La música popular —particularmente el rock y el pop— ha sido objeto de estudio desde su aparición. Tomando las tradiciones de Estados Unidos y el Reino Unido, la música hecha para los jóvenes a partir de la segunda mitad del siglo XX representa un área de obsesión y devoción para muchos. 

Estos géneros han ayudado a construir mitos fundacionales como la primera aparición de The Beatles en el show de Ed Sullivan; los legendarios festivales como Woodstock, Altamont, Avándaro, o la primera tocada de los Sex Pistols en el Manchester Lesser Free Trade Hall. 

En México, la historia del rock ha sido abordada con reserva y de manera esporádica. El artista conocido como Sr. González concibe el libro 60 años del Rock mexicano (Ediciones B, 2018) como una gran crónica musical y no como una enciclopedia. 

A lo largo de dos tomos recientemente publicados, Sr. González, cuyo nombre de pila es Rafael González, hace un recorrido por la historia del género en México y examina los cambios estéticos que ocurrieron en la música. 

De Los Locos del Ritmo a las Insólitas Imágenes de Aurora

El primer volumen abarca el periodo de 1956-1979 donde figuran personajes como Enrique Guzmán, Johnny Laboriel, Javier de la Cueva y aquella generación que surgió durante la primera oleada que buscó hacer su apropiación cultural del género. 

Hacia finales de los sesenta, con la aparición de la Movida Chicana, llega un camada de bandas influenciada por grupos estadounidenses como Blood, Sweat & Tears, Electric Flag y cuya influencia se muestra en grupos como Peace & Love, Los Dug Dugs o el Love Army. En ese periodo puede verse la misma maduración del género que llevó a la consolidación de figuras como el Three Souls in My Mind de Alejandro Lora. 

“En un principio sí se vio como algo que había que imitar, pero eso cambió y pasó de verse como una cultura de imitación o de intérpretes a ser una cultura propia que generó y creó una obra propia”, dijo el Sr. González, entrevistado un mediodía de septiembre en Coyoacán.

La intersección entre esta música juvenil y aparentemente efímera retrata un punto crucial en la historia de México donde ocurrieron acontecimientos como la masacre del 2 de octubre, el Halconazo de 1971 o el Festival de Rock y Ruedas de Avándaro —organizado por el productor de Televisa, Luis de Llano. El cambio que ocurre en la década de los setenta con la prohibición del rock, una época oscurantista donde mucho de lo que pasaba en la escena rockera se concentraba en los hoyos funky de las periferias urbanas. 

El segundo volumen de 60 años del Rock mexicano se concentra en la explosión musical que ocurrió en México durante los años ochenta, que se da con la aparición de grupos como Botellita de Jérez, Maldita Vecindad, Las Insólitas Imágenes de Aurora —que se convertirían en Caifanes— y la llegada del “Rock en tu idioma”. Uno de los aspectos más interesantes del libro es que ayuda a mostrar las transformaciones sociales que ocurrieron paralelamente con estos fenómenos musicales, y que a finales de los ochenta “te habla de un México que empezaba a tener muchos cambios”, de acuerdo con el autor.

Memoria histórica del rock mexicano

Para Rafael González, uno de los impulsos para escribir este libro es tratar de hacer un recuento cronológico de lo que han sido los primeros 60 años del rock mexicano y ayudar a hacer menos dispersa la documentación del género en México.

Pero ésta fue una ardua labor de casi cuatro años donde González dividió su tiempo de tocar con la H.H. Botellita de Jerez —banda a la que ha pertenecido en periodos intermitentes desde 1988. “El resto del tiempo era estar frente a la computadora, leyendo, escribiendo o investigando. Mi mujer hasta me dice ‘No tuve marido durante cuatro años’”, relató a El Economista en un café del centro de Coyoacán. 

En este barrio, González rememora algunos de los foros míticos como La Rocola, El Hijo del Cuervo o la librería Gandhi de Miguel Ángel de Quevedo, que estuvieron durante los ochenta, o el desparecido café Los Geranios “que el hijo del dueño fundó la banda Pedro y las Tortugas. “Parte de lo interesante de este trabajo es ver las conexiones ocultas de unos con otros. Resulta siendo una gran tribu”, dijo el Sr. González. 

Rafael menciona libros como El otro rock mexicano, de David Cortés; La música de acá. Crónicas de la Guadalajara que suena, de Alfredo Sánchez y editado por la Universidad de Guadalajara (UDG), o Sirenas al ataque. Historia de las rockeras, de Tere Estrada, que han ayudado a documentar el rock mexicano y lo han abordado desde distintas ópticas pero o se “va sobre el progresivo y el rock en oposición” o “es sobre una escena muy local”.  

El músico y percusionista asegura que una parte de la historia del rock mexicano la vivió como fan y la otra ha sido como parte de la escena musical. En sus más de tres décadas de carrera, el Sr. González ha colaborado con artistas como Botellita de Jerez, Tex Tex, Café Tacuba, Fratta, Julieta Venegas y con sus distintos proyectos independientes. Y aunque ha sido protagonista en algunas ocasiones de ciertos sucesos en esta historia del rock, trata siempre de ser lo más objetivo e imparcial posible. 

Más allá de crear una versión romántica y mitificada del rock en México, González también hace una labor por recuperar a figuras que tal vez nunca alcanzaron un reconocimiento masivo, pero son axiomas musicales que conectan esta historia. Este libro es sólo un primer paso al que todavía le faltan huecos por cubrir. El tercer volumen, según contó el autor, abarcará de 1990 hasta el 2006.

En la imaginación de González todavía falta una ficha más por agregar a esta historia del rock. En este momento dos amigos que se conocen en el colegio, descubren que tienen los mismos gustos musicales y deciden formar una banda. Invitan a su vecino y otro amigo que tiene ese elemento faltante a su sonido. Y en algún garaje de algún rincón de este país hay una banda que está empezando a construir su propia leyenda y su propia contribución a la historia del rock mexicano. Nuestra banda podría ser tu vida. 

[email protected]