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Arte e Ideas

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Las horas perdidas: Las dos paradojas

Nuestros medios de comunicación necesitan hacer un alto en el camino y reflexionar cómo van a invitarnos, seducirnos, persuadirnos de que su contenido vale la pena.

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Hace algunos años, el psicólogo social Barry Schwartz reflexionó en su libro La paradoja de la elección: porqué menos es más, sobre ese dilema de la sociedad moderna: enfrentado el individuo con demasiadas opciones, se paraliza. Si se topa en el supermercado con que debe elegir entre cincuenta tipos de mostaza, por ejemplo, la mayoría tenderá a irse sin comprar.

Su libro, por supuesto, va muchos más allá de esta simplificación, que si acaso tomo prestada para ilustrar uno de los cambios más radicales en la cultura mediática en la última generación. Empecemos por la televisión.

Hemos pasado de una generación que veía lo que hay, a una generación, que puede ver lo que quiere ver. De un modelo con un puñado de canales y un cambiador manual que nos obligaba a levantarnos del sillón; a uno con cientos de canales, un control remoto para zapear nuestra incapacidad para elegir, y finalmente a un tercero donde mediante un DVR podemos grabar lo que nos interesa y disfrutarlo cuando podamos.

Lo curioso del caso es que los medios parecen no haberse dado cuenta de este cambio. Piensan que la gente sigue viendo lo que hay, y en base a eso establecen su programación, conceptos y pautas publicitarias.

Hay mucho más al aire de lo que somos capaces de ver. La programación de uno de los paquetes básicos de Sky en un sólo día, suma más de 3,000 horas, y si quisiéramos verla toda, para romper un absurdo récord Guiness nos tomaría más de 100 días.

Pero no sólo consumimos televisión. Sumemos la radio, los periódicos y revistas, los demasiados libros que se editan y han editado, las redes sociales y el resto de contenido online, la música, y el cine, incluyendo todo su acervo histórico disponible en DVD o internet.

¿Quién tiene tiempo?

Kevin Kelly reflexiona en su blog The Technium (www.kk.org) sobre la Paradoja de la satisfacción . Nos pregunta qué pasaría si viviéramos en un mundo donde todo lo que te rodea fuera lo que quisieras y hubiera mucho. ¿Cómo seríamos capaces de elegir?

Para Kelly, conforme se vayan refinando los filtros, recomendaciones y elecciones que hacemos en Internet, será cada vez más posible que a través del conocimiento sumado de nuestros hábitos de consumo, compras, valoraciones, y me gustas marcados; y los que aportan para y sobre nosotros amigos, colegas y familiares; será cada vez más posible obtener una lista infalible de todo lo que nos va gustar. La crema de la crema.

Argumenta Kelly: Si lo que es perfecto para nosotros es uno en un millón, y el planeta tiene 6,000 millones de adultos que hicieran sólo una creación al año, en cualquiera de los campos mencionados; tendríamos 18 opciones perfectas para nosotros por día. Y no seríamos capaces de consumirlas o de soportarlo.

Si todo es perfecto, y da lo mismo lo que veamos, leamos o escuchemos, para qué elegir: no importa. ¿Qué verías, leerías, escucharías a continuación?

La paradoja, explica, es que la no elección puede resultar poco satisfactoria. Necesitamos hacer elecciones para continuar satisfechos. Incluso si ellas nos llevan a experiencias poco satisfactorias. Segunda paradoja: la satisfacción última puede ser insatisfactoria.

Aunque falta mucho para que todos los adultos compartan sus creaciones artísticas a escala global, es posible ver la abundancia de alternativas que tenemos hoy en día. Una vez filtrado lo que nos alcanza la vida para ver, oír o leer, ¿qué hacemos con todo lo que sobra?

Para Kelly, el futuro nos depara servicios de suscripción online, donde pagaremos a sitios como Amazon una renta mensual y tendremos acceso, por ejemplo, a todos los libros del mundo por una tarifa fija. Ya no pagaremos por trabajos individuales.

En lugar de ello le pagaremos a Amazon, Facebook, iTunes, Google, o quien surja la próxima semana, para que sugiera a qué le debemos poner atención. Estas tiendas mediáticas del futuro no nos venderán productos, sino sus recomendaciones, y esas recomendaciones costarán más que los propios productos, porque son más valiosas, particularmente si hay más opciones que vida.

Para Kelly, la nueva escasez no es de productos creativos sino de satisfacción, y debido a la paradoja, aún teniendo acceso a lo que nos debería satisfacer, la gente nunca estará satisfecha.

Mientras llegamos a ese escenario no tan utópico, nuestros medios de comunicación necesitan hacer un alto en el camino y reflexionar cómo van a invitarnos, seducirnos, persuadirnos de que su contenido vale la pena y debemos dedicar nuestro poco y precioso tiempo, esas horas perdidas, a verlos a ellos en lugar de otras miles opciones disponibles.

Si fueran capaces de entender que no tenemos que verlos ¿Cuál sería su programación, su cobertura informativa, su estrategia frente a la violencia, su línea editorial, su publicidad?

twitter @rgarciamainou

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