En el evangelio de Juan (13, 1-17), durante la última cena, Jesús decide lavarle los pies a sus discípulos, acción que en la antigüedad sólo la llevaban a cabo los esclavos para con sus amos. Pedro, incómodo con la intención del de Nazaret, le dice:

-Señor, ¿tú lavarme los pies?

A lo que Jesús le responde:

-Lo que yo hago, ahora no lo puedes comprender. Pero lo entenderás más tarde.

Para agregar:

-El que está limpio no necesita bañarse, pero entre nosotros hay alguien que no está limpio -refiriéndose a la culpa de Judas que, en cualquier momento, entregaría a Jesús para ser crucificado.

En la actualidad ya nadie -con la excepción de la liturgia cristiana- le lava los pies a otro, sino las personas, sobre todo los hombres, suelen bolearse los zapatos, y el otrora esclavo es el bolero de hoy, que cambió el lebrillo con agua por un cajón de dar bola que contiene diversas grasas, cepillos, pigmentos, trapos, etcétera.

El cajón para dar bola es, simbólicamente, uno de los objetos más menospreciados en la sociedad moderna, pues pertenece a un oficio mal pagado, de gente que escucha y calla o, cuando habla, dice leperadas o rumores sin sustento, según impone el arquetipo.

Hará cosa de dos o tres meses, el escritor, promotor cultural y dueño de la Hostería La Bota, Antonio Calera-Grobet, compró 200 cajones de bolero para entregarlos a igual número artistas y no artistas para que las intervinieran. El proyecto tuvo como resultado una exposición de 134 cajas; se inauguró el sábado en la Casa Talavera (Talavera 20 esquina con República del Salvador, Centro Histórico, ciudad de México), con el nombre de Trono de los de a pie o en los zapatos del otro, se convertirá en una exhibición itinerante por diversas galerías del país para, finalmente, subastar las piezas y, con el dinero recaudado, patrocinar otras acciones alquímicas.

Entre las piezas en exhibición -que sirven de base a escenas criminales, de amor y desamor salidos de boleros musicales, retratos de presidentes, desnudos orientales, luchadores, alebrijes, poemas o decorados varios, con lentejuelas, terciopelo, papel periódico, chapopote o artilugios de cámara fotográfica antigua- destacan cuatro o cinco trabajos admirables.

En primer lugar, el de laudera Kristin Ayala que transformó su cajón en un instrumento musical de manivela parecido en su sonido a la sanfona gallega o viola de rueda; una Caja del tiempo del escritor Javier García-Galiano, que no podrá ser abierta sino en 100 años; un collage escultórico del pintor Daniel Lezama; un jardín colgante de Adrián Calera-Grobet y Jessica Ponce de León; además del cajón del bolero de la cantina La Covadonga que la joyera Paulina Ugarte compró y donó para la exposición-subasta con el título: Esto no es arte, son 20 años de trabajo .

El trono de los de a pie... estará abierta en la Casa Talavera hasta el 9 de julio.