Esta columna cada vez más sobre cine. Disculparán que me vaya alejando de los temas de artes plásticas, pero la cabra tira al monte y uno suele regresar siempre a su primer amor. Este Garage Picasso ya se debería llamar Garage Scorsese o Garage Howard Hawks. Pero no, Garage Picasso suena bonito y a Pablo, espíritu patronal de este espacio, le gustaba el cine (creo). Como sea, siempre es divertido contarles lo que vi el fin.

Ahora el estreno ineludible fue Éxodo: dioses y reyes, de Ridley Scott. Ineludible, digo, porque la dirige Scott, aunque ya no sé. De pronto siento que don Ridley es uno de esos que hicieron fama y se echaron a dormir. El año pasado estrenó ese bocado intragable que fue El abogado del crimen, ¿se acuerdan? Una basura con muy buenas frases, eso sí, y algunas escenas memorables pero basura al fin. Cuando vi esa cinta pensé que a Scott ya se le había acabado el talento, tan mala me pareció.

Pero, demonios, estamos hablando del maestro detrás de Blade Runner, de Black Hawk Down, de Thelma & Louise... En fin, que hice de tripas corazón, cursi muletilla, y vi Éxodo sin muchas esperanzas de diversión.

Entonces fui y puse mi trasero esperando tres horas interminables de choro y con la idea en la cabeza de hacer una crítica mortífera, siempre tan divertidas.

Y no. La verdad: Éxodo me gustó mucho. Creo que formó parte de la minoría acá porque de la sala se salió gente (no entiendo a esa gente que se sale del cine, tan caros que son boletos y a lo mejor, quizá, puede ser que una mala película mejore al final. Gente sin esperanza). Y la IMDb le da la fea calificación de 6.9: pasa de panza.

Éxodo es la historia de un pueblo y es también la historia de dos hermanos y una traición. Moisés (Christina Bale, acusado de ser demasiado güero para el papel) es un hombre prudente, un general brillante que creció en la corte egipcia como sobrino del faraón. Más que primo es hermano de Ramsés (Joel Edgerton, otro güero), el heredero al trono. El faraón les da dos espadas idénticas, cada una con el nombre del otro para que recuerden siempre protegerse mutuamente en la guerra y en la política.

¿Qué sentimientos corren entre dos hombres tan cercanos? Amor, sí, pero también envidia, también desconfianza y miedo. Así que cuando Ramsés se entera que su hermano Moisés en realidad nació hebreo no duda en mandarlo al exilio antes de que se cumpla cierta profecía. Verán, Moisés le salva la vida a Ramsés en el campo de batalla y la pitonisa de la corte predijo que quien salvara al príncipe sería quien, en realidad, había nacido para mandar.

Todo esto Scott lo narra en un buen rato y quizá a muchos les parezca aburrido pero a mí me pareció brillante. El drama del pueblo hebreo, esclavizado por 400 años en Egipto, pasa por estos dos hermanos separados por el poder.

Me acuerdo que en mis medio olvidadas clases de catecismo, el éxodo era uno de los episodios que más me atraía porque tiene varias imágenes inolvidables como la división del Mar Rojo y la firma de la alianza entre Dios y los judíos con sangre de cordero. Y las siete plagas. En la cinta la llegada de cada una de las plagas es de lo más emocionante. La muerte de todos los primogénitos egipcios es tan terrible como suena. El Dios de los hebreos es un asesino de bebés.

Otro asunto fascinante, que para mi gusto se plantea muy de pasada, pero es brillante, es que la rebelión de los hebreos fue una guerrilla no diferente a la resistencia europea contra los nazis, por ejemplo, o a la estrategia del ejército mexicano en el siglo XIX frente a los franceses o de los afroamericanos cuando lucharon por sus derechos hace 50 años en EU. Guerra de sabotaje, de desgaste. Una guerra que hace impaciente al propio Dios.

Además, ¡ese Dios! Una zarza ardiendo no es suficiente para representar su furia, su poder y su crueldad. Sólo puede equipararse a una fuerza primitiva, incontrolable. Y por eso Ridley Scott decide representarlo como un niño. La relación entre Moisés y el dios-niño es parece sacada de Highway 61 de Bob Dylan ( La próxima vez que me veas mejor córrele , le advierte Dios a Abraham en la canción). Es así de ominosa y de satírica. El niñito le dice a Moisés que su guerrilla contra los egipcios ya lo cansó le dice: Ahora vas a tener que mirar . Y el niño suelta su furia sobre los egipcios como si estuviera pisoteando hormigas. Nada más infantil que eso.

Por eso me parece que Éxodo: dioses y reyes es una película estupenda e incomprendida. Se me hace que le voy a volver a echar ojo a El abogado del crimen porque alguien tan genial como Ridley Scott no puede equivocarse.