El bordado ha sido una actividad realizada casi exclusivamente por mujeres y fue incluida para mantenerlas ocupadas y alejadas de los libros. Actualmente, con el cambio de rol, muchas mujeres han dejado de lado esta laboriosa tarea por la falta de tiempo y porque nadie quiere verse identificada con una labor asociada a la sumisión. La exposición Mujeres invisibles de Ivonne Ortiz Saavedra busca redignificar el bordado no desde el punto de vista de dominación de género sino como una actividad artística a través de su uso en la plástica.

“Yo tengo la conciencia de que el arte es como un arma poderosa, que dice cosas, que refleja a la sociedad y que a la vez la mueve, con esa conciencia he estado trabajando en esta serie que retoma aquellas labores que no gozan de reconocimiento social ni económico en algunos casos”, platica en entrevista la autora de esta muestra a El Economista.

Para generar esta conciencia y crear un diálogo, Ivonne se enfoca en el trabajo doméstico, de las costureras y el de cuidados, como la enfermería. “Todas estas actividades que están bien hechas, pero no sabemos quién las hizo y que normalmente recaen en las mujeres”.

Esta parte de la exposición incluye siluetas de mujeres en hueco, para hacer énfasis en esta invisibilidad; a la vez, la autora trabajó con superficies y colores muy femeninos para destacar este rol que se ha impuesto a la mujer de ser dulce, buena y trabajar en casa. “Yo sé que puedo caer en lo bonito y se asimile como algo agradable; sin embargo, el trabajo es una crítica al establecimiento de roles, al dominio masculino que ha hecho que las mujeres estén confinadas en esos lugares, además de la falta de reconocimiento”.

“Creo que nunca es demasiado hablar de estos temas cuando todavía es muy común ver que hay mujeres que no se desarrollan profesionalmente porque están preocupadas por las labores del hogar, la obra es un planteamiento para discutirse y cuestionar los roles que nos han sido dados”, explicó.

Pero para Ivonne, pintora de profesión, esta exposición también fue un descubrimiento personal, al encontrar una fascinación por bordar y dibujar con la máquina de coser, actividades que en el pasado no había realizado.

“Fue agradable, divertido y muy gozoso el proceso. Incluso mis amigas pintoras me preguntaban por qué estaba bordando si puedo pintar, está como mal visto incluso entre mujeres; otro de mis deseos es mostrar que esto no es así, que podemos reconstruir o deconstruir aquella idea del bordado, incluirlo a la plástica para mí es darle otra perspectiva, con la que también puedes proponer y hacer resistencia”, dijo.

Incluso, esta actividad hoy se sabe que ayuda a hacer interconexiones cerebrales, a partir del trabajo manual y la motricidad fina, entonces, “a partir de que las mujeres tradicionalmente somos las que bordamos, también nos ayudó a desarrollar esta capacidad de hacer varias cosas y, aunque nos hayan querido tener relegadas como mujeres y mantenernos ocupadas, esto al contrario desarrolló mayores capacidades en nosotras principalmente”.

Esta exposición también cuenta con una serie de dibujos, que a la vez se trata de los bocetos de los cuadros, una serie de cianotipias que reflejan elementos de la costura y que están intervenidas con bordado, además de una serie de pectorales bordados, “regularmente estas prendas son una protección, por ello elegí hacer una protección mágica contra debilidades emocionales y psicológicas, es una protección a la que nosotros mismos le damos el poder, elegí algunos elementos que quería proteger, como el temor, desestabilidad emocional, depresión y busqué símbolos compatibles con mi idea de protección”.

La pieza que cierra esta exposición es “Tristán”, una escultura blanda del tamaño de un humano y que habla de cómo el juego, desde niños, determina nuestros roles de género: las niñas juegan con muñecas y los niños con los coches, “hoy vemos cambios importantes y “Tristán” es una manifestación de ello”.

Ivonne cuenta que es una figura que salió de manera muy intuitiva y con algunos conocimientos de escultura, sufrió varias modificaciones en su textura y se quería que estuviera basado en lo que es un hombre para ella “cuando estaba haciendo la cara, me pareció que era muy blanco, por lo que cambié otra vez y esto me llevó al lino. Mi fascinación fue trabajar en las manos y los pies, pero al llegar a los pectorales, me pareció que lo más importante era exponer el corazón, lo bordé y es uno de sus principales elementos”.

“Cuando fotografías a “Tristán”, parece que está vivo y que tiene personalidad, eso es por la manera en que trabajé sus ojos, cuando impacta la luz brilla. Lo que me gustaría con “Tristán” es exponerlo después y dar la posibilidad de que las mujeres experimenten y jugar con él y se puedan fotografiar, que hagan su elección y de eso conformar otra exposición”, explicó.

Ivonne concluye que es importante decir lo que nos gusta, pero sobre todo lo que no y esta exposición pretende abrir el diálogo para una sociedad que ha cambiado y merece mayor equidad.

Ésta es la última semana que se exhibe Mujeres invisibles en la galería V&S (eje 4 sur Xola N. 1662 col. Narvarte) y estará abierta todos los días de 10:00 a 5:30 pm, la entrada es gratuita.

nelly.toche@eleconomista.mx