La realidad actual ha orillado a los caricaturistas a hacer cartones más reflexivos debido a que lo que sucede en el país y en el mundo no da como para hacer un humor más festivo, consideró Rictus.

El caricaturista que de manera cotidiana publica en el periódico El Financiero comentó que, si bien el humor sirve como una válvula de escape del estrés, también hay que tener cuidado con el manejo de ese humor porque de otra forma, se puede caer en el mal gusto.

El cartonista, cuyo nombre de pila es Julio Iván López Valverde, dijo que el humor político va de la mano con el ambiente social, que en los últimos años se ha polarizado.

“La forma de entender los temas está así, muy polarizado. Parece que los puntos de vista se vuelven irreconciliables”, señaló.

Destacó que el propio presidente, Andrés Manuel López Obrador, impulsa ese tipo de posturas cuando pide que la gente se defina si está en favor de lo que llama la Cuarta Transformación del país o en contra.

Comentó que los caricaturistas son blancos cotidianos de los ataques de “espontáneos” seguidores del presidente López Obrador que reaccionan de manera beligerante cuando se critica al mandatario.

En ese sentido dijo que él como cartonista no quiere tener que elegir entre esas dos opciones porque le parece que este gobierno, como cualquier otro es sumamente complejo y tiene acciones que se pueden valorar positivamente y otros que sin duda pues no.

“Algo que he notado en este tiempo de pandemia es lo sumamente necesario que es el humor y la caricatura”.

Si bien existen los memes y el humor en sus diferentes manifestaciones, por ejemplo, en Twitter, donde se cuente un chistecito, pocas cosas comunican tan bien como un cartón político. Además no solo comunican sino que informan.

En ese tenor dijo que el cartón debe jugarse en una cancha reglamentaria, a diferencia de los memes.

En las redes sociales, en donde estamos expuestos todos los días, surge de todo, como las informaciones falsas, pero el cartón político se debe de ejercer con reglas establecidas y eso lo hace diferente a los memes, recalcó.

Dijo que eso mismo hace al cartón político susceptible de ataques en las redes sociales y en algunos casos, te encuentras a alguien que te manifiesta su desacuerdo y nutre a la caricatura al tener interacción.

Para el monero la primera regla de la caricatura es que lo que comunica tenga veracidad; la segunda es no lastimar y, la tercera es nunca dejar de ser libre en cuanto al estilo de humor, de dibujo y de lo que expresa.

También llamó la atención en que ahora la llamada corrección política se utiliza para limitar a la caricatura.

“Nos guste o no, el limite del humor lo marca la gente. El chiste establece una complicidad entre quien lo ingenia, entre quien lo cuenta y quien lo escucha”, expuso.

Desde su perspectiva, el límite del humor es cuando no causa gracia y, al contrario, puede hasta ofender.

Dijo que hay caricaturistas que han decidido ser caricaturistas de izquierda y otros de derecha y cada uno de ellos han decidido que van a dibujar para un solo público, lo cual es totalmente valido y respetable, pero hay quienes, como él, quieren llegar a diferentes públicos, tratando de reflexionar junto con el lector, lo cual es complicado ahora.

Mencionó que, si bien en México los caricaturistas no son objetos de censura del gobierno o de ataques a su integridad como sucede en otros países, lo que sí enfrentan es la descalificación de su trabajo, a través de redes sociales, donde pueden buscar maneras de desacreditarlos, tachándolos de racista o clasista, incluso injustificadamente.

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