De los poco más de 126 millones 14,000 mexicanos contados en el Censo de Población y Vivienda 2020 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en nuestro país se autorreconocen como indígenas 23.2 millones de personas de tres años o más, es decir, el 18.4% del total de la población.

De esos 23.2 millones de personas autoadscritas como indígenas, solamente son hablantes de alguna lengua indígena poco más de 7.5 millones, es decir el 32.3% entre las personas autoadscritas y el 5.9% del total de la población.

Estas cifras son cotejadas a partir de la presentación del Inegi la semana pasada sobre los resultados complementarios del censo 2020 en los que se amplió el panorama de etnicidad en nuestro país.

La proporción de la población hablante se ha mantenido sin descenso o incremento notorio durante la última década. No obstante, a lo largo de los censos del último siglo, si bien hubo un crecimiento de la población de habla indígena, este ha sido mínimo durante los últimos 70 años. Por el contrario, en comparación a la explosión demográfica a partir de la mitad del siglo XX a la fecha, la proporción de personas que hablan alguna lengua indígena ha ido perdiendo terreno.

En el censo de 1950 se contaba una población en el país de 25.8 millones de personas, de las cuales, 2.44 millones hablaban alguna lengua originaria, es decir, el 9.4% del total. Para el censo de 1960 la proporción decreció a 8.03%. Para 1990 la proporción llegó a 6.5% con 5.3 millones de personas hablantes de una lengua originaria y en 2000 fue de 6.2% con 6.04 millones de habitantes.

El interés por las lenguas es contradictorio

En ese contexto, la sociolingüista Dora Pellicer, profesora investigadora titular en Sociolingüística del Español de México en la División de Posgrados de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), conversó con integrantes del Mexican Studies Group del Graduate Center de la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY) a propósito de la presentación de su libro México diverso. Sus lenguas y sus hablantes.

En esta conversación, Pellicer hizo un amplio relato de la relación entre las lenguas indígenas y el español desde la época de la Colonia y hasta nuestros días. Reconoció que en la historia del país, en especial en el siglo XIX, ha habido una contradicción condenatoria: el pasado lingüístico fue tomado como monumento arqueológico. Si bien se demostró el interés por estudiar las lenguas indígenas no ha habido el interés fidedigno por sus hablantes.

“Después del Congreso de Pátzcuaro (en 1940), en que México tomó un lugar importante para la defensa de lenguas indígenas, lo que se buscó es enseñar a los pequeños párvulos, seguir trabajando la lengua indígena que hablaban en su casa, pero como una manera de ayudar a aprender el español. Es decir, la escuela bilingüe fue un instrumento que se consideró favorable para poder llegar al español. No se trataba de retomar su enseñanza para llevarla a un posible bilingüismo sino para pasar la balanza al monolingüismo en español”, lamentó.

Con este tipo de escuela, con esquemas aparentemente bilingües pero con la intención de desplazar las lenguas maternas de los pequeños estudiantes del siglo XX la balanza de los jóvenes bilingües comenzó a decantarse hacia el monolingüismo en español.

Pellicer urgió una visión de Estado para un “bilingüismo interno” cuyos efectos necesariamente deberán tomar varias generaciones.

“En México ahora el bilingüismo es hablar inglés o francés, es hablar una lengua extranjera. Pero hay que mover el interés a pensar en la posibilidad de lo que llamo bilingüismo interno. Y los años que me queden de vida voy a seguir insistiendo en este aspecto”.

La especialista ha documentado ejemplos de políticas pedagógicas, aunque todavía informales, en países como Francia y Alemania para denotar el contacto de los más pequeños con las lenguas indoeuropeas, las raíces de sus culturas, “pero la experiencia no se ha hecho con lenguas amerindias, porque sigue la discriminación, no hemos salido de la discriminación hacia lo indígena y con ella se incluye la lengua.

“Acaba de pasar en Los Pinos una reunión internacional sobre el mantenimiento de las lenguas; se hizo mención de las lenguas: ‘hay que revitalizar las lenguas’. Pero en ni uno solo de los programas, de las ponencias, se hizo mención de los hablantes. No se dan cuenta que la lengua deja de existir en el momento que no hay hablantes. Lo que necesitamos es revitalizar al hablante y la única manera es que el hispanohablante pueda dialogar con el indígena y esa es una posibilidad que no se ha planteado. Buscar el bilingüismo interno es una asignatura pendiente”, concluye la maestra Pellicer.

En México, algunas personas se reconocen indígenas, otros lo rechazan. Respecto de los hablantes de lenguas indígenas, lo que ha variado a favor es la proporción de personas autoadscritas, puesto que hace una década apenas el 13.4% de la población se autorreconocía como indígena frente al 18.4% del censo reciente del Inegi. Sin embargo, las cifras en detalle revelan que de los 7.5 millones de hablantes de alguna lengua indígena el 4.8% no se reconoce como indígena.

ricardo.quiroga@eleconomista.mx