A Carlos Fuentes le gustan los inventos: a caballo entre la tradición y la invención, nunca ha tenido en sus más de 80 años mayor pasión que la de componer palabras. Alto, guapo y elegante -como diría la más inteligente de las hijas de mi madre-, cosmopolita, hombre de mundo y con una gran habilidad para estar exactamente en el lugar más propicio para su espíritu, es uno de los más grandes escritores nacionales.

Es autor de La región más transparente, la novela que lanzó la literatura mexicana a la modernidad y marcó el final de las letras dedicadas a la Revolución.

Su nombre está inserto entre los protagonistas del boom latinoamericano y gran parte de su obra es responsable de abrir la brecha para que la literatura en español, la escrita en este lado del mundo, a veces tan ninguneado, tachada de bananera, despreciada a ritmo de bembé, proveniente de un mundo que -dicen- es el tercero, se convirtiera en una de las disciplinas artísticas más admiradas y asombrosas. Es cierto. Carlos Fuentes no inventó el realismo mágico que Aureliano Buendía le dictó a García Márquez, poco tuvo que ver con lo real maravilloso que salió del arpa y la lira de Alejo Carpentier y, a diferencia del cuentista Cortázar, no armó la mejor antinovela del mundo jugando a la rayuela. Sin embargo, escribió tres obras fundamentales de la historia de la literatura mexicana del siglo XX.

La región más transparente, editada en 1958, es la primera. Para el muy joven Fuentes (tenía 29 años), que había experimentado con el lenguaje, la temática y la estructura, fue también el principio de una vida llena de atenciones, discusiones, críticas y aplausos. Para los lectores, una intensa sorpresa: el placer de haber atestiguado el nacimiento de aquella gran novela urbana y mexicana.

Julio Cortázar, sobre ella, escribió: El texto es intenso hasta para lectores avezados, y resulta aun más complejo para quienes son ajenos a la historia y los modismos mexicanos pero tiene una estructura y una profundidad grandiosa . Monsiváis dijo que la publicación de La región más transparente fue en aquella época un acontecimiento como no suelen serlo las novelas y la definió con a una obra muralística que era todo y especialmente la vibración y el ruido la ciudad . La segunda obra de Fuentes, de puntal importancia, fue La muerte de Artemio Cruz y la tercera, el relato largo o novela corta Aura (su hija favorita , dicen muchos fanáticos del escritor) .

Estas dos últimas obras cumplen este año medio siglo de su primera edición. Para celebrar tal acontecimiento se tienen programados actividades especiales. Pero la que hoy nos ocupa es la edición conmemorativa de Aura ilustrada por Vicente Rojo (dijeron que saldría a la venta en febrero así que debe estar en su librería favorita, y si no, ya puede ensayar las imprecaciones justas).

Aura es la novela perfecta para empezar cuando no se ha leído a Carlos Fuentes. Es una historia donde los límites entre la realidad y la ficción encantan y fascinan al lector. A muchos los arroja de sopetón al martirio de sus obsesiones; a otros, a revisar la profundidad del amor (y el espanto que produce, cómo no). Narrada en segunda persona por un personaje omnipresente, Fuentes relata una historia que va más allá de lo fantasmal, de amores encontrados en un tiempo suspendido y desde un lugar donde parece no haber diferencia entre el presente y el futuro. Aura es un libro imprescindible.

Por si todavía no halla la suficiente razón para ir, comprar el libro y dedicar lo que resta de este día a leerlo, todavía puedo jurar que es imposible no acudir a la seducción de la intriga y el desafío (a ver si usted averigua quién vive) o argumentar el encanto académico, por ejemplo, que puede producir uno de los epigramas elegidos por Fuentes para esta obra:

El hombre caza y lucha. La mujer intriga y sueña; es la madre de la fantasía, de los dioses. Posee la segunda visión, las alas que le permiten volar hacia el infinito del deseo y de la imaginación... Los dioses son como los hombres: nacen y mueren sobre el pecho de una mujer .

Todo es como esto: Aura cumple 50 años.