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Arte e Ideas

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La cumbia sigue siendo la reina

La inauguración del 38 Festival Internacional Cervantino fue un muestrario pequeño pero muy disfrutable de la enorme riqueza de la música popular latinoamericana, en particular la de Argentina, Colombia y Chile.

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Hace apenas unos días, Wynton Marsalis dijo que "no debemos de faltarle el respeto a la música de cada región llamándola 'latina’ pues cada una es diferente y especial".

Como para dar razón a sus palabras, la inauguración del 38 Festival Internacional Cervantino fue un muestrario pequeño pero muy disfrutable de la enorme riqueza de la música popular latinoamericana, en particular la de Argentina, Colombia y Chile.

Inició el Ballet Folclórico Nacional de Chile (Bafona, lo llaman) con las coreografías Arauco e Isla de Pascua . La música, con el grupo en vivo, tenía una fuerte presencia del charango pero el baile por momentos recordaba más a la Polinesia o las islas hawaianas que a América Latina.

Una proporción no muy grande del público presente en la Alhóndiga de Granaditas, compuesto por muchísimos jóvenes, acompañó al menos moviendo los labios a las cantantes solistas del Bafona con las canciones Volver a los 17 y Gracias a la vida , de Violeta Parra. Pero aún los que no se la sabían parecían conmovidos con las magníficas voces de las cantantes.

El regreso de los bailarines fue con Huasos , una suerte de popurrí de danzas de la región central campesina de Chile que, musicalmente, tiene muchos nexos con buena parte de la música popular mexicana, con sus ritmos un tanto valseados o ternarios (en ¾ o 6/8, para los que saben un poco de notación musical).

En el otro extremo del espectro, con bailarines más precisos y acrobáticos y vestuarios cosmopolitas y urbanos, la agrupación argentina Tangokinesis bailó, claro, tangos y milongas. Pero también dio su visión modernista de los ritmos ternarios y valseados.

Su presentación fue un recorrido musical desde los años 20 hasta una peculiar forma de bailar el tango como autómatas. Magnífico.

Entre hermanos

Los favoritismos entre hermanos no siempre son bien vistos pero son imposibles de ocultar. Los Reyes Vallenatos, de Colombia, no son conocidos en México, no traían bailarines y, así todo, fueron recibidos con una ovación.

El vallenato es en este momento la música emblemática de Colombia , dijeron.

Sin embargo, el público no bailó, como sería de esperar. Ni siquiera con el merengue, aunque hay que señalar que en Colombia este nombre se aplica a un ritmo ternario (al que ya está muy difícil llamar valseado) y no a uno binario como el merengue dominicano que popularizó Juan Luis Guerra.

El público no se mueve ni para quitarse el frío estaba apuntando este reportero, cuando llegó la cumbia.

Y ahí sí, todos a bailar. Incluidos los grupos chileno y argentino, cuyos bailarines y músicos salieron a escena, bailaron dos canciones y no se quedaron quietos en los cuatro encores a los que, ya con el terreno preparado por la cumbia, regresaron los vallenatos.

Al final, los fuegos artificiales, si bien resultaron vistosos, fueron un pálido reflejo de la explosión de brillantez multicolorida que acabábamos de escuchar.

El Cervantino comenzó en grande, contento, bailando.

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