En otros tiempos, según dijo la Biblia, era muy claro que en un principio había sido el Verbo. No había duda que el origen implicaba no sólo el decir sino la voluntad de la palabra. Voluntad divina, por supuesto. Después se hizo la luz, el agua, la tierra y luego llegó Adán, seguido de su Eva. Entonces las cosas comenzaron a complicarse y a contaminarse de tiniebla. La alegría de la existencia del Paraíso duró menos que una carcajada y de la expulsión todavía no nos reponemos. Ante tal despojo, no hubo cura ni esperanza. Y a veces ni siquiera el consuelo de la nostalgia, porque todo estaba enturbiado por el rencor. Un resentimiento misógino, por cierto. Culpa de ella, de Eva, dijeron. Por sucumbir a la serpiente, no dar paso sin el huarache de la necedad, alentar a morder esa manzana cuando Adán ni estaba listo, ni quería, ni pensaba siquiera (en la sabiduría). Pero ella sin duda su mujer con un simple gesto había desafiado al mismísimo Dios y había querido comerse los placeres y dolores del entendimiento. La ira del Creador como es habitual no tuvo límites. Y su castigo fue el más cruel de todos: quitarnos el Paraíso y ponernos a vivir en infiernitos. Pequeños pero constantes. Aunque muchas veces ni siquiera tan terribles como la desigual e injusta realidad.

Contra el maltrato, ?la palabra

Pero ante la realidad, acción. Y frente a la parálisis, movimiento. El Día Intencional de la Mujer fue propuesto por la alemana Clara Zetkin en 1910, que había sido integrante del Sindicato Internacional de Obreras de la Confección, durante el Congreso Internacional de Mujeres Socialistas en Copenhague, y estaba realmente harta de las condiciones sociales y laborales de las mujeres. Su frase de batalla: Contra el maltrato,la palabra . Y así, otra vez el verbo fue el responsable de otro principio. Y es que apenas hoy la historiografía comienza a incluir a las mujeres como objeto de estudio; el mundo, a reconocer su participación, y el género como una categoría de la realidad social , a convertirse en protagonista. Todavía falta mucho. Además de lo evidente, falta celebrar a todas las mujeres que siguen mordiendo las manzanas de la sabiduría. Hoy, por lo pronto, a las integrantes de la Academia Mexicana de la Lengua, fundada en 1875. Todas ellas académicas de número y, como se debe y regula, consagradas a la conservación, pureza y perfeccionamiento de la lengua española.

Concepción Company. Ocupante de la Silla V, antes ocupada por Francisco Sosa, José Vasconcelos y Rubén Bonifaz Nuño. Estudió la licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas y la maestría y el doctorado en Lingüística Hispánica en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Investigadora, maestra y doctora en Lingüística Hispánica, es una pensadora acuciosa, perfeccionista y de increíble perseverancia. Es responsable del proyecto Cordiam, un corpus que reúne más de 3,000 documentos de los siglos XVI al XIX cuya versión electrónica es de libre acceso. Fue editora de la última versión del Diccionario de Mexicanismos -y sigue aumentándolo para otra edición. Su aspiración a futuro es publicar una historia general e integral del español.

Lastra, la indigenista; ?Glantz, la plácida lectura

Yolanda Lastra, hoy con la Silla XI, antes ocupada por Salvador Azuela, Luis González Obregón y Ernesto de la Peña. Doctora, maestra e investigadora emérita, es especialista en lingüística descriptiva de las lenguas indígenas. En particular, de las formas dialectales del náhuatl moderno. También se ha ocupado del vocabulario chichimeca y publicado relatos otomíes. Es una autoridad absoluta en las lenguas originarias mexicanas.

Margo Glantz. Ocupante de la Silla XXV. Antes de Juan Rulfo y José Gorostiza. Escritora, maestra en Letras Inglesas y doctora en Letras Hispánicas, ha ganado el premio José Villaurrutia y el FIL de Literatura en Lenguas Romances. Narraciones como Las genealogías y El rastro son ya definitivas en las letras mexicanas y su interés por Sor Juana y la literatura del siglo XIX y XX, un regalo de su pluma para alumnos y lectores.

