“Si esto es ser científica, ¡entonces sí quiero, es muy divertido!”, platica Kimberly América Barranco Nava, estudiante de la escuela Diego Rivera. Ella fue invitada a participar en el primer encuentro de Greenlight for girls (g4g) en México. Ésta es una organización internacional dedicada a inspirar a niñas de diversas edades y entornos a formarse en estudios y carreras de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM).

Científicas del futuro

Con el apoyo de Covestro, empresa de polímeros, más de 60 niñas y adolescentes de entre 11 y 15 años del municipio de Ecatepec se reunieron en las instalaciones de esta empresa. “Cuando me invitaron a participar en un taller de ciencia me emocioné mucho y sentí bonito porque nunca había visto químicos ni científicos de cerca”, dice Kimberly emocionada, “yo de más chiquita quería ser científica, pero después cambió mi opinión a ser abogada, pero ahorita que estoy viviendo toda esta diversión definitivamente quiero ser científica. Mis papás me han dicho que para eso hay que estudiar mucho y echarle ganas a la escuela para que mi sueño se haga realidad”.

“Ahorita ya me tocó hacer una aplicación en la computadora, es algo que no pensé que podía hacer, además la científica hablaba inglés y un señor nos traducía y mi amiga y yo nos quedamos sorprendidas, ella iba con nosotras a tratar de explicarnos y no le entendíamos, por eso quiero saber más inglés, en la escuela ya hay un grupo”, expresó.

Con su poca experiencia, Kimberly reflexiona, “creo que debería haber más oportunidades para las niñas; antes de pasar a los talleres, nos dijeron que hay muchas personas que les niegan a las mujeres los trabajos y les dicen que es más para hombre, pero yo creo que no porque todos somos iguales, incluso los niños también deberían haber venido, está bien padre, yo ya estoy ansiosa por pasar a hacer los gusanos”.

La encargada de “hacer los gusanos” es Chai (Rosario Vergara), “en este taller explicamos qué es un monómero y un polímero, en este caso un alga marina que, al momento de hacer una reacción química, genera una especie de tira, que aquí les llamamos gusanos, las niñas comienzan a hacer sus distintas mezclas y a preguntarse qué pasa si (...) Después ya no se quieren ir”.

Chai además platica que el camino para ser ingeniero químico ha sido divertido y a la vez difícil, “abrirte espacio en un lugar que típicamente se puede pensar que es de hombres se complica. De entrada romper el paradigma familiar ‘¿cómo vas a estudiar eso?’, me dijo mi papá, ‘¿cómo vas a trabajar en una empresa donde hay fierros?’, al final me apoyaron y eso es muy importante, tuve la fortuna de haber estudiado lo que quise y lo que me apasiona, porque yo desde la secundaria prácticamente en un laboratorio descubrí que esto era un mundo fascinante y quería hacerlo para siempre”.

Chai, además, está encargada de la parte de protección ambiental en Covestro, “es una responsabilidad adicional, porque somos una empresa química e intensiva y me toca cuidar que la compañía opere desde un punto de vista ambiental y sobre todo seguro, es complicado por momentos, pero la mayor parte del tiempo divertido”.

Aprendizajes diversos

En los otros talleres, las niñas aprendieron a crear su propia aplicación, aviones autosustentables y a extraer el ADN de sus cachetes, para ponerlo en un tubo de ensayo y llevárselo montado en un collar. Este último taller estuvo a cargo de Loredana Vivaldi, gerente de proyectos de g4g, quien dice “me siento muy contenta de estar por primera vez en México y llevar este mensaje, ¡que nadie les diga que no pueden!, pues es cierto que la brecha en los países latinoamericanos es mayor”.

Sobre el proyecto, explica que la idea de que sean niñas de 11 a 15 años es porque a esta edad nos planteamos cosas y se toman muchas decisiones. “Aunque no están 100% seguras, hay que abrirles la pregunta en este momento. Además, mientras más niñas somos, más confianza en nosotras mismas tenemos, desafortunadamente nos vamos llenando de miedos a medida que vamos creciendo y nuestra autoestima baja hasta en 50%, por ello es importante atacar a este grupo con tiempo”.

Sobre trabajar con Covestro, dijo que no es casualidad, “estas empresas son modelos de referencia, porque lo que queremos es inspirar a las niñas, que mejor que en el lugar donde se crean las cosas”.

Pascal Kornfuehrer, director de Covestro México, platicó también con El Economista, “queremos desafiar los límites y preconceptos, pues todos deberíamos tener acceso a hacer lo que nos guste y para lo que somos buenos”.

“Aquí sí existen buenas ingenieras trabajando en polímeros y estamos muy orgullosos por las oportunidades que les podemos dar y las decisiones que nuestras empleadas toman”, dijo Kornfuehrer. Agregó que se busca el mejor candidato y sería muy poco inteligente si la decisión tuviera que ver con género.

“Queremos ver a más mujeres participando de este ecosistema con un enfoque a resolver y desafiar los retos mundiales y la educación es un tema clave (...) Esto no es un tema de la industria química, creo que más empresas deberían actuar y aceptar esta responsabilidad social para llenar este hueco que existe entre la realidad y el objetivo”, expresó.

Todavía no es suficiente

La brecha de género en esta área persiste desde hace años en todo el mundo. A pesar de que la participación de las mujeres aumenta enormemente, todavía es insuficiente.

La ciencia y la igualdad de género son elementos vitales para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible, incluidos en la Agenda 2030, desafortunadamente, las mujeres siguen enfrentándose a barreras que les impiden participar plenamente en esta disciplina. De acuerdo con un estudio realizado por la ONU en 14 países, la probabilidad de que las estudiantes terminen una licenciatura, una maestría y un doctorado en alguna materia relacionada con la ciencia es de 18, 8 y 2%, respectivamente.

El reporte del Banco Mundial “At a Crossroads: Higher Education in Latin America and the Caribbean” advierte que 44.7% de las personas que se integran a la educación superior lo hace en estudios relacionados con las ciencias sociales, las leyes y los negocios; en tanto que 21.3% en ingeniería, manufactura y construcción; 12.5% en educación; 9.0% en salud y seguridad social; 5.5% se enfoca en la ciencia; 4.4% en humanidades y artes; 1.7% en la agricultura, y 0.7% en carreras de servicio.

La demanda que viene

Sin embargo, la demanda de empleos se inclinará a las áreas STEM, así como la manufactura y producción. Este cambio de paradigma laboral afectará sobre todo a las mujeres, pues de los estudiantes de 18 años que planean ingresar a estas carreras, sólo 8% son mujeres.

En México, de acuerdo con datos del Conacyt, 50.10% de la matrícula en carreras de ciencia son mujeres, sin embargo, sólo 36% está registrado en el Sistema Nacional de Investigadores.

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