A principios de este año, escribí una columna sobre la temporada de premios como una forma crucial, a menudo rentable, de llamar la atención hacia las películas inteligentes y bien hechas que buscan un público adulto, sin obsesión por los cómics.

La ventaja de ese modelo de negocio ha sido la preservación de este tipo de películas que, en ausencia de campañas de reconocimiento de ganancia de conciencia y prestigio de los Óscar, Hollywood podría dejar de producir. La desventaja, como noté, es un año de películas dramáticamente desequilibrado, donde los espectadores tienen hambre de materiales de la calidad proyectados hasta octubre, momento en el cual mantenerse con buenas películas es semejante a beber de una manguera de bomberos.

La razón por la que los estudios retienen las cosas buenas es que tienen miedo de que las películas que aparezcan a principios de año queden olvidadas cuando los miembros de la academia presenten sus nominaciones. Y es cierto: cada año, a las películas dignas que se proyectan hacia el final del invierno y la primavera, se les niega el impulso de taquilla de sus contrapartes que se estrenaron de última hora. El año pasado, el thriller de la época colonial The Witch, el thriller Eye in the Sky y el drama de comedia erótica A Bigger Splash se convirtieron en éxitos artísticos, cada uno de ellos magníficamente diseñado y presentando actuaciones memorables, con enormes nombres como de Helen Mirren, el difunto Alan Rickman, Tilda Swinton y Ralph Fiennes. Pero se estrenaron antes del verano, lo que significa que, por lo menos en la época de los Óscar, no contaron con tanto impulso.

La academia se ha lavado en gran parte las manos del problema de la presentación a destiempo, insistiendo en que es responsabilidad de los estudios darse cuenta de que el calendario tiene 12 meses. Eso es cierto, pero, a medida que nos dirigimos a la segunda mitad del 2017, ¿existe un tiempo más perfecto para celebrar un mini óscar a mediados de año, aunque sólo sea para reconocer el trabajo que merece ser considerado dentro de seis meses?

Damas y caballeros, he aquí mis humildes nominaciones para lo mejor año hasta ahora, ofrecidas con la esperanza de que, en enero próximo, cuando se decidan las listas finales, no pasen inadvertidas.

Mejor guión: por ingenio, estructura inteligente y auténtica sorpresa, este año hemos tenido muchas opciones, con comedias ganadoras como Colossal, protagonizada por Anne Hathaway como una mujer que llega a un acuerdo con su propio poder anárquico, y la sátira de la Segunda Guerra Mundial Their Finest, sobre un equipo de propaganda británico organizando una dramatización de Dunkerque­. La actriz Zoe Lister-Jones, que ya es una escritora experimentada, entregó su debut como directora con Band Aid, cinta sobre una pareja que trabajaba con la tristeza y el alejamiento haciendo música juntos. Azazel Jacobs lanzó un trabajo con un ojo puesto sobre los desafíos de la intimidad a largo plazo en The Lovers, un triste retrato de infidelidad protagonizada por Debra Winger y Tracy Letts.

Mejor director: a pesar de que los superhéroes y los espectáculos a base de efectos especiales se pasan por alto en esta categoría, al menos tres películas de este tipo han sido ejecutadas con excepcionales cortes, gusto e ingenio: Logan de James Mangold, ­­ Wonder Woman de Patty Jenkins y War for the Planet of the Apes de Matt Reeves­. Añadiría a James Gray a la lista con The Lost City of Z, un fascinante y encantador retrato de ensueño del explorador británico Percival Fawcett, que merecía mucha más atención de los espectadores de la que recibió.

Mejor actor: junto con el citado Letts, que retrata a un marido errante con la mezcla justa de humor inconsciente y narcisismo enfurecedor en The Lovers, no olvidemos el retrato en pantalla de Richard Gere de un neoyorquino latoso en Norman, o la interpretación conmovedora de Liev Schreiber­ de un boxeador magullado en Chuck, o la clase maestra de Sam Elliott en la pantalla actuando en The Hero. Chris Pine encarna el término actor secundario en Wonder Woman, al igual que la sublime y divertida participación de Bill Nighy en Their Finest. En Colossal­, Jason Sudeikis realiza una astuta toma del milenario cool guy, que pasó de brillante a subversivo en el poder de una cerveza.

Mejor actriz: Cynthia Nixon impregnó a la poeta Emily Dickinson­ con el espíritu encendido por dentro en Una Pasión Tranquila. Continuando con sus magníficas actuaciones, entre las que se encuentran su nominación el año pasado por Lion y la serie Big Little Lies de HBO, Nicole Kidman vuelve a demostrar su buena estrella en la película de terror The Beguiled, de Sofia Coppola. Rachel Weisz eleva la de otra manera monótona My Cousin­ Rachel con un desempeño complicado que es a la vez simpático y muy posiblemente maligno. Hayley­ Squires está arrasando con el drama británico de Ken Loach, I,Daniel Blake, en el que interpreta a una madre soltera desesperada que navega por la pobreza y castiga la burocracia pública. Y nadie se olvidará de la inquietante, asombrosa y bien calibrada interpretación de Georgina, la trabajadora doméstica con un asombroso secreto en la revelación de principios de año de Jordan Peele, Get Out.

Mejor película: los fans de Get Out notarán que no he mencionado esta película hasta ahora. Eso es porque creo que, junto con la emocionante, divertida y sensible comedia romántica The Big Sick, tiene posibilidades genuinamente fuertes de ser recompensada el próximo año. Ambas películas, por lo menos, merecen reconocimiento por sus guiones inteligentes y novedosos, pero teniendo en cuenta el impresionante éxito comercial de Get Out y The Big Sick, pareciera que podrían competir por el mayor premio de todos. Esperemos que, a medida que llenen sus papeletas, los miembros de la academia afilen sus recuerdos junto con sus lápices.

Ann Hornaday es la principal crítica de cine de The Washington Post. Es autora de Talking Pictures: Cómo ver películas (Basic Books).