El sábado 26 de junio salí de casa en auto y tuve la sensación que algo raro sucedía. En cada esquina de avenida Altavista, en San Ángel, había policías cuidando la zona, las aceras estaban recién pintadas y pude ver algunas esculturas de José Luis Cuevas. La atmósfera me recordó los viejos tiempos priístas, cuando se remozaban y se vigilaban las calles, ya que por ellas pasaría el Presidente en turno. Sin embargo, los bronces de uno de nuestros vecinos y uno de los artistas plásticos más importantes de México eran un tanto desconcertantes.

De regreso a casa decidí recorrer Altavista desde Periférico a Revolución y de vuelta. Entonces entendí que se trataba de una exposición al aire libre, en las aceras norte, de alrededor de 15 piezas de Cuevas. Aunque las exhibición está mal montada -¿a quién se le pudo ocurrir que el mejor sitio para disfrutar las piezas sea el arroyo vehícular?-, para mis adentros me dije que ojalá la muestra fuera permanente, pues embellece el paisaje urbano de una avenida en la que los restaurantes y las tiendas han roto el equilibrio visual de la zona.

El domingo 27 me enteré por una nota de Agustín Salgado, en el periódico La Jornada, que el delegado de Álvaro Obregón, Eduardo Santillán, y el secretario de Turismo, Alejandro Rojas, querían cambiar el nombre de Altavista a Paseo José Luis Cuevas, pero que algunos vecinos no lo permitieron; además de que un autorretrato de Cuevas, situado en Periférico, prácticamente oculta una escultura de Feliciano Béjar.

El miércoles 30, Adriana Malvido, en el periódico Milenio, en su columna Cambio y fuera , indica:

Todo comenzó cuando Beatriz del Carmen, esposa de Cuevas, le pidió a Marcelo Ebrad una calle para bautizarla con el nombre de su marido. Le dieron a escoger y ella optó por Altavista. Las organizaciones vecinales, que nunca fueron consultadas (...), le advirtieron al delegado que el cambio de nombre es improcedente porque no cumple con (los) requisitos del Reglamento del Ordenamiento del Paisaje Urbano, como (de) la aprobación de un comité de notables, entre otros .

Ah, entonces se trata de un pleito de señoras, pensé, de esas mismas señoras, esposas de notables , que se creen dueñas no sólo de sus residencias, sino de las calles y arroyos vehículares de los frentes de sus residencias; que de manera ilegal cierran calles a su antojo; que construyen, también de manera ilegal, casetas de seguridad privada en las que los vigilantes sobreviven en condiciones inhumanas.

Ah qué señoras tan simpáticas.

Ante tan penosa situación propongo una nueva curaduría de la exposición Paseo José Luis Cuevas para que el paseo sea, en verdad, un paseo: una exhibición que se descubra paso a paso ; que la muestra se convierta en permanente; que se restauré la escultura de Feliciano Béjar (pues está grafiteada) y que se reubique en un mejor sitio.

Con respecto al cambio de nombre de avenida Altavista al de Paseo José Luis Cuevas, los que tenemos el privilegio de vivir en San Ángel deberíamos aprovechar la ocasión para honrar a nuestros vecinos ilustres y que las calles en las que vivieron o viven lleven sus nombres.

No pienso en Diego Rivera porque él ya tiene su museo y calle, pero sí en Frida Khalo (1907-1954), Gunther Gerzso (1915-2000), en el filósofo Ramón Xirau, en el cirujano plástico Fernando Ortiz Monasterio, en el dramaturgo Hugo Hiriart, en el psicoanalista José Cueli, en el editor Marcelo Uribe, en el pintor Franco Aceves Humana, entre muchos otros.