Se sabe que la movilidad intergeneracional para nuestro país es baja, es decir, en México los resultados socioeconómicos y el progreso de las personas dependen más de las condiciones de origen que del mérito o esfuerzo que se tenga.

En este sentido, “se ha escuchado decir que estudiar no es garantía de éxito, hay un desaliento al estudio o hacia progresar hacia los niveles educativos más avanzados, pues al final del día no genera los retornos esperados, lo cierto es que los hallazgos sugieren que la baja movilidad social intergeneracional no es un problema per se de la educación, sino que más bien existen ventajas o desventajas que se transmiten de manera intergeneracional de padres a hijos y estos inciden en el logro educativo de los mismos”, así lo explica David Salomón Aké Uitz, ganador del premio de Economía Joaquín Xirau Icaza  2019.

El recientemente graduado participó con su tesis de doctorado Educación y movilidad social integracional en México, con esta investigación que consta de tres artículos, se demuestra que los datos no descartan a la educación como una ruta de movilidad social, sino que sugieren reorientar la política educativa para garantizar mayores oportunidades y que personas de estratos socioeconómicos más bajos puedan competir por ese retorno potencial que se ofrece en los niveles educativos más avanzados.

El investigador de 29 años confirmó en entrevista que las intervenciones tempranas también son relevantes “desarrollar habilidades blandas y socioemocionales a la par de cognitivas, sobre todo en niveles básicos, se presenta como una ventana de oportunidad para la política educativa”.

Primero, se dedicó a entender cómo es que, si bien es cierto, la educación genera un retorno privado positivo, en promedio la gente educada tiene mayores salarios. Se encontró que el suelo educativo suele estar constreñido y siguen siendo las personas con mayores ventajas socioeconómicas las que logran escalar hasta aquellos niveles educativos por los cuales se esperaría un mayor retorno, que es el caso de la universidad.

Posteriormente el investigador se preguntó qué mecanismos se transmiten de padres a hijos y que inciden en la determinación del logro escolar, centró su atención en analizar no solamente cuál es el papel que juega la propia educación de los padres y la riqueza de lugar de origen, sino dos componentes adicionales como las habilidades cognitivas y socioemocionales que de alguna manera también se heredan no solo por un componente genético, también influye la epigenética y lo ambiental.

“Así como es importante la riqueza y la educación, también las habilidades socioemocionales y cognitivas son importantes en la determinación del logro escolar”.  

Después analizó el papel que juegan las instituciones de educación superior en esta intermediación, “lo que encuentro es que personas que nacen en estratos socioeconómicos con mayores desventajas tienen una mayor proclividad en concentrarse en instituciones que ofrecen una expectativa salarial, cuando egresan, más baja, como en escuelas normales, en contraste, personas con estratos socioeconómicos más altos suelen concentrarse en instituciones como el Tec de Monyterrey o la UNAM y eventualmente al egresar las expectativas de pertenecer a un quintil de riqueza son más elevados”. Esto sugiere que la calidad educativa en las instituciones de educación superior sí importa.

La última pregunta a responder fue: ¿si la gente no va a la educación superior es porque simplemente no hay escuelas?, sobre el punto,  la respuesta fue que se ha buscado construir más espacios educativos para impulsar esta asistencia escolar hacia los niveles educativos más altos. Pero ¿qué tanto la expansión de escuelas que se da entre 1993 y 2005 tuvo un efecto significativo?, la respuesta en este trabajo, es que no hubo impacto, lo que sugiere que al final del día quienes se apropiaron de estos espacios, fueron las personas con las peores ventajas educativas y ambiente socioeconómico de inicio.

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