Son las primeras horas del primer lunes de la Feria Internacional del Libro (FIL) del Palacio de Minería. Los visitantes apenas comienzan a ocupar las distintas instancias del recinto en el Centro Histórico para curiosear entre los miles de libros dispuestos para su venta. Es una horario conveniente para hurgar a detalle en los stands. La mayoría de los visitantes que ingresa va en grupos y llevan mochilas consigo. El uniforme de la mayoría de ellos los delata como estudiantes de secundaria o de preparatoria.

El patio principal es ocupado por sellos como Alfaguara, Océano, Trillas, Ediciones Paidós, Sexto Piso. Hay libros de ficción, académicos, de desarrollo personal, diseño, arte y cómics.

La música académica armoniza los espacios del recinto. Por momentos se ve interrumpida por una voz que anuncia las presentaciones editoriales, conferencias, talleres y otros eventos programados en la feria para esas primeras horas de actividad. Los temas de las actividades son tan diversos como la oferta editorial de la feria misma.

“No te pierdas a las 12 horas la presentación del libro Salud pública y enfermería comunitaria, (...) con la presencia de la autora”, se anuncia con unos 30 minutos de anticipación. Más tarde, otra invitación que insta a no perderse la conferencia “Deporte, nación e identidad: el caso de los jugadores de futbol franceses de origen africano”. Y en seguida, el ofrecimiento para participar, a esa misma hora, en el taller “Contemplación estética y poesía. Escritura poética y arte visual”, que está por impartir el joven poeta morelense Alejandro Campos Oliver. Así de diversa es la oferta.

Lo que buscan

Acompañado por su mamá, Manuel, de ocho años, viene saliendo del stand de Panini. Saca de su bolsa de compras un ejemplar del manga Nanatsu no Taizai (Los siete pecados capitales). Su mamá explica que es el manga favorito de Manuel y que a partir de la publicación se realizó una serie anime que actualmente se transmite por Netflix. De inmediato lo apresura para ir juntos a uno de los talleres que está por iniciar, según anuncia la voz en el sonido general. De frente, en el espacio de Sexto Piso, un joven se acerca al encargado de la caja para preguntar sobre su edición de la novela Frankenstein o el moderno Prometeo de Mary W. Shelley, ilustrado por el célebre dibujante Lynd Ward, conocido por sus “novelas sin palabras”, historias impresas, narradas exclusivamente por xilografías. La portada es prometedora, presenta un grabado de un Frankenstein colosal, pensado para lucir amenazador, también enternecedor, con el rostro afligido por su errática existencia. El interesado pregunta el precio y cuántos ejemplares quedan. Le comentan que hay dos disponibles y de paso le dicen el precio ya con rebaja: 315 pesos. El joven arguye que es razonable, que hay otra edición de Porrúa más barata, que viene de preguntar por ella. “Y no me molesta la edición de Porrúa, pero quería una más bonita”, dice y avisa que en una hora vuelve por el ejemplar.

A propósito de ilustraciones llamativas, de frente, en un cubículo de unos dos metros cúbicos, la editorial Zorro Rojo exhibe portadas atractivas de libros, muchos de ellos habituales, que lucen revitalizados. Llama la atención un ejemplar del Diccionario del diablo, un libro de definiciones corrosivas, a manera de críticas sociales, escritas por el cuentista y periodista estadounidense Ambrose Bierce a finales del sigo XIX. Ese ejemplar está ilustrado por el galés Ralph Steadman, conocido como la voz gráfica del periodismo gonzo, gran amigo de Hunter S. Thompson e ilustrador de portadas de discos de The Who y Frank Zappa.

Ahí mismo hay otro curioso y agudo libro trabajado por Steadman: Sigmund Freud, una edición plagada de bromas gráficas sobre la vida y trabajo del padre del psicoanálisis, que van desde los traumas de la infancia, su paso por la milicia y sus desventuras amorosas, hasta su no tan serena amistad con Carl Jung o su muerte en Londres a causa de un carcinoma en el paladar.

Tan diverso es el público de la feria que a unos pasos de donde la gente se detiene casi que con freno de mano para apreciar las ilustraciones de Zorro Rojo, una joven se acerca al stand de Oxford University Press México para preguntar sobre la existencia del ejemplar de Historia del derecho mexicano. Y, así como le dijeron aquel que preguntó por el ejemplar ilustrado de Frankenstein, ahí le advierten a la interesada que solamente restan dos ejemplares, casi que definitivos.

En el fondo

Para el Fondo de Cultura Económica (FCE) y Educal se ha reservado un patio completo. Es una de las instalaciones más grandes de la feria, con stands de libros de poesía, periodismo cultural, arte, economía, derecho, antropología, sociología, filosofía y más.

En las mesas al centro se anuncian rebajas y las famosas ofertas anunciadas por Francisco Ignacio Taibo Mahojo (Taibol II)como gerente editorial encargado del despacho del FCE. Un letrero remata los libros de una mesa a 10 pesos, con ediciones antiquísimas sin estrenar, como Historia y cultura en la conciencia brasileña, una antología capitaneada por Leopoldo Zea sobre literatura del país de habla portuguesa editado en 1993.

En otra mesa, por tan sólo una moneda con la Piedra del Sol, es posible hacerse de un ejemplar de la colección Iconografías impresas entre el 2001 y el 2002 que, con nada más que fotografías y documentos, cuentan la vida y la creación de personajes como el poeta cubano Nicolás Guillén o el propio fundador del FCE, Daniel Cosío Villegas. Ésos, por solamente 22 pesos.

También están los ejemplares que tienen un costo de 49.50 pesos, como El eterno femenino, de Rosario Castellanos, o Cruzar el Atlántico, de José Luis Martínez, quien también fuera director de la paraestatal entre 1977 y 1982. Todos esos ejemplares permanecieron hasta más de dos décadas en las bodegas del Fondo, confirma el personal de atención.

Todo lo anterior esboza la oferta y la demanda de la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, que permanecerá en el recinto de Tacuba 5 hasta el próximo 4 de marzo.

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