ideas

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Narcos, armisticio y cultura para qué

Mucho me queda como aprendizaje para algo que aquí ni por asomo se perfila: cómo enfrentar los altísimos costos que suma un conflicto, en nuestro caso el narcotráfico.

Llegué a Bogotá el 30 de junio del 2001. Tiempos del Presidente Andrés Pastrana y de la Ministra de Cultura Araceli Morales, quien propuso un festival cuya intención y nombre causó revuelo: La cultura le declara la paz a Colombia. Algunos destacaron inconsistencia en la conceptualización; muchos otros, entre ellos un nutrido grupo de diplomáticos, respaldamos la iniciativa de emplear un arsenal de expresiones culturales a efecto de enviar un mensaje a las FARC, al ELN, a los paramilitares, a los narcotraficantes: ¡Basta de tanta matadera! Se organizaron dos festivales. Álvaro Uribe y su ministra María Consuelo Araújo optaron por medios convencionales para imbricar una visión de la cultura como parte del proceso de pacificación del país. La primera cita fue en la ciudad patrimonial de Mompox, al lado del río Magdalena, en esos años cercada por las FARC. México estuvo representado por el desaparecido Jorge Reyes, por Marco Aurelio Carballo y René Avilés Fabila. Custodiados por el Ejército, fueron varios días de conciertos, exposiciones, diálogos multilaterales, de seminarios para el diseño de estrategias a efecto de hacer frente a problemas como el desplazamiento, el desempleo, la violencia entre los colombianos. Aún vibra en mi memoria la actuación de la compañía del coreógrafo Álvaro Restrepo en el panteón: ¡Vaya golpazo a la conciencia!

El segundo fue más impactante. En el Departamento del Huila se encuentra la zona arqueológica de San Agustín, también patrimonio de la humanidad, nombre que designa al municipio que le da cobijo. Estaba peor la cosa con las FARC. Llegar por carretera, impensable; se fletaron vuelos para el traslado de todo el contingente cultural. Se desplegó al Ejército a lo largo y ancho de varios kilómetros. A los extranjeros, entre ellos los diplomáticos, nos pusieron guardaespaldas y no nos dejaron ni un minuto a solas. Los mexicanos de Tepito Arte Acá cautivaron a los miles de agustinos que se concentraron en el centro deportivo a medio construir.

Mucho me queda como irrenunciable aprendizaje para algo que aquí ni por asomo se perfila: cómo enfrentar los altísimos costos que suma un conflicto, en nuestro caso el narcotráfico, con los acervos culturales; por lo mismo, cómo se debe resarcir a la sociedad. De tal perspectiva, hemos conversado algunos locos. Con el escritor tijuanense Leobardo Sarabia hace años que se plantearon públicamente políticas y mecanismos, uno de ellos y que aparece como parte de la reforma cultural que proponemos en el libro Economía cultural para emprendedores. Perspectivas, afirma que parte de los dineros decomisados, los bienes inmuebles y otros valores pasen directamente y sin burocracias a manos de organismos civiles para implementar programas que, por un lado, atenúen los severos daños que genera el tráfico de estupefacientes y por otro impulsen fuentes de trabajo a partir del procesos creativos-productivos. Pero nada: no hay valor ni integridad ni la capacidad de miras en el gobierno federal para embestir de esta forma a los narcos y sus huestes que son nuestros coterráneos, mexicanos cuya ferocidad vino a despuntar tras años de incubación, jaladera de gatillos e irrefrenable consumo que ciertos sectores estadunidenses se encargan de estimular día a día.

En medio del dolor por la pérdida de su hijo, tanto como sé que le causan pena los miles de inocentes muertos en estos años, Javier Sicilia vuelve a poner en el ruedo lo que muchos estimamos urgente, ya que como bien afirma el poeta, así puede ocurrir en las guerras: el pacto, el acuerdo, un armisticio con las bandas criminales para un alto al fuego y a la matazón de ciudadanos. También resulta vital que una forma de gobierno se decidida a resarcir y a dotar a la población afectada de los instrumentos que se generan de los procesos simbólicos y económicos de la cultura. En San Agustín, la fotógrafa Indira Restrepo vio llegar un batallón al hotel. Nos acercamos a saludarlos, a darles las gracias. Cuántos jovencitos valientes, macizos. ¿Una foto del recuerdo? La veo de vez en cuando como parte de una de las muchas lecciones aprendidas en la gran Colombia.

Esquirlas

Feliz, la senadora Green: ley y Agencia de Cooperación Internacional para el Desarrollo son una realidad. Corre el plazo de 120 días para su instalación. Toca ocuparse de las implicaciones. Seguramente se promoverá como director ejecutivo a Marco Alcázar, secretario técnico de la comisión encabezada por la excanciller.

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