Frenk, la cervantina, y Fierro, ?la que sueña con estrellas

Margit Frenk. Ocupa la Silla número XXIV, que previamente fue de Mauricio Magdaleno y Luis María Martínez. Se graduó en Letras Españolas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y se tituló con la tesis La lírica popular en los Siglos de Oro . Desde ahí, se perfilaba su línea de investigación más importante: la poesía novohispana, sus antecedentes y alcances. Es doctora en Lingüística y Literatura Hispánica por El Colegio de México. Coordinó el Cancionero folklórico de México. Es investigadora, traductora y experta en Miguel de Cervantes y el Quijote, y actualmente dirige la Revista de Literaturas Populares.

Julieta Fierro. Ocupa la Silla número XXV, que previamente fue de Amancio Bolaño e Isla y Porfirio Martínez Peñaloza. Estudió física y astrofísica en la Facultad de Ciencias de la UNAM. Ha desempeñado una labor destacada como divulgadora de la ciencia y la respaldan obras como La astronomía de México y Las nebulosas planetarias. Ha recibidos premios como el Kalinga de la UNESCO. Actualmente es presidenta de la Academia Mexicana de Profesores de Ciencias Naturales y de la Asociación Mexicana de Museos de Ciencia y Tecnología.

Rosa Beltrán y las académicas fallecidas

Rosa Beltrán. Ocupa la Silla número XXXVI, previamente de Manuel Toussaint y de Octaviano Valdés. Estudió Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM y el doctorado de Literatura Comparada en la Universidad de California. Ha colaborado en diversos periódicos y en la Revista de la Universidad escribe la columna Los raros . Es autora del ensayo América sin americanismos y ha logrado un gran éxito con su novela La corte de los ilusos.

Otras notables académicas, de las nueve de número que figuran todavía como académicas mexicanas de la lengua han fallecido. Aunque vivas están por sus aportaciones a la cultura nacional y lo que sus trabajos explicaron al mundo sobre la lengua y la cultura de México.

María del Carmen Millán. Ocupó la Silla número XII,misma que tuvieron Julio Torri, José Rubén Romero y Clementina Díaz y de Ovando. Doctora en Letras, fue maestra de español, literatura española y mexicana en escuelas de la Ciudad de México, haciendo de la docencia un apostolado. Preparó numerosas ediciones y antologías de autores nacionales, como Micrós, Altamirano y López Velarde. Trabajó en las obras completas de Fernández de Lizardi y dirigió el proyecto del Diccionario de escritores mexicanos.

Elsa Cecilia Frost. Ocupó la Silla número XIV, que tuvieron Alfredo Chavero y Ezequiel A. Chávez y que hoy es de Eduardo Lizalde. Graduada en Filosofía, su tesis de maestría fue dirigida por José Gaos. Acreditó el doctorado con dos seminarios: Historiografía mexicana del siglo XVI bajo la tutela de Edmundo O ‘Gorman y Cultura náhuatl , dirigido por Miguel León Portilla. Muchos de sus ensayos y traducciones se centraron en la historia de las ideas de los primeros evangelizadores.

Clementina Díaz y de Ovando. Fue la octava ocupante de la Silla número XII, que fuera de Julio Torri, Manuel Peredo y que hoy es de Roger Bartra. Doctora en Letras, fue maestra en la Escuela Nacional Preparatoria por más de 25 años y profesora titular de Literatura Mexicana e Iberoamericana en la UNAM. Fue autora de más de más de un ciento de ensayos y una de las mujeres que mejor transmitió la historia, la literatura y el arte de México.

