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Las horas perdidas: El mal olor y la estupidez
Es tiempo de seguir modernizando el Canal Once, mejorando la producción propia y ofreciendo una alternativa inteligente a los cientos de canales disponibles para el televidente hoy en día (como ha hecho Canal 22 desde que lo dirige Jorge Volpi).

Vivimos en un país sospechosista donde debajo de cada piedra se cuece una conspiración de la que vale recelar. Miramos con desconfianza hasta las buenas noticias. Y no porque la burra no haya nacido arisca, sino porque está en nuestra naturaleza, probablemente desde que llegaron, de allende el océano, unos señores con cuentas brillantes y estuvimos dispuestos a vender a la hija más bella ante la vista de tales maravillas.
El más reciente ejemplo es el ahora bienamado Canal Once. Nada más se da la noticia que el hasta ahora ignorado canal del politécnico (y lo digo sin ánimo de herir susceptibilidades) empieza a digitalizar su señal y ampliará su cobertura gracias a repetidoras proporcionadas por la secretaría de gobernación, y antes de aplaudir por la oportunidad de una televisora pública que lleve algo más que telenovelas, futbol y programas de variedades, muchos ven el negro en el arroz.
La cobertura se logrará a través de algo que se llama el OPMA (organismo promotor de medios audiovisuales), que básicamente subcontrata 25 frecuencias en ciudades donde el Once no llegaba (mas que a través de Sky) y comienza a transmitirlo ahí.
La comisión de radio y TV de la cámara de diputados, que ha probado ser estupenda legislando leyes en su materia, levanta el grito al cielo y exige una investigación. Supuestamente detrás de esta ampliación de señal hay un complot del gobierno para publicitar al PAN durante la próxima campaña electoral del 2012. Mejor aún: se pretende censurar la voz del pueblo mexicano a través de la Segob.
Es el momento perfecto para hacer una pausa y dejarnos ganar por la risa loca.
Evidentemente no hay un diputado en la citada comisión que haya sintonizado alguna vez Canal Once. Nuestros legisladores, y hay que decirlo, un puñado demasiado grande de intelectuales de pacotilla del llamado círculo rojo (si les queda el saco), siguen pensando que los medios de comunicación son una todopoderosa industria con un poder de lavar cerebros y voluntades (demasiados capítulos de Pinky y Cerebro).
Poco importa si las más serias investigaciones en medios de comunicación han probado justamente lo contrario. Los medios no son capaces de lavar mentes. Entre sus posibilidades sólo existe, crear la agenda de discusión, reforzar el pensamiento de convertidos (a favor o en contra) y afanarse inútilmente en persuadir a los indecisos.
Y aunque así fuera (hora de frotarse las manos y soltar una carcajada de supervillano), primero, los malvados políticos tendrían que lograr que la gente viera el canal. Y fuera de comprar los derechos de transmisión de la FEMEXFUT, conseguir eso en menos de dos años está más que complicado.
La censura tampoco es asunto de preocupación (seria) para el canal.
Vamos, lo más provocador que hasta ahora hace el Once es un aburrido y veterano programa de debate político que durante años se ha transmitido los lunes. Se trata de Primer plano, donde un grupo de intelectuales vestidos de negro, corroboran su propia inteligencia para criticar al gobierno y analizar las noticias diarias, mientras sus colegas los contemplan con cara de circunstancias y ganas de interrumpir para probar su elocuencia.
El resto de la programación del Once está conformada por insipidísimos noticieros (que hacen parecer a Lolita Ayala como Fox News). Programas de análisis bienintencionados pero sosos (Espiral). Repetición de seriales británicos y españoles. Cine francés y europeo. Caricaturas descoloridas. Programas de divulgación científica, cocina, discusión sexual y cultural y perfiles de cantantes folclóricos (El tímpano fue dedicado el domingo pasado a Paquita la del Barrio).
Su carta más fuerte son las brillantes series de televisión mexicanas (Bienes raíces, Soy tu fan), pero esas no van a convencer a nadie a votar por el PAN (o ningún otro partido, para el caso).
Detrás de la creencia boba en esas conspiraciones, están políticos que subestiman enormemente la inteligencia del pueblo mexicano (el león cree que todos son...), y buscan distraer la atención y perder tiempo para no discutir los temas verdaderamente importantes para México.
Enhorabuena para Canal Once, aunque su contrato con OPMA sea provisional, felicidades. Es tiempo de seguir modernizando el canal, mejorando la producción propia y ofreciendo una alternativa inteligente a los cientos de canales disponibles para el televidente hoy en día (como ha hecho Canal 22 desde que lo dirige Jorge Volpi). Lo demás, la verdad, son tonterías.
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