Pero no todo es bello

Podríamos ser ilusos y románticos. Decir con cierta razón que en todos los ámbitos de las letras, las artes y la vida misma las mujeres son personajes principales. Las que siempre logran que una trama lenta avance, dan una vuelta de tuerca a todas las historias y llegan a ser las responsables de que los finales sean felices o de una miseria insoportable. O quizá mejor citar a Rubén Darío cuando dijo que, sin las mujeres, la vida es pura prosa. Poético, pero poco calculador.

Las cifras dicen más: de las 36 sillas en la Academia Mexicana de la Lengua, como miembros de número, sólo hay nueve mujeres. En el Seminario de Cultura Mexicana, son 25 los miembros titulares, y de ellos siete son mujeres. En el Colegio Nacional, de 37 miembros, hay tres mujeres. (Son 40 los espacios, pero no han repuesto a todos los fallecidos recientes).

Los datos estadísticos en los sectores académico y estudiantil, según la UNAM, indican que la proporción de mujeres es de 50.4% entre los estudiantes de licenciatura y de 43.8% entre el personal académico.

(Se sigue el patrón mundial, ya que la fracción de mujeres es menor en los puestos de mayor reconocimiento).

El Sistema Nacional de Investigadores, en el 2013, alcanzó una proporción de 35% de mujeres y en la Academia Mexicana de Ciencias la proporción es todavía menor, ya que apenas llega a 24.2 por ciento.

Pero mundialmente se observan los mismos patrones. Silvia Torres Castilleja, científica mexicana que preside la Unión Astronómica Internacional y que recientemente ha sido galardonada con el Premio Miguel Alemán Valdés, afirma que en tal organización de los 12,414 miembros solamente una fracción de 16.9% la conforman mujeres.

La necesidad del cuarto propio

En su discurso, la doctora Torres Castillaeja habló de la ciencia, por muchos años un tópico muy alejado del mundo femenino. Dijo que la carrera científica necesita gran dedicación y por tiempos prolongados, porque es una actividad que requiere no solamente muchas horas de trabajo por día, sino que exige que este trabajo sea continuo durante varios años.

No se trata solamente de cumplir con una cuota de horas de trabajo, sino que es necesario involucrarse personalmente con el experimento o cálculo que se ha planteado, con la revisión de la literatura y con la búsqueda de los resultados de otros colegas sobre el mismo tema , dijo.

Finalizó su intervención hablando de los muchos obstáculos a vencer para hacer trabajo científico en México y dijo lo siguiente:

Se requiere gran esfuerzo para alcanzar la preparación adecuada, es necesario obtener un empleo apropiado para realizar investigación; frecuentemente no se cuenta con los recursos económicos y equipo requerido, en los momentos adecuados, y es una actividad de la que no se puede uno separar por periodos prolongados (un par de años, por ejemplo) sin que tenga un costo alto en cuanto a capacidades y estar al día en lo que está ocurriendo en otros países, por ejemplo .

No dejó de indicar, por supuesto, que las científicas enfrentan las mismas dificultades que sus colegas varones en todos los campos de la ciencia.

Pero que adicionalmente a éstos, las mujeres enfrentan los muy particulares problemas de género.

Muchos de ellos que todavía parecen citas tomadas de las revistas religiosas y del corazón del siglo XIX, cuando escribían que la educación femenina era tan perversa como indiscreta; que proclamar sin descanso la soberanía absoluta de la razón trabajaba para enloquecer a las niñas y señoritas. ?Eran flores de la casa, y se les marchitaba llevando a cabo, entre otras malignas obras, la emancipación de la mujer.

Ya lo había contestado, en verso, en uno de sus más célebres sonetos, Sor Juana Inés de la Cruz -tan sabia como una académica muchos años antes.

¿En perseguirme, mundo, qué interesas?

¿En qué te ofendo, cuando sólo intento

poner bellezas en mi entendimiento

y no mi entendimiento en las bellezas?

Y eso que Voltaire que también un sabio, ya lo había escrito: El primero que comparó a la mujer con una flor fue un poeta. El segundo, un imbécil .